Capítulo 22 El perdón.

Elena

Emir siguió jugando conmigo, cada vez más descaradamente, sin freno ni recato. Ya no eran solo besos, sus caricias se volvieron más audaces, más urgentes, tanto así que pude percibir claramente su deseo a través de la tela de su pantalón. Me estrechó contra sí con tanta fuerza que solté un gr...

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