Capítulo 30 Una deuda que saldar.

Emir

No me detuve a escuchar más, ni a exigir una explicación a aquellas palabras que aún vibraban en el aire, afiladas como cuchillas. Allá abajo mis hombres ya esperaban, y el tiempo, ese recurso que siempre se nos escapa entre los dedos, apretaba el paso con crueldad.

Además, Margarita se equiv...

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