Capítulo 31 Promesas de sangre.

Onur:

El silencio en la estancia era denso, pesado como el plomo, roto únicamente por el zumbido lejano de la ciudad y el tintineo helado del cristal contra la mesa. Lo miré fijamente, sin moverme un milímetro de mi sitio, con la voz fría y distante, cortante como el acero.

—A esta hora, el cargam...

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