Capítulo 35 La promesa de no soltarlo.

Elena

Tenía una misión tan clara como el destino que me había atado a él, no separarme de Emir ni un solo instante, sin importar el precio que debiera pagar por ello. Convertí su sillón, amplio y mullido, en mi lecho improvisado, dispuesta a permanecer alerta ante cualquier señal, cualquier suspiro...

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