Capítulo 36 El juego que salio muy caro.

Elena

Esa noche me quedé a su lado sin soltar su mano ni un solo instante. Mi rostro descansaba en el pequeño hueco entre la cama y su brazo, atenta a cada respiración, a cada murmullo, a cada mínimo movimiento suyo, como si solo con mi presencia pudiera mantenerlo aquí.

—Elena, ya es de día. Ve a...

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