Capítulo 230

Cuando estamos profundamente en el bosque, Caleb deja de correr. Girándose hacia mí, me empuja suavemente hacia la sombra de un árbol. Agachándose, agarra puñados de barro y, al levantarse nuevamente, comienza a cubrir mis brazos con el lodo.

—¿Caleb? —pregunto.

—Para disfrazar tu olor —me dice—. ...

Inicia sesión y continúa leyendo