Capítulo 2 Prologo Continuación

AARÓN CONNOR.

Estoy tan enfadado, que no puedo evitar golpear el colchón con los recuerdos de aquel momento. No puedo creer como mi vida ha cambiado desde que decidí salvar a esa pequeña de ahogarse, de ese aroma dulzón. El consejo me impondría todo, lo que haría y hasta con quién me debo casar, pero en mis planes definitivamente no estaba que Violet, fuera una mestiza.

Eso, simplemente mancillar el linaje de los Connor.

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Voy caminando tranquilamente, hasta que un grito infantil llama mi atención y corro buscando la fuente de dicha pedida de auxilio, en ese momento veo un pequeño cuerpo ser arrastrado por la fuerte corriente del río. Sin pensarlo dos veces, me sumerjo al agua para rescatar al pequeño.

— ¡Resiste, te ayudaré a salir! — solo logro escuchar los sollozos del pequeño, debe sentir mucho miedo.

Con esfuerzo, consigo llegar cerca y poco a poco lo llevo a la superficie sacandolo de las aguas heladas. Parece estar desmayado, así que lo coloco lejos de las aguas frías e intento despertarlo, pero nada, simplemente no reacciona y parece que nada va a funcionar. Así que en un rápido movimiento me inclino para darle respiración de boca a boca. En ese momento, comienza a recuperar la conciencia y un par de ojos ambarinos muy brillantes me dejan ver las lágrimas acumuladas.

Me observa con asombro, como si no pudiera creer que estuviera vivo en este momento. Aún así, no puedo negar que al ver esos ojos, siento una extraña corriente eléctrica por todo mi cuerpo, haciendo que mi lobo interno se descontrole extasiado ante la dulce fragancia que emana de su pequeño y frágil cuerpo, debajo del mío.

— G-gracias por salvarme… — titubea en un pequeño hilo de voz, y sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas. Entonces se abalanza sobre mí con los brazos abiertos sin siquiera pensarlo — ¡Tenía mucho miedo, creí por un momento que moriría!

Conscientemente correspondo a cierto contacto. Y mi ceño se frunce por la confusión que siento en este momento.

— Oye niño, ¿me dices cuál es tú nombre? — pregunto y aparto su cuerpo del mío, viéndolo a los ojos.

— No soy un niño — dice entre pequeños hipidos viendo cómo se sonroja y nuestros ojos no han dejado de mirarse. Ahora me siento como un estupido, y totalmente confundido — Mi nombre es Violet, soy una niña.

— Violet — saboreo el nombre de la pequeña castaña frente a mí — Entonces, eres una niña, una muy tonta. ¿Si lo sabías?

— Lo sé, es que yo…

— ¿Cómo se te ha ocurrido meterte en ese río con la corriente tan fuerte? — averiguo — Ha podido pasarte algo, si no hubiera estado por allí…

Repentinamente me callo de golpe al sentir como ella vuelve a aferrarse a mi cuerpo con todas sus fuerzas. Sé que tiene mucho miedo, no es para menos luego de la caída que ha sufrido. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, no me gusta escucharla llorar, eso sumado a que ese aroma tan dulce me hace sentir completamente diferente una vez más.

Sin pensarlo nuevamente, correspondo a ese abrazo y no la suelo. es como si quisiera que se quedara entre mis brazos para sentir el ferviente deseo de querer protegerla para siempre. En ese momento recuerdo las palabras de la abuela Genna: <Cuándo sientas que todos tus sentidos llegan a un límite, y tú corazón quiere salirse de tu pecho desbocado al percibir esa única fragancia, es cuando sabrás que has encontrado a tu loba, Aarón›

En ese momento es que comprendo las palabras de mi abuela, solo que ahora todo es tan diferente, no soy tan pequeño, y entiendo que ella es mi pequeña loba, no hay duda de eso. La pequeña que está abrazándome con fuerza, me mira y me quedo completamente estático, no sé qué hacer, ni tampoco cómo reaccionar para no asustarla. Ahora los recuerdos de aquella conversación con la abuela, llenan mi mente.

— Te prohíbo que vuelvas a hacer una tontería como esa, Violet — la reprendo con firmeza — De ahora en adelante, yo seré quien cuide de ti — exijo con seriedad.

— ¿Tú cuidarás de mí? — pregunta confundida ante mis palabras. Asiento poniendome de pie y pidiéndole que me de su mano.

— Si, de ahora en adelante seré quien te cuide de todos, y cuando sea el líder de la manada, tu serás mi loba — me mira con esos bonitos ojos brillantes, ahora no solo por la lágrimas, sino por algo más que no logro descifrar — Así que no quiero verte con otro chico que no sea yo — ve la seriedad en mis palabras, ya que se queda completamente callada.

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— Sé que soy un hijo de perra al torturarte — gruño — También, se cuanto mereces ser felíz, pero la sola idea de que alguien más te ponga un dedo encima, me vuelve completamente loco Violet, y quisiera asesinarlos a todos — me peino el cabello hacía atrás — No me importa cuanto me odies, no dejaré que nadie pose sus ojos en ti. Eres completamente mía Violet Swan, lo has sido desde aquel momento que te salve de ahogarte y te guste o no, jamás podrás cambiarlo de pastelito.

Me miro frente al espejo y aunque me siento un completo hijo de puta, pero es el precio que tendrá que pagar. No he puesto las reglas, así son las cosas y su destino es estar a mi lado.

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