Capítulo 131 CXXXI

Sus ojos, fijos en la cama donde su ama aguardaba, brillaban con una furia hambrienta, implorando en su fuero interno ser él quien despojara a la reina de su pálida vestidura y bebiera el jugo vital de su cuerpo.  

Nadie pronunció palabra alguna esa noche. El silencio era absoluto, roto únicamente ...

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