
Las Joyas de Sangre
Daime · En curso · 160.8k Palabras
Introducción
Capítulo 1
En la antigua Rumania, tierra donde había nacido la leyenda del temido y respetado Drácula, un barco mercante cruzaba las aguas inquietas del Mar Negro con rumbo a la gran Inglaterra. Un viaje que tardaba meses dependiendo del humor caprichoso de las aguas. Dentro del navío comercial, había cajas puestas ordenadas de acuerdo a las ordenanzas del noble caballero. Las maderas debían de llevar tierra del hogar para que no se sintiese debilitado el huésped. El aroma húmedo de la turba impregnaba el ambiente, mientras que los gusanos se removían felices en la frescura del polvo oscuro.
Afuera las olas del mar eran endurecedoras y las personas poco a poco comenzaron a desaparecer uno por unos. Lo que menos reinaba era el silencio, pero la calma se debía de mantener. Los humanos eran demasiados ansiosos para tener que soportar las calamidades que estaban padeciendo, pero el huésped necesitaba ser alimentado con sangre fresca.
—¿Qué haremos?-el desgarrado grito de una mujer se escuchaba aún en la tormenta-¡El monstruo nos matará a todos!, ¡Los alimentos están escaseando y en las noches nos atormenta con su presencia!.-
Incluso si en el día había personas que buscaban por todo el barco, no había forma de hallarle. Se escabullía en cada sombra, mimetizándose con ellas en su derredor. Él era la sombra.
En cuanto el barco llegó a las costas de Inglaterra, en una adormecedora y siniestra noche. Nadie había para recibir el flotante, pero los pocos humanos que aún servían fielmente transportaron las cajas y al huésped hacia un lugar en donde habitaban huesos viejos y memorias olvidadas. Un lugar lleno de oscuridad y dolor para los vivos. En su lápida estaba escrito Crad Duvall.
—Mi señor, es hora de despertar— un humano se reverenció a los pies de la tumba-
Los ojos rojos del conde se abrieron lentamente, y su piel pálida tomó vida cuando inhaló el dulce olor de la sangre de la ciudad.
—He tocado las estrellas— una risa malévola se expresó en sus labios-
Recorrió los sitios de placer, donde seleccionó sus concubinas para que cuidasen de su corazón. Sin embargo, no había forma de satisfacer sus fríos sentimientos, si bien su carne era alimentada por ellos. Se seguía sintiendo vacío.
Una tarde, mientras salía de paseo en conjunto sus mujeres. Un carruaje ornamentado avanzaba por la principal avenida. Trasportaba a la princesa consorte del príncipe heredero, una mujer de ojos peligrosos. Sus cabellos rubios trenzados, preciosamente, se agitaban ante el traqueteo del carro. Los gritos de felicidad del pueblo, acompañaban la festividad. Aun así, la princesa ceñía sus cejas, como si la felicidad ajena le apuñalara sus entrañas.
—Hermosa— susurró el noble-
El sonido llegó hasta los oídos de la bella princesa, que tan solo un segundo fue capaz de clavar sus marrones ojos en él. Vlad sintió un frío, recorrer toda su médula espinal. Había algo en esa mirada, vio en sí maldad furtiva que le pareció la sensación más tierna que había contemplado.
El carro llegó hasta la entrada del castillo, resplandeciente de oro y diamantes que nunca antes había visto. Espléndido era una forma corta de pronunciar la descripción visual. Los guantes blancos de un hombre interceptó sus manos cubiertas de una tela suavemente rosadas.
—Sea bienvenida, mi princesa— un joven de rostro adorable le sonreía— Le saluda Thomas Spinghter, su prometido-
La joven sonrió avergonzada, aun sosteniendo las manos de su prometido.
—Me presento, su majestad, Catherine de Luxiner. Me anuncio ante usted como su prometida-
Con sus brazos entrelazados le guio hasta la presencia de la reina, debido a que el rey había muerto por una herida de combate. La espléndida mujer entrada en años, mantenía una actitud seria, tal vez asquienta por la dulce presencia de la joven señorita.
—Madre, te presento a mi prometida. Catherine de Luxiner, espero que disfrutes de tu hija— el aura de bondad era resplandeciente en él-
—Deseo hablar con ella a solas— la tajante respuesta incomodó a la sala-
El príncipe palmeo las manos de la joven, dándole su apoyo ante la monarca. Cuando la sala se vació, la reina se acercó con elegancia hacia la altura de la mujer. La estatura de la monarca sobresalía de la joven, demostrando confianza en su caminar.
—Realmente no deseaba tenerte en estas tierras. Tu rostro me hace acordar demasiado a tu madre. Solo espero que mueras pronto— se acercó al oído de ella susurrando— Como yo lo hice con tu sucia madre-
Al finalizar, subió a su trono, en donde su risa se escuchaba hasta las puertas de la entrada. Con su orgullo por los suelos, contuvo sus lágrimas. Aun cuando las sonrisas de príncipe trataban de desviar su atención. Un matrimonio arreglado por su hermano, que deseaba obtener el apoyo absoluto de Inglaterra. Y como no, la mujer más fuerte del continente, con su único hijo dispuestos a ceder un poco de poder a cambio de una princesa.
—Princesa, si desea podemos dar un paseo— una de sus doncellas había preparado una canasta con quesillo y pasteles y un poco de té francés— He preparado todo para que disfrute su estadía— la simpática niña motivaba a la joven a avanzar poco a poco-
—Creo que he estado un poco tensionada, aceptaré tu invitación. ¿Me podrías decir tu nombre?— dijo mientras se levantaba de su escritorio-
—Bler, mi princesa-
Ambas caminaron hasta un jardín de flores blancas, el cual ella siempre había odiado. El blanco hablaba de pureza, el cual ella sabía que su interior no lo era.
Mientras se sentaban en una de las mesas decoradas con la plata más pura, y el brillo de perlas del océano. Un grupo de niños aparecieron jugando con una pelota casi redonda, sin intensión alguna saltó manchando la exquisita tela que provenía de Asia. La joven soltó una pequeña risa, había intentado estar impecable, pero aun así su vestido fue manchado por unos traviesos niños.
—Lamentamos mi lady haber arruinado su vestido— uno niño sudoroso intentaba hablar ante el cansancio mostrando respeto—
Un grupo de soldados que pasaba vio la situación, interpretando todo mal, debido a como la joven sonreía.
—Señorita, usted es mayor, no creo que deba de intimidar a los niños solo por machar su vestimenta— un joven soldado tomó al niño para protegerlo-
—Creo que usted está equivocado soldado. El joven niño puede explicarlo, y esta señorita es la princesa Catherine de Luxiner— la criada defendía a la princesa, quien injustamente fue acusada-
El soldado se sintió avergonzado cuando el niño explicó los hechos. Se sentía avergonzado de acusar a una inocente mujer que solamente estaba disfrutando de las exquisiteces de los ingleses. Con un poco de ayuda, decidió buscar información que tuviese relación con ella, le parecía que sus ojos eran tristes. Sentía la necesidad de cuidarla.
—Guardián de la justicia— un erudito de la corte se burlaba-
—Señor John, sabe cuanto odio ese apodo— puso sus ojos en blanco al recibir los archivos-
Al caer la luz ya había finalizados sus servicios, por lo que podía dedicar su ocio a extraer lo importante de la joven. Había visto muchas miserias, y entre ellas Catherine había resurgido como el ave fénix, de las cenizas que habría dejado las personas de su entorno. Incluyendo a monarca actual de Inglaterra. La pena le conmovió el corazón, era demasiado para ella, incluyendo la soledad que le amonestaba.
Esa noche, dos humanos pensaban en la joven Catherine, pero un vampiro aprovechaba su sombra para acercarse a su presencia. Quién diría que la princesa, con su primera aparición, cautivaba a simples hombres.
—Catherine— susurraba el vampiro desde la sombra— Oh, Catherine-
La joven se movía desde los extremos de su acolchado lecho. En su mente sentía como un joven sin rostro, le llevaba a conocer lugares que nunca había conocido. Oscuro, húmedo, con seres que tampoco había visto. Sobreexcitada de sus sueños, se incorporó, buscando a su sirviente.
—Bler— llamaba una y otra vez-
Sin embargo, Bler no venía. Cuando finalmente se incorporó, sintió un líquido tibio bajo sus pies. Pegajoso y cálido, como pudo, salió corriendo al pasillo, en donde los soldados que custodiaban las puertas la vieron envuelta en sangre debido a que había caído en intentos de abandonar la habitación. Como pudieron llevaron a la princesa que aún temblaba hasta el palacio del príncipe, el lugar más seguro para un monarca.
—¡Quiero que busquen al asesino, no se tendrá compasión de aquel que hizo sufrir a la princesa!— gritaba para que todos los soldados fuesen consientes de la orden-
En su baño privado, Catherine, disfrutaba de un baño caliente eliminando cualquier rastro de sangre. Sus lágrimas evidenciaban el dolor que sostenía al ver que muchas personas deseaban verle muerta y como los inocentes debían de pagar por su debilidad.
Thomas se acercó, conmovido por todo lo sucedido.
—Princesa, duerma en mis aposentos. Usted puede tomar mi cama, yo dormiré en mi sillón— se acercó y sobó sus hombros— Lamento que pases un mal día en tu llegada, prometo que te protegeré con mi vida si es necesario. Nada malo te tocará de nuevo, lo prometo— tomó sus desnudas manos y las besó con ternura-
Y en algún lugar, oculto entre sombras y deseo, Vlad sonreía, limpiando los últimos rastros de sangre en sus labios.
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