Capítulo 24 XXIV

Los golpes de la respiración de Dravenhild no eran humanos; eran el fuelle de una fragua antigua, rítmicos, pesados y cargados de una locura latente que se estrujaba contra los labios de su mujer. Él era un espécimen de virilidad salvaje, un danés cuya belleza resultaba insultante frente a la fealda...

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