Capítulo 35 XXXV

Mientras el sol ascendía con una indiferencia cruel sobre el horizonte de Northumbria, sus rayos comenzaron a abrazar, con un calor que parecía un insulto, los cuerpos gélidos y desarticulados que Dravenhild había desechado tras su infame cena real. El amanecer no traía purificación, sino que ilumin...

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