Capítulo 48 XLVIII

El Conde Vlad observó una vez más el frágil cuerpo de su amada, una visión de porcelana agrietada que desprendía un excitante y punzante aroma a sangre fresca. Para sus sentidos sobrehumanos, aquel efluvio no era una señal de alarma, sino un perfume embriagador, una invitación carnal que nacía de la...

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