CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y CUATRO

DAMIEN

Nunca pensé que la Navidad pudiera ser así.

La última que se sintió de verdad… perfecta, de esas que se te quedan clavadas en el pecho como un fuego cálido, había sido cuando era niño. Cuando mis verdaderos padres todavía estaban. Antes del incendio...

No me di cuenta de cuánto había olvidad...

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