CAPÍTULO CIENTO CUARENTA Y UNO

DAMIEN

Ella nunca fue para mí.

Lo supe en el instante en que la miré, como ver la luz del sol derramarse sobre algo roto.

Ella le pertenecía a los ángeles, a un mundo intacto, no tocado por la mugre que me corre por las venas.

Pero yo…

Yo fui egoísta.

Vi cómo su luz se derramaba en mi oscuridad, y ...

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