Capítulo 32 Capítulo 33

El café fue en silencio.

Sergio sentado frente a mí con cara de perro apaleado, removiendo una taza que no se llevaba a la boca, esperando a que yo hablara primero. Y yo dejándolo esperar, porque se lo merecía: cada segundo de incomodidad era un centavo de la deuda que me debía por lo de anoche...

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