Capítulo 6 Capítulo 4
—Tenemos que conseguir un auto para llegar al hotel —anuncio, agarrando por fin las maletas.
Mientras caminábamos a la salida me puse a buscar el celular en mi bolso —cuando llegue, voy a tener que tirar toda la basura que tengo aquí dentro—; estoy llena de papeles y cosas sin valor, esto es la caja de pandora. Para mi suerte, se me caen las llaves; me paró en seco y retrocedo... PUM, me llevo puesto de lleno a un hombre. Para variar, se me cae el bolso, haciendo que todo lo que estaba dentro se desparramase en el suelo. Mierda.
—Perdón —me disculpo con el hombre que había atropellado, mientras me agacho a levantar mis cosas sin siquiera mirarlo, ya que estaba rojísima por haberlo increpado tan brutalmente—. Mierda, mierda, mierda —refunfuño levantando mi Tablet, que se le había rajado la pantalla. Qué suerte la mía.
Creo que bajé del avión con el pie izquierdo.
El hombre me alcanza los papeles del hotel, que también estaban desparramados en el suelo, y es ahí cuando levanto la mirada y lo veo por primera vez. Creo que morí muerta; no podía moverme, ¡qué hombre! Alto, rubio, ojos azules e intensos, mandíbula cuadrada. Ay, esos hombros grandes, ese pecho. Escucho que se aclara la garganta y es entonces cuando vuelvo a la vida, le acepto los papeles del hotel que me extendía con su mano; su mano grande, esos dedos largos. Dejo de desvariar y lo miro de nuevo. ¿Está sonriendo? ¿De qué se ríe? ¿De que se me rompió mi Tablet? ¿De que se me cayó todo lo del bolso, o de que me quedé muda? Creo que la tercera, que idiota soy.
—Disculpa... Eh, Sorry —hablo casi susurrando.
Él no dice absolutamente nada, solo me ve con una media sonrisa, manteniendo sus ojos fijos en los míos, escrutándome con ellos, cosa que provocó que mi cuerpo sienta un calor repentino.
Tengo que moverme e irme, me hace sentir desnuda viéndome de esa manera.
Me doy la vuelta con todo en mano y busco a Sole, que ya estaba en la fila para el alquiler del auto.
—¿Quién era ese rubio sexy? —A esta mujer no se le escapa nada.
—Se me cayó el bolso y lo choqué sin querer —respondo sin mirarla, todavía arreglando un poco el desastre de mi cartera.
—¿Lo chocaste? Así que sabes si está durito; parece que sí lo está. —Empieza la entrevista, clavándole los ojos.
—Ya Sole, no lo toqué. Por favor, que ya se me está yendo el humor a la mierda —espeto, frunciendo el ceño.
—Que no lo tocaste... ¿Tu, Lina Rinaldi, que no hay bombonazo que se te escape? No te creo nada —declara, negándose a creerme. Hacía bien, porque no solo lo toqué, sino que le saqué una radiografía con la mirada; pero ella no tenía por qué saber eso.
—Sole, se me rompió la Tablet cuando cayó; por favor, deja de divagar hasta que lleguemos al hotel.
—Bien, como sea; pero igual está como para atarlo en la cama hasta año bisiesto. —Estaba prácticamente babeando.
—Sí, está como para embardunarlo con chocolate fundido y todo lo que quieras; pero creo que es un idiota. Le pedí disculpas en dos idiomas y no dijo nada, solo se sonrió, mientras yo puteaba por mi Tablet rota —demando ofendida.
—Bueno, tal vez no habla tu idioma, o lo hablaste mal —aclara, querien-do defenderlo.
—Dije perdón y Sorry. No son tan difíciles esas dos palabras, como para hablarlas mal, o entenderlas mal —aseguro, frunciendo el ceño.
—Bueno, a mí me parece sexy, y si me lo cruzo con la guardia baja lo voy a hacer suplicar por más —demanda pestañando. Ella me entrega las llaves del auto que le había pasado la chica del otro lado del mostrador.
—Como sea, igual es rubio y a mí me gustan los "morochios" —mascullo al tiempo que nos guían hacia donde se encuentra el auto.
—Sí, "morochio" el barman, ¿no? —habla ya subiendo al auto.
—El barman no es morocho.
—Pero tampoco rubio, ¿no es así? —canturrea, cuando ya hice varias calles arriba retomando la conversación; una conversación que me está molestando. Qué bien, no se va a callar nunca, así que la voy a ignorar.
Varios minutos pasaron en donde creo que ya estoy pérdida, y Sole que sigue babeando; estoy haciendo un esfuerzo enorme para concentrarme en el lugar, en ver los nombres de las calles, lo que me está costando mucho, y más con el parloteo de Sole.
—Sole, necesito que cierres la maldita boca por un momento, que esto se me está complicando —chillo, ya irritada.
—Bien, me callo —farfulla, recostándose sobre su asiento.
