
Maldito cuerpo traicionero
Nessa Rodriguez · Completado · 159.2k Palabras
Introducción
Capítulo 1
Me encuentro frente al tocador, arreglándome para ir al casino. Ni siquiera me gusta, solo juego a la ruleta, donde siempre hay viejos alrededor con miradas lujuriosas y codiciosas, con hambre de apuestas y sed de sexo «Iuhg». Todo por mis amigos y sus estúpidas ideas de que debo salir más y dejar "mi cueva"; sí claro, como si algo fuera a cambiar por ir al casino.
—¡Lina, se hace tarde! —me grita Sole.
Ella es mi mejor amiga; es una hermosa pelirroja de ojos color miel, con una nariz llena de pecas que la hacen ver inocente, aunque no tenga un gramo de eso. Sole es de las contadas mujeres que les gustan sus pecas, dice que esa candidez que le conceden, son detonantes para los hombres. La conozco desde la secundaria; ni siquiera recuerdo bien como nos empezamos a hablar, pero nos hicimos muy buenas amigas y ya nunca nos separamos.
—¡Estoy yendo! No me apures si me quieres sacar buena —le grito, saliendo del baño.
—Al fin, nena —esboza Gaby con aburrimiento—. Vámonos —apura, haciéndole muecas graciosas a Lucas.
Gaby y Lucas son muy amigos; trabajan juntos, son policías federales y se pasan mucho tiempo entrenando y en el polígono. Hacen prácticamente todo juntos. Gaby es de tés aceitunada, tiene el pelo negro azabache, un poco corto, con un rizo rebelde que siempre cae en su frente, amenazándolo con hacerlo rabiar; ojos negros como la noche, con pestañas negras y muy largas que siempre llaman la atención a donde vayamos, sin contar del cuerpo trabajado que mantiene gracias a las horas de entrenamiento. Lucas, en cambio, tiene piel bronceada «un color parecido a la miel», su pelo es rubio, un poco más corto en comparación a Gaby, y tiene ojos celestes como un cielo despejado; al igual que el otro, tiene un cuerpo bien trabajado. Los dos son muy altos e intimidantes, y aunque fuesen el día y la noche, son lo mejor que nos pudo pasar a Sole y a mí. Los conocimos en un grupo de Facebook; se portaron muy bien con nosotras desde el comienzo, y lo siguen haciendo hoy, así que, aquí están siempre para criticarnos, y además, tenemos nuestros propios guardaespaldas.
Luego de 20 minutos llegamos al casino, y por Dios ya me quiero volver; mi único consuelo es que de aquí partimos a la discoteca... ¡Y rondas de tequilas! ¡¡Sí!! Es por lo único que estoy fuera de mi casa esta noche. Dos horas dijo Sole, y ya llevamos tres; no sale de las maquinitas, y creo que voy a tener que sacarla con una espátula de ahí. Me cansé de esperarla; a regañadientes, me siento a unas cuantas máquinas de donde se encuentra ella, de la que se había levantado una señora minutos atrás «también cansada de perder»; pongo un billete y empiezo a tocar los botones, sin entender mucho. La verdad es que a la mayoría de las maquinitas no las comprendo, así que juego adivinando. Después de media hora de hacer apuestas estúpidamente chicas y seguir con la misma cantidad de puntos, hago la mayor apuesta que me permite, así me largo de una puta vez de aquí. ¡¡Y por todos los bebés recién nacidos del planeta!! La máquina se volvió loca, empezó a chillar y a hacer un arco iris con todos los colores «hasta con los desconocidos». Me congelé, quedé estática en el lugar.
—¡Qué mierda! —grita Lucas a mi espalda. Yo estoy muda, solo veo todos los números que arriba marcan en grande lo que había ganado.
¡Dios, no es posible!
—Jódeme que esa cantidad que dice, es la que ganaste, Lina —chilla Sole, con los ojos desorbitados, y para peor casi está sobre mí.
—No sé —alcanzo a musitar.
—Lina eres un jodido trébol de la suerte; desde hoy te quiero siempre cerca —exclama Gaby, tan emocionado como yo.
A partir de ese momento todo fue una completa locura, personas que se acercan a felicitarme, otros que maldicen por lo bajo. Y ahí está la señora que una hora atrás se había levantado de este mismo lugar. Pobre. No, me retracto, nada de pobre; me mira como si quisiera cortarme el cuello con el platito de la taza de café que sostiene, para leerme el futuro con mi tráquea. No está nada contenta. Después de estar un par de horas más en el casino, para arreglar cuando me entregarían ese dineral, nos dirigimos a tomar los tequilas como habíamos arreglado.
—¡Por el barman! —grita Sole, alzando su tequila para brindar.
—Todavía no lo puedo creer; y tú que no querías salir, y menos ir al casino —demanda Gaby, apuntándome con el dedo índice.
—Yo tampoco lo puedo creer, pero no hables de eso ahora, mejor bebamos —lo insto, todavía sin creer lo que pasó; sinceramente, no quiero pensar en eso para no enloquecer.
—Voy a pedir otra ronda —les aviso, y me encamino hacia la barra. Ahora sé por qué Sole brindó por el barman. Está muy bueno, y que brazos; ojos verdes, pelo castaño despeinado, y como hace volar las botellas. Estas calentándote Lina, es solo un chico; un muy lindo chico.
—Cuatro tequilas, por favor —le pido, elevando la voz por encima de la música. Él me guiña un ojo después de asentir.
Qué bueno que está...Colchón de baba.
—Aquí tienes bonita —articula, tendiendo los tequilas sobre la barra, con una media sonrisa. ¡Hermosa sonrisa! —Gracias —Le sonrío, mientras, le extiendo el dinero para pagarle.
—No. —Agita su mano y se acerca a mí por encima de la barra—. Estos van de mi parte —susurra en mi oído. Es oficial, me mojé.
—Gracias entonces —hablo, igualando su tono de voz.
—De nada —corresponde.
El chico se aleja a atender a uno que le gritaba desde la otra punta de la barra. Dios, qué espalda.
—Estabas coqueteando con el barman —escucho la acusación masculina en mi oído y me doy la vuelta, con la cara roja por el subidón que me dio ese condenado barman.
—¡Noooo! Nada que ver —me defiendo, fingiendo inocencia, y Lucas se sonríe.
—¡Siiii! Lo estabas haciendo. Te vi, y vi cómo se acercó a hablarte en el oído —acusa con tono burlón, el muy desgraciado. Maldito Lucas.
—No sé de qué estás hablando —lo ignoro—. Sirve para algo —le digo, dándole los tragos.
—Como sea, espero que por ponerte así de roja te haya regalado los tragos —entona divertido.
Él sabe que así fue.
—Obvio. ¿Qué pensabas, que lo iba a dejar acercarse sin nada a cambio? —digo sonriendo. Abre los ojos casi de manera cómica y después larga una sonora carcajada mientras camina detrás de mí —. Definitivamente, por el barman más hot que he visto —chillo conforme levanto mi trago, cuando me acerqué a los demás.
—Por el barman —me secunda Sole.
Lucas niega con la cabeza, divertido por la situación. Está tomando gratis, que no se queje.
—Y bien, ¿qué tienes pensado hacer con lo que ganaste? —pregunta Gaby.
—Ehh... —pienso unos segundos—. La verdad, todavía no lo pensé, pero seguro lo primero será mudarme... Supongo —respondo, articulando la última palabra más bajo, bastante dudosa, ya que de verdad no lo había pensado.
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