Capítulo 7 Capítulo 5

Después de media hora logré encontrar el hotel, el cual había reservado por Internet el mismo día que saqué los pasajes. El lobby es hermoso, muy iluminado, mucha cristalería, es más de lo que esperaba; Estoy rezando en silencio para que Sole siga aguantando un poco más, hasta llegar a la habitación, para que pueda largar ese grito que está peleando por no dejar salir. Nos acercamos a la recepción y una hermosa chica rubia, con una gran sonrisa, nos entregamos la tarjeta de la habitación y con pasos temblorosos y apresurados nos dirigimos al ascensor.

Al entrar, vemos que es hermoso, grande, mucho espacio, muebles de madera de cerezo. Voy hacia uno de los cuartos y me encuentro con una cama con dosel, enorme, y una mesita de noche en cada lado de esta. Dejo las maletas a un lado y salgo con destino a la terraza; una vista espectacular, mucho más linda de lo que se vio en las fotos de internet. Esto es increíble.

—Wow... ¡Lina, esta habitación es impresionante! —grita, desde el cuarto que ya eligió, así que para no estar gritando me acercar a ella, parándome en el quicio de la puerta.

—Sí, la verdad que sí... Así es como yo hago las cosas —fanfarroneo.

—Ay... ya está la señorita "miss ego" —azuza, saltando en la cama.

—Ya viste el jacuzzi? —curioso, elevando una ceja y cargando la cabeza.

-¡No! ¿En serio? —salta de la cama y sale disparada al baño, en donde empezó a gritar como si nunca hubiera visto uno.

—Bien, ¿ahora qué hacemos? —cuestiono, un poco emocionada y otro poco cansada por el viaje, por más que haya dormido.

—Ya casi es mediodía; Podríamos bajar a comer algo, ¿no? —propone, tocándose el estómago.

—Sí, hagamos eso. Me cambio y bajamos.

Cuando me acerco a Sole, ya cambiada para irnos, ella me esperaba en la puerta ya preparada; me observa por unos segundos y se queda con la boca abierta, mirando mis botas.

—¿De dónde sacaste esas botas? —indaga, con ojos enamorados. Puedo jurar que le vi los corazoncitos latiendo en sus pupilas. Es muy graciosa cuando se trata de ropa.

—Las compré en el shopping mientras estabas haciendo ojitos al hombre del café.

La verdad es que son unas botas rojas que están mortales, llegan hasta por encima de mis rodillas; me las puse con una falda negra y una camisa de color rojo oscuro. Amo estos colores.

—Bueno, después me las vas a prestar. —No me lo sugeriría; sino que, prácticamente, me lo estaba ordenando.

—Bien. ¿Ya estás lista? De verdad que tengo hambre —le hago saber, acercándome a la puerta.

-Sorbo.

Salimos de la habitación, ella tomada de mi brazo e inspeccionando todo el lugar; subimos al ascensor y bajamos hacia donde se sitúa el comedor del hotel; Cruzamos unas puertas dobles de vidrio, que nos dejan dentro de un gran y lujoso espacio. Esto es más de lo que había visualizado por internet. Sole se encargó de buscarnos unas mesas, ya que yo estaba metida con la cabeza dentro del celular; el pesado de Lucas me estaba escribiendo para saber si habíamos llegado, cómo habíamos llegado, cómo estábamos, si encontramos el hotel. En fin, todas esas preguntas que puedes llegar a hacer una madre, un padre, un hermano mayor. Así se comporta Lucas con nosotras. Después de que ordenamos «con un poco de dificultad, cabe destacar», como era de esperar, Sole empezó a inspeccionar mejor el lugar con la mirada.

—Ay, Lina —entona en voz baja, toda nerviosa.

—¿Qué te pasa ahora?

—Ese que está ahí, ¿no es el chico del aeropuerto? —me pregunta, señalando en diagonal de donde estaba sentada.

Me giro un poco con disimulo y "sep", era el mismo al que choqué y que solo emocionaba; Me da mucha intriga ese hombre.

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