Capítulo 42 Decirlo sin esconderme

—Te amo.

La frase salió tan baja que el agua casi se la llevó.

Nicolás no se movió. Su mano seguía sobre mi corazón y la otra descansaba en mi cintura. Tenía el cabello mojado, la respiración irregular y una expresión que nunca le había visto.

Miedo.

—¿Lo escuchaste? —pregunté.

—Sí.

—No pongas esa c...

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