Capítulo 5

—Papá —empecé, con la voz ronca—. Lo siento.

—Eres un héroe. Eres mi orgullo. Te hice daño. Fui un idiota —no lo entendía.

Hundí los dedos en la tierra al pie de la lápida, recogí un puñado de barro negro y húmedo, y lo apreté en la palma.

—Si puedes oírme… ¿podrías darme una señal?

Un pajarito ...

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