Capítulo 1 EMBARAZO

Alina 

Siempre pensé que el amor debía doler un poco. 

Nunca imaginé que podía destruirte por completo. 

El médico no fue cruel, no lo necesitó; bastó con esas palabras dichas con voz neutra, profesional, como si no acabara de partir mi vida en dos. 

—Estás embarazada, Alina. Aproximadamente ocho semanas — 

Sentí que el aire se me iba de los pulmones, mis manos comenzaron a temblar sobre el regazo y tuve que apretar los dedos para no desarmarme ahí mismo. 

Embarazada. 

Un hijo. 

De Nicolás

Me llevé la mano al vientre, plano todavía, como si pudiera sentir algo ahí dentro. No sentí nada, solo miedo, un miedo denso, pesado, que se me metió en los huesos. 

Respiré hondo. 

No estás sola, me dije. 

No esta vez. 

Nicolás estaría conmigo, siempre lo había estado. Cuatro años juntos, desde el primer día de clases en la facultad de Arquitectura. Él, con su sonrisa perfecta y su apellido importante, yo, con mis ganas de comerme el mundo y demostrar que una chica del Bronx podía llegar tan lejos como cualquiera. 

Le escribí un mensaje. 

Necesitamos hablar. Es importante. 

Respondió casi de inmediato. 

Ven al apartamento. 

Eso me tranquilizó. 

Abrió con una sonrisa… que desapareció apenas me vio la cara. 

—¿Qué pasa? —preguntó, molesto— Pareces un fantasma — 

—Estoy embarazada — las palabras salieron atropelladas, como si si las decía rápido dolieran menos 

El silencio fue brutal. 

Nicolás me miró durante unos segundos eternos, no había sorpresa, no había alegría. Solo… incredulidad, y luego, algo mucho peor. 

Desprecio. 

—¿Qué dijiste? — preguntó entrando al apartamento, lo seguí 

—Estoy embarazada —repetí, con la voz quebrada— Es tuyo — le tendí la ecografia,  

Se echó a reír. 

—¿Estás bromeando, verdad? — 

—No —susurré— Jamás bromearía con algo así — 

Su rostro cambió por completo, la sonrisa se volvió una mueca dura, peligrosa. 

—No seas ridícula, Alina — 

—¿Ridícula? —mi voz tembló— Nicolás, llevamos cuatro años juntos… — 

—Precisamente —me interrumpió— Y nunca hablamos de hijos, mucho menos ahora — sentí que el suelo se movía bajo mis pies 

—Podemos hacerlo funcionar —dije rápido— Yo estoy por graduarme, gané el concurso de méritos, Industrias Blake… — 

—No metas a Blake en esto —me cortó, con frialdad— No sabes si ese hijo es mío — la frase me atravesó el pecho 

—¿Qué acabas de decir? — me miró de arriba abajo, como si me viera por primera vez. 

—Seamos honestos, Alina. Tú vienes de… donde vienes. No sería raro que hubieras estado con alguien más — el dolor que sentí no me dejó defenderme —¿De quién es? —preguntó molesto 

—¿Qué? — 

—No me mires así, Alina. No soy idiota —se cruzó de brazos— Tú y yo siempre fuimos claros, siempre te dije que nada serio, nada definitivo. ¿Crees que voy a creer que ese hijo es mío? — 

—¡Claro que es tuyo! —grité, por primera vez— ¡Solo he estado contigo! — 

—No seas ridícula —escupió— Mujeres como tú siempre vienen con historias tristes para amarrar hombres con dinero — cada palabra me desgarraba por dentro 

—Nunca te pedí nada, Nicolás — 

—Pero ahora sí lo haces —respondió— ¿O qué crees que es esto? ¿Amor? ¿Seriamos una familia feliz? — me acerqué un paso, temblando 

—Es nuestro hijo — 

—No —dijo, cortante— Es tu problema — sentí que el piso desaparecía bajo mis pies. 

—¿Eso es todo? —pregunté, con lágrimas cayendo sin control—¿Vas a abandonarme así? — no me respondió — ¿Qué paso con las salidas con tus padres que tuvimos? La vez que me presentaste como tu novia, ¿no era real acaso? — 

—No me pongas en esta situación, no me hagas el malo de la historia  —respondió— Si sigues insistiendo, llamaré a mis abogados — 

Abogados. 

Para el hijo que crecía dentro de mí.  

Su hijo. 

—Vete —ordenó— Y no vuelvas a contactarme — no lloré ahí, no le di ese gusto.  

Salí del apartamento con la cabeza en alto, aunque por dentro me estuviera desmoronando. 

La nieve caía con más fuerza cuando llegué a casa de mis padres, necesitaba un abrazo, un “todo va a estar bien”. 

—¿Qué haces aquí? —preguntó mi madre sorprendida 

—Necesito hablar con ustedes —dije—  Es importante — nos sentamos en la pequeña sala 

—Estoy embarazada —dije, de nuevo, como si esa palabra no se cansara de destruirme 

—¡¿Estás loca?! —gritó papá levantándose de golpe — ¡¿Después de todo lo que hemos hecho por ti?! — 

—Papá… — las lágrimas empezaban a salir 

—Todo nuestro dinero —continuó— Todo nuestro esfuerzo, para que salgas adelante, para que seas alguien, ¿y vienes con esto? — 

—¿Y Nicolas tu novia lo sabe? —preguntó mamá 

—Nicolás no se hará cargo —añadí, con voz baja 

Ese fue el error. 

—¿Qué? —mi madre me miró con desprecio —¿Entonces para qué abriste las piernas? — 

La frase me quemó más que la nieve. 

—Estoy cansada —dije secando mis lágrimas — Me duele el vientre, solo necesito quedarme esta noche, por favor — 

—No —respondió mi padre, tajante— No vamos a mantener tus errores — 

—Está nevando —supliqué llorando — No tengo a dónde ir — 

—Eso debiste pensarlo antes de andar abriendo las piernas sin protección —dijo mi madre— Lárgate de esta casa para siempre — 

Ni siquiera me dejaron tomar una maleta. 

Salí a la calle con el cuerpo entumecido, el vientre doliéndome y las lágrimas cayendo sin control, caminé sin rumbo hasta que mis dedos no respondían del frío. 

Saqué el teléfono y marqué el único número que me quedaba. 

—¿Alina? —respondió Maya, preocupada—¿Qué pasa? — 

—¿Puedo ir a tu casa? —pregunté, rota— Por favor — 

No preguntó nada más. 

Maya me abrió la puerta envuelta en una manta y me abrazó sin decir palabra. Ese abrazo me sostuvo cuando todo lo demás se había caído. 

—Aquí estás a salvo —me susurró 

Esa noche, sentada en el sofá, con una taza de té caliente entre las manos, tomé la decisión que más me dolería en la vida. 

No podía traer un hijo a ese mundo. 

No sola. 

No así. 

Saqué el teléfono y busqué clínicas, para abortar. 

Fue entonces cuando mi celular vibró. 

Un correo nuevo. 

Industrias Blake

Lo abrí con las manos temblando. 

“Nos complace informarle que ha sido seleccionada como pasante en el proyecto de hábitat social. Además, su maestría será financiada en su totalidad…” 

Leí el mensaje completo sin respirar. 

Mi sueño. 

Mi futuro. 

Todo ahí, justo cuando había decidido rendirme. 

Y por primera vez desde que vi esas dos líneas rosadas, lloré de verdad, dejé salir todo. 

—Lo siento bebé —susurré tocando mi vientre — No sé qué hacer — 

Agendé una cita.

Siguiente capítulo