Capítulo 4 LA FIESTA

La fiesta de mi padre era exactamente lo que siempre había sido la familia Blake: excesiva, elegante y calculada. 

 Políticos, empresarios, inversionistas… todos sonriendo, todos queriendo ser vistos, mi apellido flotaba en el aire como una promesa. 

Yo estaba de pie junto a Natalie, ella era mi prometida hace dos noches. Heredera de una de las marcas hoteleras más grandes del mundo, la conocía desde niños, cuando nuestros padres se reunían por negocios, nosotros jugábamos, y aunque este compromiso es algo que todos esperarían la verdad e tengo un gran aprecio.  

—Relájate —susurró— Hoy es importante para tu padre… y para ti — 

Asentí, aunque algo dentro de mí estaba tenso desde hacía días, no sabía qué era, solo esa sensación incómoda de que algo no encajaba. 

Robert Blake subió al estrado entre aplausos, a sus sesenta años, seguía imponiendo respeto con solo levantar la voz. 

—Gracias por estar aquí —dijo— Esta noche no solo celebro un año más de vida… también anuncio mi jubilación — el murmullo fue inmediato — Y por eso hago este anuncio, creí que no hay nadie mejor para que quede a cargo de mi imperio. Industrias Blake quedará oficialmente bajo la dirección de mi hijo menor, Ethan Blake — e aplauso fue ensordecedor. 

Sentí la mano de Natalie apretarse un poco más fuerte en mi brazo, sonreí, lo había logrado. Cada noche sin dormir, cada escalón subido sin ayuda, todo había valido la pena. 

Miré a Lucas. 

Mi hermano mayor aplaudía… pero su sonrisa no era de orgullo, era torcida, burlona, algo frío me recorrió la espalda. 

La música volvió, las conversaciones se mezclaron, los brindis comenzaron. Natalie se excusó para ir al tocador y Lucas se acercó. 

—Vaya —dijo— El niño prodigio —  

—No empieces —respondí sin mirarlo 

—Tranquilo —sonrió— Solo digo que el trono pesa… cuidado no se te caiga — se alejó riendo 

Minutos después, mi celular vibró. Una notificación de la galería: “Recuerdos de hace un año”. No sé por qué lo abrí. Tal vez fue intuición o tal vez fue destino. 

Era una foto de un evento anterior. Natalie, enfocada, amplié para ajustar el encuadre. 

Y lo vi. 

Lucas detrás de ella, demasiado cerca, sonriendo., de repente mi estómago se contrajo. Seguí deslizando, encontré más fotos, demasiadas. En una, la mano de Natalie sobre el brazo de Lucas. En otra, él inclinado hacia su oído, susurrándole, parecen gestos íntimos, demasiado íntimos para personas que apenas se hablan.  

Apareció  un video y sin pensarlo lo abri.  

Natalie en ropa interior, riéndose, mi hermano Lucas sin camisa, besándola. Apreté el teléfono con rabia y ahí me di cuenta de la fecha : dos años atrás. 

El ruido del salón desapareció. Dos años viéndome la cara, mientras yo construía mi futuro, ellos construían una traición.  

—Tenemos que hablar — le dije a Natalie que estaba en la barra 

—Ahora no —susurró, incómoda— Todos nos están mirando — miro alrededor con una sonrisa falsa  

—Ahora — demande con autoridad, me miró a los ojos… y lo supo 

—Ethan… — 

—¿Desde cuándo? —pregunté, en voz baja aguantando el dolor, ella no respondió 

—¿Desde cuándo, Natalie?— volví a preguntar, sus labios temblaron 

—No fue planeado…— dijo — Pasó y no creí que me enamoraría de él, que llegaría a amarlo — eso fue suficiente 

Me di la vuelta y caminé directo al despacho privado del hotel, mi padre estaba ahí, revisando unos documentos. 

—Tenemos que hablar — le mostré el teléfono, observó el video en silencio 

—¿Y? —dijo 

Esa palabra me atravesó. 

—Me engañó papá, con Lucas, con mi hermano, durante dos años — suspiró 

—Las relaciones pasan por crisis — fue su respuesta y siguió con lo suyo  

—¿Eso es todo? —pregunté— ¿Eso es lo que vale mi matrimonio? — 

—El amor no es lo más importante —respondió— La imagen sí. Puedes perdonarla, casarte, esto no tiene por qué afectar nada — 

—No voy a casarme con una mujer que no me ama, ella ama a Lucas — papá se reclinó en su silla 

—Entonces no habrá empresa — lo miré, incrédulo 

—¿Qué? — 

—Sin esposa no hay sucesión —dijo— Sin una familia estable, no hay herencia — sentí que todo se desmoronaba 

—Todo lo que hice… Todo lo que me esforcé estos años ¿no importa papá ? — mi voz se quebró  

—Importa —respondió— Pero no lo suficiente — 

Salí de la fiesta sin despedirme de nadie. 

El aire frío de la noche me golpeó el rostro cuando subí al auto., manejé sin rumbo, con la rabia apretándome el pecho. 

¿De dónde iba a sacar una esposa? 

El semáforo se puso en rojo. 

Entonces escuché gritos. 

Un hombre estaba frente a una mujer embarazada, arrinconándola contra una pared, ella estaba pálida, asustada. Sin pensarlo, abrí la puerta del auto. 

—¡Aléjate de ella! — el tipo se giró, soltó una amenaza 

Avanzó, lo empujé. Hubo un golpe, un forcejeo y el  hombre huyó. 

La mujer se deslizó contra la pared. 

—¿Estás bien? —pregunté, ella asintió… hasta que miró hacia abajo 

—Creo que… —susurró— mi bebé… — un líquido manchó el suelo, mi corazón se detuvo 

—Vamos al hospital —dije, sin dudar 

No sabía quién era, no sabía que esa noche uniría nuestras vidas, pero mientras la ayudaba a subir al auto, supe algo con una certeza brutal: 

Nada volvería a ser como antes.

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