Capítulo 36 Veinticuatro horas

—No mires el teléfono otra vez.

Elena dejó una carpeta sobre mi escritorio y señaló la pantalla apagada junto a mi mano.

—No lo estaba mirando.

—Llevas diez minutos esperando que se encienda solo.

Volví el teléfono boca abajo.

—Estoy esperando un correo.

—Claro. Uno con nombre, apellido y problemas ...

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