Capítulo 1 Capítulo 1

Primer encuentro.

Palermo Italia 

Fiorella sintió cómo las manos de él bajaban lentamente por su cintura, y su cuerpo se estremeció una vez más. Contuvo la respiración, dejándose llevar al infierno si fuese posible.

—Mueve tu hermoso trasero una vez más para mí, muñequita —murmuró él.

El cuerpo de Fiorella reaccionó antes que su mente, moviendo su trasero y girando mientras él la sostenía con su mirada firme y paciente.

Las manos de él siguieron bajando lentamente hasta detenerse justo ahí, donde amenazaba con explotar si seguía tocándola de esa manera. Sus manos ágiles se abrieron, pasó al medio de su ropa interior y llevó uno de sus dedos dentro de ella. 

Fiorella gimió… por Dios, sus dedos se movían con una precisión exquisita, explorando cada rincón de su ser. No hacía falta nombres, ni saber quién era; solo sabía que en ese momento, su mundo y su cuerpo le pertenecían a él. 

El placer y la sensación de tener sus dedos moviéndose dentro de ella eran tan intensos que cada movimiento de sus dedos la acercaban más al abismo.

—Joder, estás tan mojada nena —susurró él con una sonrisa pícara.

Fiorella sonrió mientras abría aún más sus piernas, dejándose llevar por el placer que ese hombre le estaba brindando. Sus dedos salieron de dentro de ella, los llevó a su boca y los lamió lentamente, saboreando todos sus jugos. Fiorella lo miró deseosa, y sin dudarlo un segundo, llevó sus manos a su miembro, lo tomó en sus manos y lo guió dentro de ella.

Ella gimió en un grito ahogado, mientras empezaba a mover sus caderas más rápido, y sus embestidas se volvieron más firmes.

—¡Hazlo más despacio… quiero disfrutarlo! —le pidió Fiorella.

Él sonrió, y sus manos firmes comenzaron a masajear sus pechos mientras sus labios descendían, dejando besos húmedos por todo su cuello. Dios… eran tan intensos que la hacían perder todo el aliento.

La respiración de él se mezcló con la de Fiorella, al igual que sus embestidas, haciéndola gritar más y más de placer.

No tardaron mucho en llegar al clímax; fue tan intenso que el cuerpo de Fiorella se tensó por completo, perdiéndose en una oleada de sensaciones que la dejó aferrada a él.

Fiorella levantó su vista dándose cuenta de que era demasiado tarde, así que se puso de pie a pesar de que quería quedarse ahí mucho más.

—¿A dónde vas? Ven —dijo él, intentando detenerla.

—Lo siento —murmuró Fiorella con una sonrisa traviesa—, pero esta conejita tiene que volver a su madriguera… antes de que la descubran. Espero que hayas tenido la mejor despedida de soltero de tu vida.

Le guiñó un ojo y corrió hacia el baño. Su madre la iba a matar; se suponía que debía llegar hace siglos a la casa. Por otra parte, valió la pena no llegar a tiempo.

—La mejor… —dijo él con una sonrisa casi ronca—. Al menos dime tu nombre.

Fiorella se detuvo un segundo, apoyó su mano en el marco de la puerta y miró por encima del hombro.

—Es confidencial —respondió y salió corriendo hacia el baño.

Se duchó en tiempo récord, se puso su vestido y se arregló el cabello frente al espejo.

—¡Por qué no te quedaste esta noche! Solo esta noche —dijo él con una voz carrasposa detrás de ella.

Fiorella sonrió, mientras terminaba de cuadrar su cabello frente al espejo.

—Lo siento, pero tus amigos solo pagaron tres horas.

—Te daré el dinero que me pidas —ofreció él.

Fiorella se giró despacio, lo miró de arriba abajo y negó con una sonrisa ladeada.

—No todo se compra con dinero —respondió—. Además, si me quedo, dejará de ser una despedida de soltero y se convertirá en un problema.

Tomó su bolso, pasó junto a él apenas rozándolo.

—Guarda las ganas para tu nueva esposa —dijo y salió de ahí.

Caminó por los pasillos del hotel hasta que vio a los tres hombres con los que estaba el hombre con el que acababa de tener el mejor sexo de su vida.

—¿Dónde diablos se metió? No puedo creer que haya dejado a nuestra sorpresa sola en la habitación —dijo uno de ellos.

Fiorella mordió su labio inferior y sonrió. Bueno… digamos que una travesura no se comete todos los días.

—¿Por qué mejor no le marcas? —propuso otro.

—Ya te dije por milésima vez que tiene su celular apagado. Mejor vamos a recepción y preguntamos —sugirió el tercero.

Fiorella caminó y pasó justo por el lado de aquellos hombres que, al parecer, no tenían ni idea de que la "sorpresa" acababa de cruzarse con ellos. Bajó la mirada, conteniendo la risa mientras su corazón latía con fuerza.

Llegó a casa agotada. Las luces seguían encendidas y el silencio era demasiado denso para estar tan tranquilo. Por lo visto, la despedida de soltera de su madre ya había terminado… lo sabía, porque podía sentir el enojo de su madre, incluso antes de verla.

—¿Sabes la hora que es? —dijo su madre apenas la vio, con los brazos cruzados.

Fiorella suspiró hondo.

—Hola, madre. Lo sé… mi avión se retrasó unas horas —respondió con la voz cansada.

Su madre la miró como si no le creyera ni una sola palabra, pero Fiorella trató de ser lo más convincente posible.

—Siempre hay una excusa contigo, Fiorella. Sube a tu habitación, mañana será un día bastante largo.

Pero antes de que Fiorella pudiera responder, la puerta principal se abrió, y con ella, una voz que reconoció de inmediato.

—No seas tan dura con ella —dijo esa voz carrasposa que horas antes le había hecho perder el control, y también su dignidad.

El corazón de Fiorella se detuvo. Por supuesto que no… No podía ser él.

—Llegas tarde —dijo su madre con frialdad—. Pensé que no vendrías.

Los ojos de él se encontraron con los de Fiorella. Unos cuantos segundos y el aire se volvió irrespirable.

Él estaba ahí.

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