Capítulo 2 Capítulo 2
Error imperdonable
Fiorella bajó la mirada lentamente, no podía ser él… no podía. Y sobre todo, ¿qué hacía él en esa casa? ¿Acaso su madre lo conocía?
—¿Todo bien? —preguntó su madre.
—Sí… solo estoy cansada —mintió Fiorella.
Su madre asintió y sonrió, para después girarse hacia él, con una sonrisa enorme.
—Lorenzo, te presento a mi hija. Fiorella, te presento a Lorenzo, él es mi futuro esposo.
El mundo de Fiorella se detuvo, al igual que su corazón. Dios, ¿cómo se suponía que iba a mirar a su madre a los ojos de ahora en adelante, y después de lo que había hecho apenas unas horas atrás con su futuro esposo?
Fiorella tragó saliva mientras extendía su mano y rozaba la de Lorenzo apenas un segundo, pero fue suficiente para sentir que se quemaba.
—Un placer conocerte, Fiorella —dijo Lorenzo con voz tranquila.
Aunque a decir verdad, sus ojos demostraban otra cosa.
—El placer es mío —respondió Fiorella.
Por supuesto que sí, el placer había sido solo suyo. Movió su cabeza rápidamente y se obligó a mantener la calma.
—Como te había dicho, mi hija llega para nuestra boda —continuó su madre con aparente orgullo.
—Me alegra que haya llegado a tiempo —dijo Lorenzo sin apartar la mirada.
Fiorella no pudo más, se giró y subió las escaleras tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
Sentía que el aire pronto abandonaría sus pulmones, el pecho le ardía y la cabeza pronto iba a explotar. Cerró la puerta de su habitación y se dejó caer sobre la cama.
—Y ahora, ¿qué se supone que voy a hacer? ¿Por qué tuve que volver? —murmuró.
Dios, ella y sus estupideces… aunque si no hubiera sido con ella, él se habría acostado con otra. En fin, creía que lo mejor sería mantenerse al margen.
Fiorella se puso de pie, se despojó de su ropa lentamente y caminó hacia el baño, en busca de algo de calma.
Se sumergió en la bañera y dejó que el agua calmara un poco su corazón. Cerró los ojos para poder tener un poco de calma, hasta que el chirrido de la puerta la hizo abrirlos.
Dios… ¿será que su madre aún no entendía que estaba cansada?
Tomó la toalla y envolvió su cuerpo con rapidez. Lo último que quería era escuchar su cantaleta.
—Madre, ¿y ahora qué quieres? Te dije que mi vuelo se retrasó, así que no quiero más discusiones —dijo.
—Te equivocas… yo no soy tu madre —ella se detuvo en seco, al igual que el aire de sus pulmones, al ver a Lorenzo parado en la mitad de su habitación.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Fiorella con una naturalidad que no sentía, mientras ajustaba su toalla con sus manos ligeramente temblorosas.
No quería mirarlo, de verdad que no. Dios sabe que no quería hacerlo, pero era imposible, y menos después de lo que pasó entre los dos.
Sus pasos firmes y lentos se dirigieron justo hacia ella, deteniéndose a una distancia prudente.
—¡Quería hablar contigo! —dijo al fin.
—Creo que es evidente lo que vas a decir —respondió Fiorella, logrando mantener un poco de calma—. Puedes estar tranquilo. Nada de lo que sucedió esta tarde saldrá a la luz. Para mí está borrado, ah… y tampoco pienso quedarme aquí.
Lorenzo alzó una ceja y dejó salir una sonrisa ladeada, y dio dos pasos más hacia ella.
—En eso te equivocas —dijo con calma.
Fiorella tragó saliva y alzó una ceja.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, retrocediendo hasta que su trasero tocó la pared.
—Que apenas hace unas horas me preguntaba tu nombre… y de dónde había salido una diosa tan hermosa como tú —continuó—. Y mira mi buena suerte, te encontré y sin mover un solo dedo. ¿No te parece curioso?
Fiorella movió su cabeza rápidamente y giró su cuerpo para intentar alejarse. Pero él no la dejó.
Las manos de Lorenzo se enredaron en su cintura con fuerza, haciéndola girar y quedar a escasos centímetros de él.
—Eso no cambia, sigues siendo el futuro esposo de mi madre… lo que sucedió fue un error. Un error que, por supuesto, no va a volver a suceder —dijo Fiorella.
—En eso te equivocas —respondió Lorenzo.
Mientras sus manos descendían lentamente por sus muslos. Una descarga recorrió todo su cuerpo, obligándola a contener el aliento.
—¿Qué crees que haces? —preguntó Fiorella con firmeza, bajando una mano para detenerlo antes de que siguiera.
—Sigo con mi despedida de soltero —dijo—. ¿O acaso eso no fue lo que me dijiste al entrar a mi habitación?
Fiorella cerró sus ojos y negó.
"Fiorella, tú y tus arrebatos. Dios, solo fue un juego, uno del cual seguramente saldré quemada" pensó ella.
—Solo fue un juego… así que aléjate —dijo.
—Y si no quiero —respondió Lorenzo.
Su cercanía la estaba matando. Su mano se escapó de la de Fiorella y siguió subiendo por sus muslos, hasta llevarla justo ahí, donde su cuerpo empezaba a reclamar por su cercanía. Sus dedos expertos se abrieron paso dentro de ella, haciéndola dejar escapar un gemido ahogado.
—¡Sé que tú también lo quieres! —dijo en voz baja—, igual que yo, así que no me pidas que me detenga.
—Fiorella. ¿Estás despierta? —Abrió los ojos de golpe al escuchar la voz de su madre detrás de la puerta.
