Capítulo 3 Capítulo 3

Sorpresa 

Fiorella abrió sus ojos, él le guiñó su ojo y dejó un beso casto en sus labios. Luego abrió la puerta como si nada. 

—¿Qué haces aquí? 

Lorenzo alzó la vista mientras caminaba hacia ella con calma.

—Te pregunté qué significa esto —dijo Victoria.

—Es mi saco —respondió Lorenzo con total naturalidad.

Victoria frunció el ceño.

—Sé muy bien lo que es, Lorenzo. Lo que no entiendo es qué hace tu saco en la habitación de Fiorella.

—Querida, deja de preocuparte —dijo Lorenzo tranquilo—. Hoy quise ir a conocer a tu hija, y lo dejé ahí por descuido.

—Fiorella no es una niña.

—Nunca dije que lo fuera —respondió Lorenzo sin perder la sonrisa—. Pero es tu hija, y me imaginé que querías que nos lleváramos bien.

Victoria lo miró no muy convencida. Lorenzo lo supo en la manera en que apretó los labios, en la manera en que lo miró. Se imaginaba que debía saber que su hija era mucho más hermosa que ella.

—Vamos a dormir. En pocas horas es nuestra boda, lo mínimo que quiero es pelear —dijo Lorenzo.

**DÍA DE LA BODA 

Lorenzo acomodó su saco y se miró al espejo. No sabía cómo iba a soportar tener que acostarse con Victoria. En fin, solo sería por un mes… un mes en el que podría averiguar en donde estaba todo su maldito dinero.

—¡Lorenzo!, ¡Lorenzo! —gritó Victoria de pronto.

Lorenzo sonrió. Por lo visto, el show había empezado antes de tiempo. Y saber qué le había pedido a Pablo que tuviera tacto.

Salió del baño y caminó hacia la habitación de huéspedes. Ahí estaba Victoria, hecha un mar de lágrimas, el rostro desencajado, y por supuesto, Fiorella… de pie a su lado, con cara de pocos amigos.

—¿Qué te sucede, amor? —dijo Lorenzo, mostrando preocupación. 

Por supuesto, él debía modular su voz. Si iba a haber premio, él debía llevarse el de la mejor actuación.

Victoria intentó hablar, pero sus manos y piernas temblaban tanto que ni siquiera podía sostenerse de pie. Antes de que cayera, Fiorella reaccionó y se acercó. Lorenzo la tomó de inmediato en sus brazos y la llevó a la cama.

—Tranquila, respira —dijo.

—¡Saca eso de aquí! —empezó a gritar Victoria, llevándose las manos a la cabeza.

Lorenzo clavó la mirada en Fiorella, quien sostenía una caja en sus manos, aferrándola con fuerza.

—¿Qué es eso? —preguntó.

Lorenzo llevó sus manos a la caja, pero Fiorella la hizo a un lado, solo hubo un pequeño roce, mínimo e insignificante, pero suficiente para que su cuerpo se estremeciera.

—No lo toques —dijo Fiorella con frialdad—. Es evidencia.

—¿Evidencia de qué? —preguntó Lorenzo.

—Este sello es de un maldito que no se cansa de joder a nuestra familia. Pero no voy a descansar hasta verlo acabado —respondió Fiorella.

Victoria soltó un sollozo ahogado.

—Ese hombre… —murmuró—. Quiere destruirnos.

Lorenzo dejó salir una sonrisa, casi imperceptible, se llevó una mano a la cabeza y besó la frente.

Fiorella apretó la caja con más fuerza y salió de ahí, debía averiguar quién había enviado el maldito paquete.

Camino tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Su mandíbula tensa y su corazón hecho pedazos al ver a su madre sufriendo.

Subió al auto y fue directamente hacia la comisaría central, ahí caminó directo hacia su oficina. No se detuvo para nada, caminó por los pasillos hecha un torbellino.

—Señorita Greco —llamó una voz al fondo.

—Ahora no —respondió Fiorella.

Al entrar cerró la puerta de golpe. Lo primero que hizo fue colocar la caja sobre el escritorio y abrirla.  

Dentro de ella un corazón lleno de sangre y las iniciales de aquel hombre que había hecho que su padre muriera fatídicamente 

Dante Rossi.

Fiorella sintió cómo todas las fuerzas del cuerpo la abandonan, se dejó caer en la silla, cerró la caja con sus manos temblorosas, luego cerró los ojos, dejó salir el aire de los pulmones y llevó las manos el sobre que su jefe le había entregado apenas unos días 

Ese mismo sobre que la había llevado al club a investigar y que por cosas del destino terminó en la cama de Lorenzo Moretti.

Mientras tanto, en la mansión Greco. Lorenzo sonreía abiertamente, sin pudor alguno alzó su mano y brindó una vez más con bastante entusiasmo.

—¡Salud!

—Salud por los novios —dijo Mateo el hermano menor de él, chocando la copa con la de los demás.

Victoria esbozó una sonrisa, pequeña…apenas perceptible. Aquel día había empezado de la peor manera posible, y no pintaba nada bien.

Lorenzo a su lado lucía impecable, sereno, tranquilo, demasiado tranquilo.

Mateo quien sonreía abiertamente se giró despacio, solo para ver el más bello espejismo que jamás había visto, Fiorella Greco. Una diosa ante sus ojos.

Estaba en la entrada del salón, con un vestido rojo ajustado a su cuerpo.

Mateo se olvidó del brindis. Olvidó la copa en su mano y caminó hacia ella por inercia propia.

Solo que antes que llegara a ella los dedos de Lorenzo se clavaron en su saco.

—Ni te atrevas a acercarte a ella…ella no es para ti.

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