Capítulo 4 Capítulo 4

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Mateo se giró bruscamente, sin llamar la atención, tratando de disimular su enfado.

—¿Qué crees que haces hermanito? —susurró entre dientes.

Lorenzo dejó salir una sonrisa breve, una pequeña, una que no llamó la atención de los invitados. Sin decir una palabra colocó la mano en la espalda de Mateo y lo guió hasta el salón de enseguida.

—No te quiero ver cerca de ella —dijo Lorenzo con la mandíbula tensa, tanto que parecía que muy pronto iba a romperse.

Mateo metió la manos en los bolsillos, y alzó una ceja, mientras evaluaba  a su hermano mayor, con una mezcla de burla y desafío.

—Creo que no estás en condiciones de decir si puedo o no —respondió  en voz baja —. Y mucho menos en llamarme la atención… Dante. Creo que soy libre de acercarme a la mujer que quiero —dijo mientras sonreía 

Lorenzo tensó aún más su mandíbula se giró de inmediato y lo fulminó con la mirada. Esa mujer ya tenía dueño y por supuesto que era él.

—¿Cuántas malditas veces debo decirte que no me llames Dante…No acá? —gruñó en voz baja, acercándose un poco más —. No aquí. Y si valoras tu maldita vida mantente lejos de ella —escupió Lorenzo en voz baja.

—Eso no lo decides tu…hermanito.

Mateo se giró, sacó las manos de sus pantalones y volvió al salón principal, sin dudarlo un segundo camino directo hacia ella.

Hacia Fiorella.

Sabía que Lorenzo lo estaba viendo, pero en esto su hermano mayor no iba a interferir, no ahora.

—Dicen que un buen vino primero hay que admirarlo, después saborearlo…y por último disfrutarlo —dijo.

Fiorella alzó una ceja y llevó la copa a sus labios con lentitud calculada, sosteniendo la mirada de Mateo mientras daba un pequeño sorbo. El gesto fue deliberado… demasiado provocador.

—Depende del vino —respondió al fin—. Algunos solo sirven para mirarlos… otros engañan con el aroma.

Mateo sonrió, ladeando la cabeza, claramente entretenido.

—¿Y este? —preguntó, acercándose apenas un paso más—. ¿Qué te parece?

Fiorella dejó la copa sobre la mesa con suavidad.

—Aún no lo decido —dijo—. Pero hay vinos que conviene probar con cuidado… pueden ser peligrosos.

Desde el otro extremo del salón, Lorenzo apretó la mandíbula. Mateo estaba acabando con su paciencia. 

La ceremonia comenzó entre música suave y murmullos. 

Los invitados tomaron asiento mientras Victoria avanzaba por el pasillo con una sonrisa ensayada, del brazo de Lorenzo. 

Fiorella observaba desde su lugar, inmóvil, con el pecho apretado por una sensación que no lograba sacudirse. 

Se dijo que no debía mirarlo, que no tenía derecho, pero aun así sus ojos regresaban a él una y otra vez, atraídos por su porte sereno, por la forma en que sostenía la mirada al frente como si nada pudiera tocarlo. 

Cada palabra del oficiante le caía como un golpe seco de culpa.

Cuando finalmente fueron declarados marido y mujer, los aplausos estallaron en el salón. 

Fiorella se obligó a unirse de valor y aplaudir, aunque por dentro algo le dolía lentamente.

Lorenzo besó suavemente a Victoria en la frente, mientras sus ojos traicioneros se desviaban hacia Fiorella.

Pero los aplausos se vieron interrumpidos cuando varios hombres armados y vestidos de negro irrumpieron en el salón. 

Fiorella se puso de pie de inmediato, el instinto  de policía le hizo reaccionar, solo para recordar demasiado tarde que no llevaba su arma.

—Buenas noches, señoras y señores —anunció uno de ellos con una sonrisa ladeada—. Acaba de llegar su entretenimiento.

Lorenzo reaccionó de forma automática. Dio un paso al frente y se colocó delante de Victoria, cubriéndola con su cuerpo. Ella retrocedió instintivamente, aferrándose a su saco, mientras su respiración se volvía errática.

—Largo de mi casa, creo que nadie fue invitado —exclamó Fiorella sin dudar en  colocarse al frente.

—Lo siento hermosa…Pero solo vinimos a darle su regalo de bodas la señora de la casa.

Victoria sintió como todo su mundo se venía a sus pies, retrocedió dos pasos hasta que el chasquido de uno de ellos hizo al montar su arma que se estuviera.

—Ni un paso más señora. Como dijo mi compañero hace unos minutos…Somos el entretenimiento.

Lorenzo dejó salir una pequeña sonrisa mínima, movió su traje y caminó hacia ellos.

—Les recuerdo que esto es una fiesta privada, —dijo Lorenzo firme. —Y ustedes están invadiendo la propiedad privada.

Uno de los hombres sonrió abiertamente mientras alzaba ambas manos en rendición 

—Vaya…vaya aquí tenemos un héroe —dijo el hombre bajando los brazos. 

—No se preocupen no pensamos quedarnos mucho que darnos tiempo. Espero y disfruten el vídeo. 

El hombre hizo una pausa y se giró nuevamente 

—Ah y solo para aclarar este video, es solo el resumen de toda una semana 

El video empezó a reproducirse, mientras Victoria sentía como la sangre le subía a la cabeza.

—¡Alto detengan ese vídeo! —dijo Victoria.

El hombre se giró con una sonrisa dibujada en su rostro.

—Lo siento…Pero es un regalo de parte del señor Dante Rossi, felicidades por su boda.

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