Capítulo 5 Capítulo 5
Calma
Victoria corrió e intentó hacerse la frente de la pantalla, pero ya era demasiado tarde.
Las luces se apagaron y ante la mirada atónita de todos los invitados el vídeo ya había empezado a reproducirse.
Victoria en brazos de no solo un hombre, sino de varios, bebiendo, sonriendo. Fiorella llevó las manos a la cabeza y negó.
Tal vez casi nunca se hubiera llevado bien con su madre. Tal vez ella hubiese querido el amor de una madre de verdad, pero en ese momento ella no merecía está humillación.
Sin dudarlo un segundo, caminó hacia el frente, tomó una silla con ambas manos y la estrelló con fuerza contra la pantalla.
—¡La fiesta se acabó!, —gritó ella—. ¡Largo todos… ahora!
Lorenzo quien hasta el momento se había mantenido al margen, se giró con la mandíbula tensa, miró a Victoria con desprecio y lanzó la copa que estaba sobre la mesa con violencia sobre la pared.
El cristal se rompió en mil pedazos, nadie se atrevió a moverse, ni un solo milímetro, solo cuchicheaban. Algo que Fiorella tampoco iba a permitir.
Salió del salón y fue directo hacia la biblioteca, sacó el arma que siempre dejaban sobre la cómoda ahí, cargada y caminó de nuevo hacia el salón.
El primer disparo hizo que todos gritaran.
Él segundo obligó a los invitados a tirarse al suelo.
Él tercero hizo que el pánico se apodera de los invitados.
—¡Largo de mi casa!, ¿Acaso no entienden que la maldita fiesta se acabó!
Victoria salió corriendo incluso antes que los invitados, tropezando con mesas e invitados.
Fiorella quedó al medio del salón, su pecho subía y bajaba con gran desesperación. Bajó sus manos mientras veía como todos los invitados corrían despavoridos.
Mateo, quien estaba hasta ahora en silencio, tomó una copa de una mesa cercana y caminó hacia ella.
Fiorella lo vio acercarse, alzó la mirada aún con su pecho latiendo a mil por segundo, aún con sus ojos vidriosos.
—¿Una copa? —ofreció Mateo estirando la copa de champagne que había tomado.
Fiorella no respondió, alzó la mano y la tomó, la llevó a su boca y la bebió todo de un solo sorbo.
Lorenzo desde el otro extremo del salón y quien estaba viendo, tenso su mandíbula, por lo visto su hermano se quería pasar de listo.
Cerró sus dedos con violencia, apretando la mano tan fuerte que su puño se estrelló contra la mesa, se puso de pie y salió de ahí.
Camino con pasos firmes, subió al auto y cerró la puerta de un solo golpe. En pocos minutos llegó al club.
Entre tanto, Fiorella escasamente alzó la mirada, sus pasos firmes resonaron. Mateo sonrió lentamente y caminó detrás de Fiorella quien caminaba hacia el salón.
—No se quien diablo seas y tampoco me interesa, así que largo de mi casa —dijo Fiorella, sin apartar la mirada
Mateo sonrió lentamente
—Creo que nos vamos a llevar muy bien —espetó Mateo.
Fiorella rodó los ojos y se giró con fuerza y aún con el arma en sus manos y apuntó directo en el pecho de Mateo
—No estoy bromeando. ¡Largo de mi casa!
Mateo alzó las manos en señal de rendimiento, con una sonrisa amplia en su rostro.
—Creo que no empezamos con el pie derecho —dijo Mateo acercándose a Fiorella. —O mejor dicho… nadie nos presentó. Mucho gusto, soy el hermano del novio, Lorenzo Moratti.
Fiorella bajó la mano y quitó el seguro del arma.
—Aun así largo…no quiero a nadie extraño en mi casa —dijo Fiorella con voz firme.
Mateo no retrocedió, al contrario se acercó más a ella, llevó las manos a los bolsillos de su pantalón y la rodeó como cazador a su presa.
Mientras tanto, a kilómetros de ahí, Dante bajaba del auto, y caminaba con el rostro apenas endurecido.
Su sonrisa era pequeña, pero lo suficiente para mostrar que las cosas habían salido como él quería.
—¡Señor Dante!... Bienvenido —dijo Pablo, su mano derecha. Inclinando levemente la cabeza
Dante lazo una mano y siguió su camino hacia su oficina. El ruido era bastante fuerte, aún así él siguió su camino.
—Felicidades —exclamó Dante sin alzar la mirada.
Pablo sonrió, sabía que había hecho un buen trabajo, aunque la cara de su jefe demostrará lo contrario.
—Señor me alegra que todo haya salido a la perfección…solo tenemos un pequeño detalle —Pablo hizo una pausa. —Uno de los hombre que envié a hacer el show central en su boda, dejó caer algo muy importante
Dante lazo la mirada, mientras Pablo trago saliva. Sabía perfectamente que lo que seguía no le iba a gustar para nada a Dante.
—Habla —ordenó.
Pablo bajó la voz.
—Señor…el hombre dejó caer la dirección de este club. Y usted y yo sabemos lo que significa
Dante cerró los ojos un segundo. Apenas lo suficiente para tomar aire. Se puso de pie con calma, llevó la mano a la pretina de su pantalón y sacó su arma.
