Capítulo 6 Capítulo 6
A su nombre
Pablo trago saliva y dio dos pasos hacia atrás, sabía perfectamente que no debía cometer ningún error, incluso si esta vez no hubiera sido su culpa.
Dante caminó hacia él con pasos firmes y decididos, estiró su mano dejando ver el brillo del metal.
—¿Sabes lo que significa eso verdad? —preguntó Dante sin alzar la voz.
Pablo asintió de inmediato
—Señor sé muy bien que nadie debe relacionar este bar con usted…—hizo una pausa, buscando las palabras perfectas. — Pero créame, se me sale de las manos.
—Las cosas no se salen de las manos, maldita sea. Las cosas se permiten —dijo con calma—, y tú permitiste que un pequeño error lleve todo esto a la maldita basura.
—¿Problemas hermanito? —preguntó Mateo ingresando.
Él había llegado sin anunciarse, como siempre. Demostrando una tranquilidad que no sentía.
Dante no se giró, solo guardó el arma y volvió a su silla. Mientras hacía un ademán para que Pablo se retirara.
—Creo que deberías tener más cuidado —dijo Mateo e hizo una pequeña pausa. — Nunca se sabe cuando van a cometer un error… o cuando ese error nos costará algo mucho mayor.
Mateo deslizó la mano por el escritorio, y dejó el papel doblado frente a su hermano.
Mientras tanto, en la mansión Greco. Fiorella caminaba de un lado a otro en su habitación.
Su mente estaba hecha un ocho, aún no entendía como Dante Rossi se había atrevido a tanto. No había duda, no hacía falta aclarar que los hombres armados habían sido enviados por él.
¿Pero que ganaba?, ¿Por qué se había obsesionado con su familia y que quería de su madre?
Fiorella estaba tan sumida en sus pensamientos que no sintió el momento en que Victoria entró a su habitación.
—¿Fuiste tú?, ¿Verdad? —preguntó.
Fiorella se giró, sólo para encontrarse con los ojos rojos de lleno de ira de su madre
—¿De qué hablas? —respondió Fiorella con frialdad.
Victoria dió dos pasos hacia ella y sin importarle absolutamente nada, estiró su mano y abofeteó a Fiorella.
La cabeza de Fiorella giró por la fuerza del impacto. Llevó la mano lentamente la mano a su mejilla, respiro hondo y trató de controlarse. Aunque era imposible, Victoria nuevamente había cruzado el límite y ella tampoco se lo iba a permitir.
—Te equivocas madre…aunque me hubiera gustado decirte que si fui yo —Fiorella hizo una pequeña pausa, tragó saliva y siguió. —Pero no tengo nada que ver con esos vídeos, donde claramente te divertidas.
—¿Y pretendes que te crea? —escupió con rabia. —Siempre trataste de hacerme caer, pero no lo vas a lograr.
—Siempre quise entender por qué tú amor siempre fue condicionado para mí —dijo Fiorella con la voz quebrada —. Mientras yo me esmeraba por hacerte feliz, tú simplemente creíste lo peor de mi.
Hizo una pequeña pausa, tragando el dolor que sentía.
—Pero te equivocaste madre. Está vez fue Dante Rossi el encargado de arruinar tu maravilloso día, lo que no entiendo es…¿Por qué Dante Rossi sigue detrás de nuestra familia, si ya mató a mi padre?
Las manos de Victoria empezaron a temblar, al igual que el color de su rostro la abandonó. Como si las palabras de su hija hubieran tocado un punto sensible para ella.
—Te equivocas…Fuiste tu.
Fiorella alzó el mentón y miró fijamente a Victoria.
—Mamita hermosa, yo también te amo —continuó con una calma venenosa, —pero creeme que no haría nada por hacerte daño, de esto te encargas tú sola.
Victoria abrió su boca e intentó responder. Pero Fiorella no le dió tiempo.
—Solo te recuerdo —añadió dando un paso hacia su madre— Voy averiguar toda la verdad y no pienso descansar hasta atrapar al maldito de Dante y no me va a importar ver caer al que esté al lado.
Victoria tenso su mandíbula, se giró y salió de ahí. Fiorella se dejó caer sobre la cama y cerró los ojos.
Mientras tanto, en el club Dante se colocó de pie, arrugó el papel y lo tiró al bote de basura.
Mateo lo siguió con la mirada, sin decir una sola palabra, no quería provocar el volcán que Dante llevaba por dentro, al menos no era la hora.
Dante caminó y pasó justo al lado de Mateo, quien alzó una ceja .
—Te recuerdo que esto es gracias a ti, todo esto es gracias a ti, así que no esperes que te agradezca haber encontrado el bendito papel.
Mateo sonrió y palmeó el hombro de Dante.
—No te preocupes hermanito —dijo Mateo con sarcasmo —. Aunque me temo que solo ayudaré hasta cierto punto. Y con respeto a no acercarme a Fiorella, no lo pienso cumplir.
Dante tensó su mandíbula, no iba a discutir.
No ahora.
Se giró y salió de ahí.
Entre tanto, Mateo sonrió lentamente. Caminó hasta estar cerca del escritorio, dejando que las manos rozara por el escritorio, como si muy pronto fuera para él. Tomó su celular y marco.
—Sí jefe —respondieron al otro lado.
—Quiero que hagas lo acordado —dijo Mateo con voz tranquila.
—Ah, recuerda que mi hermano no debe saber. Pero debe ser a su nombre.
—Por supuesto jefe —respondieron al otro lado —. Ahora mismo pondré la pista, y desde luego todo estará como usted lo pidió.
