Capítulo 48 Beso de guerra

El despacho estaba sumergido en una penumbra tensa, rota solo por el crepitar errático de las brasas en la chimenea, que proyectaban sombras alargadas y danzantes sobre las paredes revestidas de madera. Alejandro permanecía de pie junto al ventanal, con la copa de whisky olvidada en la mano; su silu...

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