Capítulo 50 Lo que queda cuando el monstruo ya no tiene a quién cazar

Habían pasado veintitrés días desde que Camila recibió las llaves

y diecinueve desde que las usó por primera vez para abrir y cerrar la puerta.

Veintitrés días en los que la suite había dejado de oler a refugio provisional. Ahora olía a café compartido, a la crema de ella en el baño, a los libros q...

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