Capítulo 6 Por el
MAX
Abrí los ojos de golpe, sentí cómo mi respiración estaba agitada y un poco entrecortada. Mi cabeza dolía demasiado así que me llevé las dos manos a mi frente y la apreté. ¿Qué había pasado? Levanté la vista, me di cuenta de que estaba tirado en el pavimento cerca de la casa de Nisha. Mis pantalones estaban medio rotos y mi camisa era blanca, sucia. Me puse de pie con dificultad, observando para todos lados.
¿Qué hacía aquí? Era de tarde al parecer, a lo lejos veía el sol ocultándose. Busqué a alguien cerca, una persona, pero no había nadie. Giré para mirar la casa detrás de mí: era bastante grande, de dos pisos, color verde. Afuera habían unos escalones para llegar a la puerta de entrada y en el jardín habían girasoles plantados allí.
Conocía la casa, era la de Nisha; pero ¿en qué momento llegué aquí? No lograba recordar nada, no recordaba haber caminado hasta aquí, no recordaba. Quizás me había emborrachado en el día y por eso no recordaba del todo; solía pasarme seguido. Aunque era comprensible porque mi cabeza dolía demasiado.
Tengo que dejar de tomar así.
Me giré sobre mis talones para volver a casa, pero me detuve en seco al ver a una persona caminando hacia acá. Era Nisha, esa chica que iba a mi universidad y hablaba con la novia de Davis: Loren. Más de una vez me la había encontrado por ahí pero nunca le he hablado. Me parecía que era un poco antisocial.
Nisha venía un poco desorientada, viendo para ambos lados como buscando algo. Mientras más se acercaba noté que su ropa estaba sucia y un poco rota. ¿Qué le había pasado? Parecía que había tenido una especie de accidente. En el fondo me preocupé, lo admito.
Me acerqué a ella a paso rápido.
—Nisha, ¿estás bien? —le pregunté, sintiéndome extraño porque jamás interactuábamos.
Pero la chica me ignoró, es más, ni siquiera me miró.
Auch, golpe bajo.
—Está bien, no me hables —elevé las manos en forma de paz y me hice a un lado para que pasara. Pero había algo que me llamó la atención, nuestros codos chocaron, pero ni siquiera lo sentí.
Genial, la borrachera que me había puesto me había dejado realmente mal.
La chica se miraba asustada y un tanto demacrada; no entendía el por qué quería cerciorarme de que ella estuviera bien. No me entendía. Así que la seguí.
—Oye, sé que tú y yo no nos llevamos bien pero me gustaría saber si necesitas algo... te ves realmente mal —Nisha subió los escalones de su casa y llegó a la puerta principal.
Pero siguió ignorándome. ¿Quién ignora a Max Stuart? Por Dios. La chica abrió la puerta y se adentró, me adentré también. Dentro de su casa tendría que hablarme, no tendría opción.
—¿Mamá? —preguntó, cómo cerciorándose de que su madre estuviera. Pero no recibió respuesta.
—Oye, no tienes otra opción que hablar conmigo —me crucé de brazos, encarándola.
Pero ella siguió sin decir nada, es como si yo no estuviera aquí. La chica subió las escaleras, perdiéndose en el piso de arriba. Me debatí en si subir o no; ella ni siquiera me dice nada; ella me ignora a pesar de estar en su casa. Y ahora subió las escaleras y se fue, dejándome solo aquí abajo.
Subí las escaleras también con algo de lentitud y busqué la que sea su habitación. Al final del pasillo escuchaba agua caer, era la ducha, así que supuse que esa era la suya. Caminé y me adentré un poco. El cuarto era pequeño, estaba más o menos arreglado y tenía una pileta de libros en una esquina. Siempre me la imaginé así.
Busqué mi celular en mi bolsillo pero no lo encontré, solo espero no haberlo perdido en algún lugar. Tenía mucha información allí. Me acerqué al baño, pero me quedé en el marco de la puerta. La puerta de la ducha era de cristal, es por eso que miraba su silueta desde aquí.
¿Qué estoy haciendo? Parezco un pervertido.
La chica sale, su cuerpo está envuelto en una toalla y pasa a mi lado como si nada.
—¿Seguirás ignorándome? —la quise tomar del brazo para que me mirara, pero mi mano no logró tomar el suyo, sino todo lo contrario, lo traspasó. Me quedé de pie, intentando procesar lo que había pasado.
¿Qué?
Cuando Nisha se quita la toalla y se empieza a vestir me giré, no podía ser tan degenerado como para verla. Aunque con las demás chicas no era así, ¿por qué con ella sí? Eso me sorprendió. Minutos después alguien toca el timbre, Nisha sale así que la sigo. Pero va corriendo.
Cuando baja y abre la puerta es Loren.
—Gracias a Dios, Loren, necesito que le digas a tu amiga que no le he hecho nada como para que me ignore así. —le dije a Loren, pero ésta tampoco me miró.
—Al fin llegas —le dice Nisha, cerrando la puerta.
—Te ves pálida —le responde ella.
—No sé lo que pasó —le empezó a decir Nisha— Estaba desmayada en la alcantarilla del parque y sucia. ¿Me estoy volviendo loca?
Me sorprendió lo que le dijo, ella también había aparecido desmayada a unos metros de mí. ¿Se había emborrachado también? De ella no lo creería.
Loren duda un poco. Conocía bien a Loren, guardaba muchos secretos. Cuando salí con ella lo pude notar.
—No lo estás —le responde Loren.
Bueno, al parecer todos hoy me estaban haciendo la ley del hielo o solo bromeaban conmigo. ¿Querían hacerme una sorpresa por mi cumpleaños? Faltaban meses aún.
Loren se sienta y golpea el lugar junto a ella para que Nisha también lo haga.
Loren empieza a decirle cosas sobre no haber comido en todo el día y por eso se dio el desmayo.
—Necesito que me digan qué es lo que está pasando aquí —me incliné hacia las dos. —Basta de sus jueguitos, Loren, mírame —quise tomarla de la cara pero no pude. Eso me dio impotencia y el miedo se abrió pasó en mí. —¿Qué es esto?
Me miré las manos como si hubiera algo en ellas, pero estaban normales. ¿Estaba teniendo alguna clase de pesadilla acaso? Porque no entiendo ni mierda de lo que está pasando aquí. Me reincorporé sintiendo algo extraño dentro de mí. De pronto me sentí mareado, todo daba vueltas.
—... Se trata de Max Stuart, Nish.
Puse atención a lo que dijo Loren ahora sí, hablaban de mí.
—¿Y a mí en qué me afecta lo que le pase a él? —le respondió ella rodando los ojos.
Fruncí el ceño ante su actitud. Al parecer me odiaba. ¿Quién podría odiarme?
—Es que Max... —Loren suspira. Yo estaba atento a sea lo que sea que dirá de mí—... es duro decirlo porque salí con él una vez así que me siento extraña.
Bufé, Loren aún no me superaba. Lo que me parecía loco y estupido es que ellas estuvieran haciendo como si yo no estuviera aquí y no las pudiera escuchar. Solo quiero ver hasta donde son capaces de llegar con su jueguito. De seguro es alguna broma de Davis y Loren convenció a Nisha de participar.
—Solo dímelo, Loren, sin rodeos.
—Max murió —suelta Loren.
¿Qué mierdas está diciendo?
—¿De qué hablas? ¿Cómo pasó?
—Fue esta mañana. Lo encontraron en su habitación, Nish, él tenía una bala en su cabeza —Loren solloza. Nish se acerca y le soba su espalda— Me lo confirmó Davis.
¡Davis! Sabía que se trataba de una maldita broma de su parte. Caminé al espejo que estaba en la sala y respiré aliviado cuando miré mi reflejo, mi respiración hizo que el espejo se empañara.
Davis me las pagaría.
Con mi dedo dibujé una M en el espejo y me giré para volver con las dos chicas que querían burlarse de mí.
—Davis lo está más. Eran mejores amigos desde niños. Imagínate —Loren sorbió su nariz— Al parecer fui un suicidio. Encontraron una nota con él.
¡Qué estupideces!
Me dirigí a la puerta e intenté abrirla, pero mi mano no podía. Entré en pánico al notar que mi mano traspasaba la manija de la puerta.
—¿Qué es esto? —espeté con algo de enojo ya— Vamos.
Sin embargo, no podía, busqué a Loren con la mirada, ésta venía hacia mí y abrió. Aproveché para salir, cuando estuve en la calle corrí lo más rápido que pude para poder llegar a mi casa. Estaba seguro de que Davis estaba allí.
—Con estas cosas no se juega, Davis —dije entre dientes. Al cruzar la calle y llegar frente a mi casa me detuve un poco. Pero no me sentía cansado, lo cual me pareció un poco extraño porque había corrido más o menos bastante. Sin embargo, cuando miré a mis padres vestidos de negro y a un carro fúnebre en un costado supe que algo estaba mal.
Tragué grueso y me acerqué a ellos con lentitud.
—Mamá —la llamé, pero ella no escuchó— ¿qué pasó?
—Mi hijo —sollozó en el hombro de mi padre— Mi pobre hijo.
Todo pasó como en cámara lenta, todo parecía producto de una pesadilla. Cuando cuatro chicos bajaron la caja del carro y pasaron justo a la par mía me di cuenta de la triste realidad, porque dentro de esa caja pude verme a mí. Pude ver ese balazo que había en mi frente. Pude verme pálido y con los ojos cerrados. Pude verme... muerto.
—¿¡Qué es esto?! —grité para que me escucharan— ¿¡Qué mierdas es esto?! —me golpeé la cabeza lo más fuerte que pude para poder despertar de esta pesadilla— ¡Despierta! —me obligué— ¡maldita sea, despierta! —pero cuando abrí los ojos todo seguía igual. Mis padres llorando, gente viniendo a casa y dando el pésame.
Retrocedí porque no podía estar ahí; retrocedí y corrí por la carretera sin dirección alguna; solo quería huir de lo que estaba pasando, quería huir de la triste realidad. Solo quería huir de la terrible verdad que era estar muerto.
