Capítulo 11 Ella

Cole se recostó en su sillón de piel, observando a Salma con una mezcla de irritación y una fascinación que no podía admitir, menos delante de Abigail. Hacía años que nadie —absolutamente nadie— se atrevía a ensuciar su cenicero de Murano o a ignorar sus órdenes con tanta naturalidad como lo hacía e...

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