
No lo cuentes dos veces. La casamentera del Ceo
Pamela Hormazabal · En curso · 69.8k Palabras
Introducción
El CEO de Livingston Inc. Es un hombre frío y calculador que ve el matrimonio como una transacción necesaria. Él necesita una esposa; ella necesita el dinero.
Cuando Cole contrata a la mejor agencia para encontrar a la candidata ideal, no imagina que la mujer a cargo es la misma chica de la que una vez se burlaron por su culpa. Abigail tiene dos opciones: cobrar su venganza o caer de nuevo bajo el hechizo del hombre que nunca supo su nombre.
¿Pero qué pasa si decide hacer las dos cosas?
Por otro lado, mientras Abigail busca a la mujer perfecta para el Ceo, Cole empieza a notar a esa “desconocida" que parece leer sus pensamientos. ¿Qué pasará cuando las máscaras caigan y la verdad de lo que ocurrió hace diez años salga a la luz?
En el juego de las apariencias, hay secretos que no se pueden contar dos veces y mucho menos cuando eres parte de ellos.
"Ella tiene el contrato. ÉL tiene el imperio. Diez años después, el juego ha cambiado"
Capítulo 1
Cole Livingston
El piso 42 de la torre Livingston vibraba con la tensión que solo el dinero y la arrogancia saben generar. Todos corrían de un lado para el otro, sin saber qué dentro de las cuatro paredes de mi oficina se estaba provocando el caos que podría terminar con todo. Estaba acostumbrado. El silencio nunca era absoluto —aunque lo deseara como si fuera mi tabla de salvación—. Siempre había algo que lo impedía. A veces el zumbido bajo de los servidores. Otras, el eco distante de tacones en el pasillo y la mayor parte del tiempo, el murmullo contenido de los asistentes que sabían que en este piso no se respiraba, se sobrevivía. Pero hoy… particularmente hoy el sonido era distinto. Tenía la densidad del mercurio: tóxico, brillante y asfixiante. Tan parecido a mí que podría usarlo como para uno de mis nuevos comerciales, pero no era el momento. Hoy, había una crisis de nivel monumental y yo era el protagonista principal.
Caminaba de un lado a otro jugando con las manos en los puños de mi traje, ajustándolos una y otra vez como si el problema estuviera en la tela y no en la situación que me estaba drenando el poco aire que entraba a mis pulmones.
Y qué o más bien quién era la culpable de mi desgracia. La mujer que me crio, la matriarca de una familia rota. Mi abuela, Gertrude Livingston ella no daba ultimátum vacíos, no amenazaba. Ejecutaba sin un ápice de misericordia. Y esta vez, la ejecución era simple: o me casaba… o perdía el control de la joya de la familia, la empresa que yo mismo había rescatado de la obsolescencia.
Solté una risa seca, un ladrido sin humor que rebotó en los cristales blindados.
—Un matrimonio —murmuré, pasando la mano por mi mandíbula—. Como si fuera una adquisición de activos.
—Esas fueron sus palabras— me vuelve a repetir Marcus, mi amigo y abogado de confianza, aunque más confianzudo con mi abuela estaba en este momento —. Mira, Cole. Puede ser que te sea extraño que esa sea la solicitud de tu abuela, pero ya está un tantito cansada de leer los titulares y no especialmente de the Economist.
Y ahí estaba el problema. Mi abuela me tenía peor que cualquiera de mis contrapartes y no lo era por el trabajo. Ese que yo hacía a la perfección.
Las adquisiciones no te miraban a los ojos durante la cena. No exigían una credibilidad emocional que yo no poseía. No tenían que convencer a una junta directiva de tiburones de que el hombre al mando no era un sociópata corporativo—como si lo era—, sino un líder con valores familiares.
Me detuve frente al ventanal. Nueva York se extendía, una maqueta de luces y asfalto. Todo lo que veía… lo había ganado yo. Cada edificio con mi logo, cada contrato firmado con sangre ajena, cada nombre que se inclinaba cuando yo entraba a una sala. Y aun así, mi legado pendía de un anillo.
—Necesito una esposa —repetí, bajando la voz hasta que sonó como una amenaza.
No quería una alianza por amor; el amor era un error de cálculo. No quería una mujer que viera en mí una cuenta bancaria con tres piernas. Ya había probado eso… tres veces. Tres errores perfectamente diseñados para explotar en mi cara en el momento exacto.
«Demasiada coincidencia.»
Giré lentamente, volviendo hacia el escritorio. Tomé la tablet y revisé los titulares que sangraban en la red:
“Cole Livingston: incapaz de mantener una relación estable”
“¿Problemas de compromiso o algo peor?”
“El soltero de oro se oxida: otro romance fallido”
Apreté la mandíbula. No solo era mala prensa. Era un patrón de sabotaje. Y los patrones siempre tenían un arquitecto.
—Señor —la voz de mi asistente, Joshua, interrumpió mis pensamientos desde la puerta—. Hay algo que debería ver. El filtro de seguridad acaba de validar una propuesta externa.
Le hice un gesto seco para que hablara. Joshua no solía interrumpir a menos que el edificio estuviera en llamas o hubiera dinero de por medio.
—Hemos recibido una recomendación directa de la firma de abogados de su abuela. Una agencia… bastante exclusiva. Se especializan en lo que llaman Relaciones Estratégicas de Alto Perfil.
—Yo no tuve nada que ver—me dice Marc con las manos en alto.
Alcé una ceja, la incredulidad tiñendo mi gesto.
¿Ya no podría confiar ni en mi sombra?
—¿Relaciones estratégicas? Suena a prostitución con un barniz de marketing de lujo.
—No exactamente, señor. Ellos no venden compañía. Construyen identidades. Historias creíbles. Perfiles diseñados para encajar en entornos de alto nivel donde la imagen es el activo más valioso y conseguir matrimonios por conveniencia su resultado final.
—¿Nombre?
—“Aurum Consultancy”.
El nombre se quedó flotando en el aire… Aurum… Oro. El estándar universal de la perfección fabricada en un laboratorio social.
—Envíame el documento —ordené.
En segundos, el archivo apareció en mi pantalla. Lo abrí con una mezcla de escepticismo y una curiosidad punzante. Sentía la respiración de Marc tras mi nuca.
—Puedes sentarte en tu asiento.
—Lo siento, su majestad, pero quería ver.
—Idiota. Eres mi abogado, trabajas para el bufete de tu padre— por obviedad, el que me envió esto— ¿y no sabes nada? No sé si creerte.
—Sabes que lo que oí fue lo que te acabo de decir. Si mi padre sabe que te he venido con el chisme no solamente tú estarás frito, también yo.
—Maldición —mascullé entre dientes y volví a mi lectura.
Todo estaba impecable. Demasiado…
Perfiles detallados, historiales educativos verificables, evaluaciones psicológicas de “candidatas” que parecían salidas de un catálogo de la aristocracia moderna. Simulaciones de interacción pública bajo presión de la prensa y cuánta locura se le pudiera pasar por la cabeza a una escritora de novelas de romance.
Era como si alguien hubiera tomado el caos de las relaciones humanas, lo metiera a una licuadora y lo hubiera convertido en un algoritmo. Mi tipo de lenguaje. Mi tipo de control.
—¿Quién es el cerebro detrás de esta farsa? —pregunté sin apartar la vista de los datos.
—La directora ejecutiva. Abigail Smith.
El nombre era genérico, casi un alias. Y eso, en mi mundo de apellidos compuestos y linajes europeos, era una anomalía. Deslicé el dedo y busqué su perfil personal. Vacío. No había fotos en galas, ni entrevistas en ninguna revista de economía, tampoco escándalos de juventud. Nada. Era un fantasma dirigiendo una fábrica de realidades.
—Curioso… —murmuré. Las personas poderosas siempre dejan rastro, aunque sea para presumir de su discreción. A menos que su poder resida precisamente en no ser encontrados.
Sentí un chispazo eléctrico, algo que no experimentaba a menudo: interés real por un oponente.
—Agenda una reunión —ordené—. Ahora mismo.
—¿Estás seguro?—me preguntó mi amigo y casi ex abogado.
—Como que me llamó Juanito.
—Cole.
—Has lo que te pido —le recalco a Joshua sin dejar de mirar a Marcus.
—¿Presencial? ¿Envío el coche?
Lo pensé un segundo, observando el reflejo de mi propio rostro cansado en la pantalla negra.
—No. Primero quiero ver cómo juega en mi terreno. Video llamada. A las 18:00 horas en punto. Ni un segundo antes, ni uno después.
—Si, señor.
Últimos capítulos
#65 Capítulo 65 Piensa, Abby, piensa.
Última actualización: 6/3/2026#64 Capítulo 64 No me tientes
Última actualización: 6/3/2026#63 Capítulo 63 El arte de la capitulación forzosa
Última actualización: 6/3/2026#62 Capítulo 62 El dilema del botón rojo
Última actualización: 6/3/2026#61 Capítulo 61 Ay, ya valimos...
Última actualización: 6/3/2026#60 Capítulo 60 El deshielo de los noventa minutos
Última actualización: 6/3/2026#59 Capítulo 59 Dos genios y un manual de supervivencia p2
Última actualización: 6/3/2026#58 Capítulo 58 Dos genios y un manual de supervivencia
Última actualización: 6/3/2026#57 Capítulo 57 El anzuelo de la princesa
Última actualización: 6/3/2026#56 Capítulo 56 El laberinto magnético
Última actualización: 6/3/2026
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—
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—
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