Capítulo 20 20

—Entonces deja de hablar del día noventa como si fuera una sentencia.

Rafael mantuvo una mano en mi cintura. La otra seguía en mi nuca, con el pulgar rozando la piel que acababa de besar.

—No puedo prometerte el día noventa y uno en medio de una gala.

—No te pedí una promesa.

—¿Qué me estás pidiendo...

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