Capítulo 5 Está aquí
KENZIE
Habían sido duros estos días, trabajando de noche y descansando de día por medio tiempo, mientras que el otro lo ocupaba para ir a la preparatoria a intentar convencer a la directora de que me aceptara en la escuela, le planteé varios de mis problemas, que eran mentiras obvio, para que me dejara quedarme. Al principio no quiso, pero después de recibir una extraña llamada me dijo que si.
Agradeci a quien fuera que me haya ayudado porque necesitaba salir de la preparatoria, necesitaba crear mi futuro. Hoy era lunes, inicio de escuela, comenzaba el último curso. Estaba arreglándome mi ropa, decente, cuando mi celular sonó.
Era Carolina.
—Hola, Caro —la saludé, acomodándome el cabello.
—Feliz primer día de escuela, Kenzie —sabía que estaba sonriendo, yo también le sonreí—. ¿Como hiciste para que te aceptaran?
—¿Y tú cómo hiciste para saber que me habían aceptado —me quedé pensativa—. Espera, Carolina, ¿como hiciste para saber en donde estaba?
La escuché suspirar.
—Vamos, Kenzie, sabes que a Kayler nada se le escapa, ese chico es como una computadora súper actualizada. Sabe todo.
Rei. El tiempo que viví allí me había dado cuenta de eso.
—Pues que suerte tienes por tener un novio así —le dije—. Y pues no lo sé, la directora me acepto así sin más, es decir, al principio no la convencí muy bien que digamos pero después si. Me pareció extraño la verdad. Estaba por resignarme.
—Sabes que eso no te lo creo —agrego—. Eres Kenzie, nunca te das por vencida, eres capaz de amarrarte a un pupitre del aula de clases con tal de que te dejen allí.
Sonreí.
—Tienes razón —tome mi bolso—. Es hora de que esa Kenzie vuelva.
Había dejado a esa Kenzie atrás, en el pasado, pero creo que era hora de que esa chica volviera. Era hora de que superan que nada me podía derrotar, hoy en el colegio la pondría en práctica.
—Si, bueno, me cuentas que tal te fue en el primer día —la escuché bostezar. Siempre con pereza—. Kayler me pasará buscando en cualquier momento —dijo—. Te dejo, le doy tus saludos a Anne, no te preocupes. Ella y Thomas están más que bien. Después de ese encuentro de fin de año parece estar todo mejor —suspiró.
Me tensé, aún no quería hablar con Anne, pero sabía que algún día lo tenía que hacer.
—Vale.
Corte.
Miré mi ropa, había escogido algo sencillo, algo que no va con la Kenzie que quería sacar a relucir. Clara me pasará buscando en unos minutos para irnos juntas al colegio, ella estaría en mi aula, eso era bueno. No le había comentado nada de los lobos y no pensaban decirle a nadie más. Era obvio que esos chicos de la mafia llevaban chicas a esa mansión para darles de comer a esos lobos.
Busque algo mejor en el armario, escogiendo un pantalón color negro, ajustado; una camisa en blanca que va por dentro y una chaqueta en color gris. Me quité mi antigua ropa de un santiamén y me puse la que recién había escogido rápido.
Peiné mi cabello, dejándolo suelto. Puse algo de brillo en mi boca. Tomé mi bolso y salí de mi habitación, en eso la puerta del departamento sonó. Me apresuré a abrir.
—Hola, Jade, ¿lista? —me saludo Clara. Ella llevaba una falda un poco más corta de lo normal, unas sandalias de tacón y una camisa que mostraba su ombligo. También llevaba su abrigo en la mano, junto con su bolso.
Wow.
—Si, lo estoy —respondí, sonriendo.
—Aún no entiendo como la directora, esa señora tan ruda y gruñona, te dejó entrar a la prepa a estas alturas. Te lo digo, amiga, solo los grandes logran algo así. Sin ofender.
Cerré la puerta tras de mi, empezando a caminar por el pasillo.
—No importa, lo que realmente me interesa es graduarme.
—Eso es cierto.
Llegamos al ascensor, nos adentramos, apreté el botón del living, las puertas se cerraron.
—¿Hay algo que tengas que ponerme al día con respecto a la escuela? —quise saber.
—Hmmm solo tienes que saber que hay una chica que se las da de la gran cosa —murmuro. Eso era obvio—. Y qué lo mejor de todo es que los chicos "máfia" están en el colegio, también en último año, solo que ellos están en otra aula. Eso es lo malo.
¿Era enserio? ¿Tenía que ver a esos cuatro chicos en el colegio también? Desde aquel horrible día no los había visto por el bar, ni al que me tiró la charola. Bueno, aunque no los conocería porque llevaban antifaz y así. Era cierto, no los conocía.
Las puertas se abrieron.
—Lo que faltaba —fue lo que respondí.
—¿Estas de broma? —me miró—. Ellos son los más populares allí, ¿Sabes cuantas chicas matarían por estar cerca de ellos? ¿Por tener una mínima atención de su parte?
—¡Adiós, señorita Jade! —escuché que Carl me dijo.
Me giré a él.
—¡Adiós, Carl, nos vemos más tarde! —le hice una señal de adiós con la mano, para luego girarme a Clara.
—Además, hay uno que es nuevo en el grupo, llegó hace un mes creo, o más —murmuro, pensativa. Habíamos salido a las calles. El día de hoy estaba nublado, habían nubes grises en el cielo que cubrían el sol—. Pero igual esta más guapo que los otros. La verdad es que los cuarto son súper guapos. Aún no se como se llama, pero tiene poco tiempo de estar aquí y ya es como el jefe de ellos o algo así. Hoy lo conocerás.
Creo que Clara en verdad estaba obsesionada con esos chicos, a mí más bien me estaba dando migraña. ¡Help! Lo que sea, empezamos a caminar en silencio por las calles de Janesville, como no le contesté a Clara ella no dijo nada.
—¿Y Jack no estudia? —quise saber para ablandar un poco el ambiente.
—No, él salió el año pasado —explicó—. Ahora solo es dueño del bar.
—Mejor, sería incómodo tener a tu jefe en la misma escuela. Para mí lo sería.
—Creo que te entiendo, lo mismo me pasa —sonrió.
Llegamos a la preparatoria. Era grande, casi como la de Lewiston, el parqueadero estaba en frente, a los dos lados, habían muchos coches estacionados, incluso bicicletas. Los alumnos llegaban a cada minuto, algunos parecían tener dinero y otros no. Algunos me miraban raro y otros no. Adentro se podía observar que había más movimiento. Era primer día.
—Ven, te presentaré a unas amigas —Clara me tomó de la mano, encaminándome hacia una pareja de chicas que estaban casi cerca de la entrada, platicando— ¡Hola, chicas! —exclamó ella. Las dos se giraron a verla, sonriendo.
—¡Clara, tanto tiempo! —se abalanzó una chica rubia, dándole un abrazo rápido.
—Barbie, ¿qué tal tu viaje a Madrid? —respondió Clara.
—Bastante bien —dijo esta.
—¡Pam! —exclamó Clara, abrazando a la otra chica cabello negro.
—Clarita, ¿que tal el trabajo? —saludó ella.
—Cansado como siempre, amiga.
Al separarse sus miradas pasaron a mi.
—Oh, chicas, ella es nueva, también es mi compañera en el bar —les explico Clara—. Se llama Jade y estará con nosotras.
—Hola —les di una sonrisa de boca cerrada.
—Hola, yo soy Bárbara pero me puedes decir Barbie —me saludó la rubia, sonriéndome.
—Mucho gusto, Barbie.
—Y yo soy Pamela —me estrechó la mano la otra chica—. Pero me puedes decir Pam.
Se la estreché también, solamente sonriéndole.
—Este mes promete estar lleno de sorpresas —murmuro Barbie.
—Si, empezando por Los mafiosos —interrumpió Pam.
—¿Escucharon que este año se les ha unido alguien más? —volvió a decir Clara. Rodé los ojos ya que esto se tornaba algo aburrido, siempre hablando de lo mismo. Bla bla bla. Era molesto. Solo escuchaba por parte de ellas "alguien que parece ser el jefe, la cabecilla" "Los cuatro son un amor" y así sucesivamente.
Estaban llegando más chicos a cada momento, en autos de lujo y a pie.
—Allí viene Hillary —anunció Barbie, señalando con la barbilla un coche deportivo en rojo, en el cual se iba bajando una chica pelirroja. Su vestimenta y actitud me decían que era la que se las daba de gran cosa. Vestía un pantalón en blanco que se adhería a sus piernas, una camisa corta en rosa, una chaqueta de peluche y unos zapatos de tacón. Su cabellera pelirroja iba en una coleta alta. A ella se unieron dos chicas más. Una lleva un vestido volado en azul y la otra una falda en verde.
La verdad me parecieron insignificantes por eso aparté la vista. No les daré el gusto que digan que todas las admiran y por eso las quedan viendo. Las tres ellas avanzaron, pasando por nuestro lado, imagino en dirección a la entrada.
—Y allí vienen ellos —ronroneó Clara, mirando la carretera. Un auto en negro se estacionó allí, bastante lujoso diría yo, así que supuse que "ellos" eran los mafiosos. Ahora si conocería sus caras.
La puerta del asiento conductor se abrió, saliendo de él un chico vestido de negro, llevaba una capucha también. El mundo se me congeló en cuanto pude reconocer su rostro. Sentí que mis piernas temblaban, sentí que me desmayaba. Él venía allí, caminando con aires despreocupados y a la vez con aires de grandeza, venían los demás chicos detrás de él pero no les puse mente. Mi mirada solo estaba fija en el.
Connor al principio tenía la mirada en el piso, pero luego la elevó, mirando al frente, pero no me miró a mi, y eso que estaba casi en sus narices, frente a él. Es como si no me conociera, o en realidad no me ha visto. Ellos pasaron por nuestro lado, juro que los veía como en cámara lenta. Todos se les quedaba viendo, pero yo solo miraba a Connor, al pasar por donde nosotros me giré mientras avanzaban, no creyéndome que Connor estaba aquí, en esta misma escuela.
Pero eso no fue lo que me derribó y me desconcertó más, sino el hecho de que él llegó donde esa tal Hillary y le plantó un apasionado beso en la boca.
Eso si me terminó de derrumbar.
