
Olvidándome del lobo
Jade F. C. J · En curso · 101.1k Palabras
Introducción
Por otro lado, Connor, intenta olvidar la traicion, sin contar que su traicion vive bajo su mismo techo, así que arma un plan: torturarla por haberle sido infiel el tiempo que fueron novios. Sin embargo Kenzie no sabe lo que él es, no sabe que es un hombre lobo. Desapariciones y muertes empiezan a suceder en Janesville, los cuales ella querrá averiguar quién o que las provoca, teniendo un presentimiento de que quizás él y su nuevo grupo tengan que ver. Pero ¿podrá soportar la verdad? ¿Podrá seguir queriendo a alguien que quizás a asesinado a personas inocentes solo por querer olvidar una traicion que no fue más que un malentendido?
Más drama, más misterio y más acción.
Capítulo 1
Meses antes.
Casa de Kayler Brown.
KENZIE
Despierto por un ruido de una puerta siendo azotada, me sobresalto y miro a través de la oscuridad para ver de quien se trata, palmeo el lado vacío a mi lado, dándome cuenta de que Connor no está. La luz se enciende.
—Kenzie —Connor murmura mi nombre, quedándose de pie en el mismo lugar cerca de la puerta, mirando con inexpresividad, serio.
—¿Pasa algo? —me removí de la cama, quitando la sábana y poniéndome de pie.
—¿Cuando pensabas decírmelo? —se cruzó de brazos, su voz era dura.
De inmediato me tensé, apoderándose de mí un miedo que hacía que mi respiración se entrecortase.
—¿D-de que hablas? —susurre con algo de temor, temía que Connor supiera lo que había hecho con Clark. No lo soportaría.
—No te hagas, ya lo sé todo —bramo, acercándose un poco más. Sus ojos estaban más oscuros de lo normal, estaba demasiado enojado y dolido. A veces lo miraba ponerse así pero no sabía que podía ser tan siniestro.
—¿Que sabes? —quise saber.
—Tu y él, estuvieron juntos —espetó entre dientes—. Solo quiero decirte algo, Kenzie..., No vuelvas a acercarte a mi, a partir de hoy tu y yo no somos nada. Olvídate de lo que tuvimos y olvídate de mi. Esto se acabó. —fue lo único que dijo, dejándome helada y con un enorme vacío y dolor en mi corazón. Connor me dio una mirada rápida antes de salir por esa puerta, dejándome.
No había reaccionado, Connor sabía lo que hice pero no sabía porqué, simplemente me dejó y no lo juzgo, lo engañe, lo hice cuando él una vez me había dicho que no soportaba la infidelidad y que si algún día yo lo engañaba puede que nunca me perdone. Y eso es justo lo que hice, lo engañé y ahora Connor, la persona que más había querido, jamás me lo perdonaría.
...----
La actualidad...
Comencé a vivir sola cuando tenía trece años, mis padres me habían mandado a un internado fuera por todos estos años, mi vida en ese lugar no fue del todo... buena. Conocí a muchos chicos, me gustaron, hice cosas, me arrepentí; pero luego conocí a un chico, oscuro y seductor, me llamó de inmediato la atención, sin embargo sabía que me ocultaba algo y lo dejé.
Volví a mi país, llegué a Lewiston en busca de un lugar en donde quedarme, contacté con amigas y termine viviendo con Carolina Lane... y lo más importante es que conocí a un chico. Especial y oscuro, también. Se miraba que tenía secretos. Fue como amor a primera vista, me sentía bien con él, completa y sana. Creía que había oportunidad para mi.
—¿A donde se dirige? —me pregunta la chica que está en la taquilla.
Viajaría en avión, pero no tengo tanto dinero, así que viajaré en autobús. Lejos de este pueblo.
—A Janesville —le dije, entregándole el dinero.
En fin, ¿en que iba? Ah si, en el chico que conocí; resulta que todo en mi miserable vida me sale mal así que él terminó conmigo. Me dejó. Pero esta ves fue mi culpa, olvidarlo resultara un tanto difícil pero tengo que hacerlo. Solo espero que sea lo mejor.
—Aquí tiene —la chica me entrega el boleto, lo tomo—. La ruta que saldrá ahorita a Janesville será la 34, puede ir abordando porque saldrá en unos minutos. Llegara a Janesville para el amanecer.
Le sonreí en forma de agradecimiento, acomódando mi mochila en mi hombro. Eran pasados las 8 de la noche así que dormiría en todo el viaje. Cogi mi maleta y caminé hacia donde se encontraban los buses. La terminal estaba llena, habían muchas personas haciendo filas y comprado boletos para abordar. Era enero, faltaban unos meses para la graduación, tendría que hacer algo para que me aceptaran en el colegio, y si no... pues tocará repetir.
Busque la ruta 34 con la mirada, entre tantos buses, y la encuentro al final. Hay algunas personas abordando. Me apresuro a llegar.
—Buenas noches —me saluda un señor de mas o menos cincuenta años, sonriéndome.
—Hola —devuelvo el saludo, entregándole el boleto.
Él lo toma y se agacha para coger mi maleta más grande.
—Adelante, aún hay asientos disponibles —me dice—. Montare esto —y se va con la maleta. Antes de poner un pie en el escalón me giro atrás. No hay nadie de quien despedirme, nadie vino a verme marchar. Solo puedo decir que pasé momentos muy bonitos aquí. Memorables.
Suspire profundo y me subí, sentándome en un asiento del fondo, a la orilla de la ventana. Hacia demasiado frío, pero así era Lewiston, lleno de niebla, de bosques y friolento.
El autobús hizo sonar su claxon unas cuantas veces haciendo un último llamado a la gente, para después hacer rugir el motor. Por mi ventana noté gotas de lluvia, supuse que llovería. Me abrigue a mi misma, diciéndome que tendría que encontrar un trabajo y una casa. El dinero que tengo no es suficiente.
Mi vida es miserable.
La lluvia se hizo más fuerte, notando que en el cielo se hacían visibles relámpagos para después escuchar los truenos. Será un largo y frío viaje. El autobús empezó a retroceder, cerrando su puerta.
Adiós, Lewiston.
Adiós, Connor.
Una bocina hizo que abriera los ojos de inmediato, soñolienta. El autobús se había detenido, ya era de día. Bostecé, frotándome los ojos. Las demás personas se empezaron a levantar y salir. Hice lo mismo. Busque mi maleta, al encontrarla busque con la mirada un taxi, pero luego pensé en que no sabía a donde ir. Pero sin embargo pare uno.
—Hola, —le dije al chofer antes de subirme—. ¿Sabe donde puedo encontrar un hotel cerca? ¿O apartamentos?
El hombre lo pensó.
—Hay apartamentos en el centro del pueblo, si gusta puedo llevarla a esos. Están cerca de una preparatoria.
Eso llamó más mi atención.
—Está bien, entonces lléveme allí. —abrí la puerta trasera, adentrándome con mis cosas y cerrando después. El chofer manejó por las calles de Janesville, es un pueblo como Lewiston, con bosques y con un poco de frío. No tardamos más de diez minutos en llegar al edificio. Era más o menos grande.
—Gracias —le dije al chofer, pagándole y bajándome. No me lo pensé dos veces, avance hacia adentro, llegando al living. Noté más adelante a un señor en un escritorio. Me acerqué a él.
—Hola, ¿tendrá un departamento disponible? —le pregunté.
Él me examino.
—Si, tenemos uno, está en el último piso. La mensualidad es de 200 dólares.
Abrí los ojos del asombro, 200 dólares era mucho. Mordí mi labio inferior dudosa, pensando en que solo tenía 500 dólares en bolsa. Si pagaba un mes tendría que ahorrar los otros y conociéndome sé que ahorrar no es lo mío. Saqué mi cartera y le entregué, tristemente, 400.
—Pagaré dos meses adelantados —anuncie. Al hombre parecieron brillarle los ojos.
—Está bien —respondió, acariciando el dinero, luego abrió un cajón y de allí sacó una llave—. Aquí tienes, es el número 34.
Al parecer el 34 será mi numero ahora.
—Gracias —le dije, tomándola.
—Solamente tomare algunos de sus datos —me dijo, sacando una libreta y un lápiz—. Dime tu nombre jovencita.
Quería un nuevo comienzo, quería que nadie supiera de mi, quería que olvidaran a Kenzie Coleman, esa chica odiosa y traviesa que tiene un pasado horrible. No quería seguir siendo Kenzie, y lo mejor es que esta era mi oportunidad de comenzar de nuevo.
Sonreí al señor.
—Jade... Jade Arce.
CONNOR.
Fume mi último cigarrillo, dejándolo en el cenicero, llevaba un buen rato fumando, mientras observaba a la chica que bailaba frente a mi en el tubo. Se movía bien, tenía buen cuerpo, tenía tetas grandes y un buen culo. Era casi perfecta. La chica bailaba para mi, a pesar de que este lugar estaba lleno de hombres, silbando y murmurando cosas perversas.
—Amigo, esa chica te va a comer con la mirada —Jack, un amigo, me palmeo el hombro—. Y tú estás igual ¿porqué no solo la compras y ya?
Dude, no me parecía lindo su comentario, pero sin embargo, desde que había desaparecido de la vida de... ella, había estado con muchas mujeres. Demasiadas. Todo por olvidarme de ella. Pero no, no se podía. Odiaba esa mierda.
Apreté los puños y me puse de pie.
—Me voy, no tengo humor para esto hoy —le dije, dejando un poco de dinero en la mesa.
—¿Iras al departamento? —me preguntó Jack, frunciendo ligeramente su ceño.
—Si, necesito descansar—respondí, empezando caminar a la salida.
El sol me golpeó la cara, trayéndome a la realidad de que era de mañana, había amanecido muy rápido, era eso o que ahora solo salía de noche a algún bar con alguna chica. No miraba la luz del día en mucho. Caminé hacia el edificio con las manos metidas en los bolsillos delanteros. Coloque mis lentes oscuros para evitar un poco el sol y apresuré el paso. Aunque no tenía sueño dado a lo que era, quería acostarme y dormir, dormir hasta que volviera a anochecer.
Después de una larga caminata llegué a mi edificio, caminé por el living, en dirección al ascensor, no sin antes notar a Carl en su mismo escritorio de siempre, casi durmiéndose.
—¿Que hay Carl? —pase diciéndome, haciendo que abriera rápidamente los ojos y se reincorporará.
—¿He? ¿Que... que pasa? —vaciló.
—Entran a robar y ni cuenta de das —le dije en tono de broma.
—Ah, eres tu, Connor —se frotó los ojos—. Pensé que era otro cliente.
—¿Otro? ¿Por fin se te hizo y te llego un cliente? —bromee, ya que se quejaba de que ni un alma nueva llegaba ya. A parte de los mismos, ósea nosotros.
—Vino una señorita hoy —sonrió, mirándome, y ya se que quería decirme con esa mirada—. Es muy bonita —siguió.
—Genial por ti, Carl, ahora si me disculpas iré a descansar —caminé hacia el elevador.
—Será tu vecina, estará en el 34, a lado tuyo —me dijo a mis espaldas—. Su nombre es Jade.
Las puertas del elevador se cerraron, empezando a subir a mi piso. Como si a mi me interesara una relación seria, si miraba bonita a esa tal Jade quizás me sirva para divertirme por una noche, pero si no pues no. En una semana comenzaba la escuela y tendría que ir, salir del bachillerato para después dedicarme a otras cosas. Frote mi cara, esperando a llegar a mi piso. Al llegar, empecé a caminar por el estrecho y largo pasillo, mi habitación estaba en medio, antes de llegar a la mía, pasé por el número 34, en donde estaba esa chica, noté como la puerta se iba abriendo un poco, al parecer saldría y la conocería, pero después se cerró, al parecer se arrepintió y no saldrá.
Llegué a mi departamento y me adentré. Solo quería dormir y no despertar. Además, en la noche saldría en busca de otra chica linda para pasar el rato, pero algo me dice que debo de salir más que nunca esta noche, como si algo fuera a pasar. Algo inesperado.
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