Capítulo 31 El reverso de la moneda

La sala de emergencias del hospital fronterizo del país vecino olía a desinfectante y a café quemado. Pasé tres horas sentada en una silla de plástico rígido, envuelta en la manta térmica que me habían dado los guardias aduaneros, con la mirada fija en las puertas batientes de la zona de quirófanos....

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