Capítulo 45 Que todos ardan en mi infierno.

Alyona se hundió en la manta como si fuera un abrazo.

Como si el aroma de Dante la arrullara.

Se quedó dormida en segundos.

El silencio fue tan denso que me dio miedo moverme.

Caminé hacia la ventana.

La lluvia golpeaba el vidrio con un ritmo que recordaba disparos.

—Inés… —susurré, sin girarme—. Da...

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