
REINA SANGRIENTA. Legado de fuego y cenizas.
jedacla · En curso · 115.2k Palabras
Introducción
Y durante tres años… su muerte más cruel.
Cuando lo asesinaron, Trina Quintero no solo perdió al hombre que amaba: algo dentro de ella también fue ejecutado.
Pero de esas cenizas nació algo nuevo. Algo que nadie, ni siquiera el propio infierno, puede controlar.
Tres años de dolor, de sangre, de guerra. Tres años tejiendo su imperio, convirtiéndose en leyenda. Hasta que un susurro lo cambia todo.
Ahora, la heredera de los Armone ha dejado de ser una niña inocente, se ha convertido en la Reina Sangrienta.
Fría. Letal. Implacable. Estratégica. Sedienta de justicia. Con una lista de nombres grabada en la piel y una promesa clavada en el alma: destruir a cada uno de los que mataron a Dominic.
Pero el camino hacia la venganza está lleno de trampas, verdades enterradas… y un secreto tan brutal que podría derrumbarlo todo.
Y cuando la Reina los alcance… la mafia entera temblará.
Reina Sangrienta es la continuación visceral y devastadora de Los herederos de la mafia.
Una historia de amor que no termina con la muerte. Sino que comienza con ella.
En un mundo donde la traición se paga con fuego, Trina está a punto de descubrir que el verdadero final… ni siquiera ha comenzado.
Capítulo 1
Trina Quintero Armone
La nieve no logra apagar el fuego que llevo dentro.
Ni el hielo de Moscú. Ni el rugido del viento que azota los cristales de este maldito edificio, donde todo está por comenzar.
La sangre de los McLoughlin huele diferente. Quizá es por el whisky, o por la arrogancia.
Quizá es porque saben que su linaje viene de siglos de guerras, y aún así… se creen invencibles.
Pero hoy, uno de ellos aprenderá que los fantasmas del pasado no mueren. Solo esperan el momento correcto para volver. Y yo… soy su momento.
Iba a aprovechar su visita a esas tierras para hacer lo que debía hacer.
—Objetivo en el punto de encuentro —informó Kira por el auricular—. Seamus llegó con pocos hombres. La información es correcta.
Me ajusto los guantes de cuero negro mientras observo desde la ventana del piso superior. Abajo, el bar irlandés brilla con luces cálidas. Como si no fuera un nido de ratas. ¡Como si ahí dentro no estuviera sentado uno de los hombres que destruyeron mi mundo!
Seamus McLoughlin.
El irlandés que conspiró contra él, que participó en los planes para destruirlo. Que se rió mientras el cuerpo de Dominic ardía entre las ruinas. Y hoy… le toca pagar.
Me bajo la capucha, ajusto la máscara negra que cubre la mitad de mi rostro. No vine a hablar. No vine a negociar. Vine a cumplir una promesa.
No hay marcha atrás.
—Confirmada mi entrada —susurro por el auricular—. Preparados para evacuación rápida.
Kira me responde desde el callejón. Viktor y Dante están en las salidas. Izan, en el techo. Todo está cubierto.
Camino entre sombras hasta la escalera metálica trasera del edificio. Bajo dos pisos sin hacer ruido. El cuerpo ya no tiembla. El corazón no se acelera. He entrenado para esto. He sangrado para esto.
Su mano se aferró a la fría barandilla metálica mientras bajaba los últimos escalones. El callejón trasero apestaba a cerveza rancia y cigarrillos. Las botas de Trina crujían suavemente sobre los cristales rotos mientras se acercaba a la entrada trasera del pub.
A través de la ventana mugrienta, vio el pelo rojo de Seamus McLoughlin. Estaba riendo, bebiéndose otro whisky. Ajeno a todo. Arrogante. La visión le hizo apretar la mandíbula.
Respiré hondo, tratando de calmarme. El peso de la pistola presionaba contra mis costillas, un frío recordatorio de mi propósito. Flexioné mis dedos dentro de los guantes de cuero, imaginando cómo se verían alrededor del cuello de Seamus.
La manija de la puerta giró fácilmente bajo mi mano. Sin alarma. Sin resistencia. Era casi demasiado sencillo.
Al entrar, el aire cálido me golpeó como una pared. El olor a comida frita y licor derramado asaltó mis sentidos. Las risas estridentes y el tintineo de los vasos llenaron mis oídos. Pero ignoré todo, concentrándome con precisión láser en mi objetivo.
Me abrí paso entre la multitud, manteniéndome en las sombras. Mi corazón permaneció firme, mi respiración controlada. Años de entrenamiento me habían preparado para este momento. Nada me detendría ahora.
Allí está. Sentado al fondo. Con una botella en la mano y su maldita sonrisa torcida.
Seamus.
Lo reconozco al instante. La barba descuidada. Los ojos azules que parecen inofensivos. El bastardo que me robó la vida.
Caminé hacia él con paso lento. Caderas firmes. El abrigo abierto dejó ver mi escote justo lo suficiente. Necesito que me vea. Que me subestime. Que crea que soy solo una mujer más dispuesta a dejarse llevar por su acento.
—¿Estás sola, preciosa? —me pregunta al verme.
Aunque su mirada se posó en mi cuerpo y no en mi rostro. Huele a whisky barato.
Me siento sin pedir permiso. Clavo los ojos en los suyos.
—Por ahora.
Sus cejas se levantan. Una expresión de preocupación se dibuja en su rostro. Su mirada se desliza por mi cuerpo, con esa prepotencia asquerosa.
—¿Nombre? —pregunta.
—Liliana —respondo. Y se congela. Justo como quería.
—Interesante elección. —Intentó mantener la sonrisa, pero la tensión ya está ahí.
—Tengo una historia que te podría interesar —murmuro, acercándome—. Es sobre un irlandés que pensó que podía escapar del infierno.
Saqué el cuchillo. No lo vio. Lo sintió.
La punta ya estaba contra su abdomen, oculta bajo la mesa.
—No intentes moverte. Tengo cinco francotiradores apuntando a tu cabeza, a tu corazón y a tus rodillas.
—¿Quién eres?
Me quité la máscara.
Sus ojos se abrieron como platos.
—Tú… desgraciada.
Antes de que pudiera reaccionar, le estrellé el vaso en la cara. El sonido del vidrio rompiéndose me resultó musical.
—¡Maldita! —gritó, cayendo hacia atrás.
Me levanté. En un instante, mis hombres entraron por las puertas. Caos. Gritos. Pistolas al aire.
Nadie escapó.
Seamus intentó correr. Le lancé una patada antes de que diera un paso. Cayó al suelo sangrando y gimiendo, pero no me importa. Es solo el comienzo.
Mientras mis hombres neutralizaban a los pocos suyos que lo acompañaban, yo lo atrapé y, como está ebrio, perdió el equilibrio.
Lo arrastro por el suelo sin ningún cuidado, golpeándolo en el trayecto. Hasta llevarlo a una de las camionetas.
Minutos después, la camioneta negra se deslizó entre las calles nevadas como un espectro. Dentro, el silencio pesaba.
Seamus está atado, con la nariz rota y el labio partido. A cada sacudida, su cabeza golpea contra la pared del vehículo.
—¡Maldita desgraciada! Debí saber que eras tú —gruñó.
—Sí, y voy a pasarte la factura.
Lo miré sin inmutarme.
Seamus escupió sangre al suelo de la camioneta, como si con eso pudiera recuperar un gramo de dignidad.
—Vas a pagarla tú, zorra. Cuando mi gente se entere…
Me incliné hacia él con una calma enfermiza. Le tomé el rostro con una mano enguantada, presionando justo sobre la herida abierta que le dejé en la mejilla. Chilló. Qué dulce sonido.
—¿Crees que esto es un secuestro cualquiera, McLoughlin? —le susurré al oído—. No eres mercancía. No eres rehén. Eres un mensaje. Uno que voy a escribir con tu sangre.
La camioneta frenó de golpe frente a una antigua fábrica de metal abandonada. Las puertas se abrieron con un chirrido que resonó como un presagio. Afuera, la nieve seguía cayendo. Silenciosa. Inevitable. Como yo.
Mis hombres lo arrastraron fuera. Seamus pataleaba, gritaba, pero ya no tenía control. La bebida le robó los reflejos. Lo dejamos caer de rodillas en medio del frío, frente a las enormes puertas oxidadas.
—No… No puedes hacer esto. Soy McLoughlin. ¡Tengo aliados!
Me agaché frente a él.
—Y Dominic también los tenía —dije. Mis ojos encontraron los suyos—. Pero lo mataron igual. Como vas a estar muerto tú y como lo estarán los tuyos que van a caer detrás de ti.
Lo tomé del cabello y le azoté la cara contra la nieve compacta. La sangre dejó un rastro hermoso sobre el blanco y yo le puse la bota en la mejilla mientras lo aplastaba.
Últimos capítulos
#75 Capítulo 75 Esta vez no era la presa.
Última actualización: 9/3/2026#74 Capítulo 74 La mirada del abismo.
Última actualización: 9/2/2026#73 Capítulo 73 Los ojos de una Ivankov.
Última actualización: 8/31/2026#72 Capítulo 72 Las lecciones del Vor.
Última actualización: 8/31/2026#71 Capítulo 71 El espejo de la crueldad
Última actualización: 8/31/2026#70 Capítulo 70 Quiero que sienta lo que yo sentí.
Última actualización: 8/31/2026#69 Capítulo 69 Soy una Ferrer, una Ivankov.
Última actualización: 8/31/2026#68 Capítulo 68 Justicia en frío.
Última actualización: 8/31/2026#67 Capítulo 67 La rabia en las venas.
Última actualización: 8/31/2026#66 Capítulo 66 Deudas de sangre.
Última actualización: 8/31/2026
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**************Ava es secuestrada y se ve obligada a darse cuenta de que su tío la ha vendido a la familia Velky para saldar sus deudas de juego. Zane es el jefe del cártel de la familia Velky. Es duro, brutal, peligroso y mortal. En su vida no hay espacio para el amor o las relaciones, pero tiene necesidades como cualquier hombre de sangre caliente.
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