Capítulo 58 La batalla contra la muerte.

Trina Quintero.

Poco me importaba tener doce rifles apuntándome. Mi pulso era de hielo.

—¡Nadie pone una maldita mano sobre él hasta que yo lo diga!

El silencio que siguió fue denso, cargado de violencia contenida.

—Baje el arma, mujer —gruñó el líder, aunque sus ojos oscilaban entre mi pistola...

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