Capítulo 83 La reina desciende al infierno.

Trina Quintero

—¿No se los contaron sus hombres? —pregunté con una carcajada, para luego afirmar—. Lo tenemos —confirmé, mi voz tranquila y letal—. Está vivo. Roto, sin un dedo y llorando como un niño, destrozado, pero vivo. Y quizás esté dispuesto a hablar sobre los negocios de su tío.

Salvato...

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