Capítulo 85 El lenguaje del dolor.

Trina Quintero

El soplete rugió. Una lengua azul de fuego lamió el aire viciado de la celda, proyectando sombras deformes contra el hormigón.

Elizaveta sostenía el instrumento con una calma que me erizó la piel. No le temblaba el pulso. 

Sus ojos azules, ahora eran dos zafiros congelados, fijos...

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