Capítulo 23

Sarah notó que Irene seguía aturdida. Levantó una ceja mientras la miraba a la cara.

—¿Hay algún problema?

Irene salió de su trance y negó con la cabeza.

—No es nada, señora. ¿Cuándo puedo mudarme?

Sarah se encogió de hombros.

—Cuando te sea conveniente.

Irene sonrió con gratitud.

—Gracias, señor...

Inicia sesión y continúa leyendo