Capítulo 38

Benicio la observaba, sin acusación ni exigencia. Solo con una especie de paciencia silenciosa que hizo que a Sarah se le oprimiera el pecho.

Ella se rascó el cuello y se aclaró la garganta, mirando a cualquier lado menos a él. Si no fuera por la guerra que estallaba en su interior, Benicio se habr...

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