
Solo un para siempre
Ana Noemi Cruz Moya · Completado · 257.0k Palabras
Introducción
Digo, porque debe existir una razón para que a estas alturas me siga afectando aquello que viví hace tantos años. Algo que explique, por qué los hechos que me llevaron hasta donde hoy estoy, me persigan sin cansancio.
Desde que todo comenzó, o acabó, depende de cómo se mire, no he podido avanzar. No realmente. Siempre hay algo que me hace regresar atrás.
Una frase. Un lugar. Una fecha.
Todo me lleva hacia él.
A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.
Capítulo 1
Andrea Rowe
Mi despertador suena, insistente.
Saco una mano y sin mirar, lo apago con un manotazo.
—Ahhh...no es justo —gimo con malestar, pero en lugar de levantarme solo me volteo para el otro lado de la cama y sigo durmiendo.
Anoche me dormí demasiado tarde, la materia de Derecho Internacional Privado me trae un poco de los pelos y tengo examen en dos días. No sé si es que el profesor no le pone empeño en enseñar algo interesante o soy yo la frustrada que no entiende nada. Como quiera que sea, es el motivo por el que ahora necesito levantarme y no quiero hacerlo.
Los párpados me pesan y me digo que solo necesito cinco minutos más. Se siente tan bien estar todavía en la cama, calentita bajo la manta y con la habitación a oscuras.
«Solo serán cinco minutos».
Despierto desorientada y del susto, al imaginar la hora que es, doy un brinco y me caigo de la cama.
—Ahhh... —gruño, indignada, mientras siento mis piernas enredadas con la "calentita" manta. Ruedo los ojos y me tomo un segundo para respirar profundo y relajarme.
Cuando creo que estoy bien despierta, desenrollo la manta y me levanto del suelo. Miro el despertador, los números de color rojo fosforescente indican que me quedan solo diez minutos para atravesar el campus y llegar a la facultad, subir dos pisos y llegar a tiempo a mi primera clase del día.
—Este será un mal día —bufo e intento hacer todo lo más rápido posible.
Parezco una loca con los pelos parados y unas ojeras horribles, pero solo me da tiempo para hacerme una coleta desordenada y nada de maquillaje. Tomo mi bolsa, que por pura casualidad ya tenía dentro lo necesario y salgo corriendo como alma que lleva el diablo de la residencia. Atravieso el campus y al pasar por la cafetería, mi estómago ruge resentido; pero ni modo, al salir de la clase podré comer algo. Llego a la facultad y al mirar mi reloj, tomo una respiración profunda, para seguir mi camino. Subo las escaleras y con cada nuevo escalón, siento mis pulmones arder.
—Ay... Andrea...es que...no eres confiable —hablo para mí misma, aprovechando que no hay nadie y jadeo con cada palabra dicha.
Llego al tercer piso y me tomo un segundo para recuperar el aliento. El timbre de entrada a clases suena en ese instante y las pocas personas que quedan en el pasillo entran a sus respectivos salones. Pero definitivamente la suerte hoy no está de mi lado. Toda mi clase ya está dentro y la puerta del salón, está cerrada.
Me quedo parada como tonta frente a la puerta. Pienso si debo llamar o no, para poder entrar; a fin de cuentas, el timbre acaba de sonar. Levanto mi mano para golpear con mi puño, pero algo me detiene.
—Yo, tú, no haría eso.
Me giro rápidamente al escuchar una voz masculina y tosca y me quedo en shock al ver al dueño. Un chico alto, moreno y atlético; ojos hermosos de color marrón oscuro y unos labios tan regordetes que al momento acaparan mi mirada; está recostado contra la pared, con una pierna doblada y apoyada en la misma. Me quedo un segundo de más embobada, pero cuando noto que su sexy boca se frunce y luego dibuja una sonrisa ladina, reacciono y me enfoco en sus ojos. Carraspeo y sacudo mi cabeza mentalmente para aclararme.
—Disculpa... —digo, martirizada—. ¿Qué decías?
Cierra sus ojos y su sonrisa se acentúa. Los vuelve a abrir y fija esa expresiva mirada en la mía. Se separa de la pared y se acerca un poco.
—Te decía —comienza, con expresión divertida—, que no te aconsejo que llames a la puerta.
—¿Por qué? —pregunto, frunciendo el ceño y alzo los hombros cuando agrego—: El timbre acaba de sonar.
El chico ríe, bajo y profundo, me mira y sus ojos brillan.
—El señor Lewis no pudo venir hoy, la decana de la facultad está cubriendo su clase el día de hoy.
Su explicación me hace entender las razones de sus palabras. Abro los ojos y asiento, agradecida. Suspiro, mortificada, porque después de todo corrí por toda la universidad y fue por gusto.
—Gracias por avisarme, podía haber pasado una buena vergüenza.
—Hubiera sido divertido —dice con una sonrisa y yo me indigno. Abro la boca para responderle algo, pero él continúa, sin importarle en lo más mínimo lo que tengo que decir—, pero lo hice por una coterránea.
Al principio, no entiendo el significado de sus palabras y lo miro confusa; pero luego lo observo bien y me hago una idea de lo que sucede.
—Eres Andrea Rowe —asegura y yo abro los ojos, sorprendida. Su sonrisa se intensifica un poco más al ver mi estado de confusión—. Yo soy Christian Anderson.
Me quedo mirándolo, tratando de determinar la razón de que él, el chico más sexy y rico de mi pueblo, sepa mi nombre. Pero al parecer, él imagina otra cosa.
—¿No sabes quién soy? —pregunta, con el ceño fruncido.
—¿Debería? —devuelvo, fingiendo que jamás en mi vida he escuchado su nombre o visto su rostro.
Él se pone serio. Se acerca a mí y yo me alejo. Un paso él. Un paso yo. Hasta que mi espalda toca la pared detrás de mí. Por suerte, se queda a una distancia prudencial, porque no sé qué sería de mí si él insiste en acercarse más.
—¿De verdad no sabes quién soy? —insiste, busca en mi rostro una señal que le diga lo que espera; pero yo soy buena manteniendo mis emociones escondidas—. ¿O solo quieres llamar mi atención?
Su segunda pregunta me ofende, aunque si lo pienso es precisamente eso lo que pasa; pero él no tiene porqué saberlo.
—Imagino que tu ego debe doler, pero en verdad, no tengo idea quién eres —declaro y lo miro a los ojos, con firmeza.
Christian me mira por unos largos segundos, continúa pensando que le estoy mintiendo, pero al darse cuenta que sigo firme en mi convicción, da un paso lejos de mí. Por un momento pienso que se irá, que se acaban los cortos minutos de atención del chico más deseado de Santa Marta. Pero otra vez, me equivoco.
—Voy a aventurarme y suponer que no has comido nada hoy —dice y no comprendo la razón de que hable de comida. En ese instante, mis tripas deciden que es buen momento para confirmar sus sospechas, lo que le provoca una sonrisa hermosa—. Bueno, te invito a desayunar.
—¿Me estás hablando en serio? —farfullo, desconfiada.
Él rueda los ojos y resopla. Vuelve a fijar sus ojos marrones en los míos y habla con seguridad.
—No tengo razones para no hablar en serio —afirma y alza sus hombros.
Demoro todo un minuto en decidirme. Miro la puerta del salón cerrado y de nuevo a él. Podría esperar que termine el primer tiempo y entrar a clase en la segunda mitad; pero es muy tentador desayunar en compañía de Christian. Aún más, si la invitación viene de él.
—Vamos, no lo dudes más.
Me guiña un ojo y yo sonrío.
—Está bien. De todas maneras, ya me perdí lo mejor de la clase.
Suspiro, derrotada y lo sigo por el pasillo. Christian se hace el ofendido y con una mano en su pecho, camina de frente a mí, marcha atrás.
—Solo soy una última opción. —Finge que le duele y yo solo río por su actuación.
—No te conozco, ¿recuerdas? —murmuro—. Todavía no tengo idea quién eres.
—Quisiera saber cómo es que eso, es posible.
—Ya supéralo, ¿sí? —respondo y suelto una carcajada.
El camino a la cafetería lo hacemos a veces en silencio, a veces conversando de temas banales. Su sentido del humor me gusta y en varias ocasiones, más de las que quisiera aceptar, me hace reír con ganas. A nuestro paso todos nos miran, lo que me resulta extraño. Es más que común ver a Christian rodeado de mujeres, por lo que no entiendo la atención de todos.
—Nunca tan temprano —dice de repente, cuando una chica me mira de malas formas y yo le devuelvo la expresión irritada.
Giro mi cabeza a un lado para verlo a los ojos, mientras seguimos nuestro camino. Le hago una mueca que significa —no entiendo nada—, y él ríe.
«¿Es que tanto le divierto?», pienso y comienzo a irritarme.
—No acostumbro a estar acompañado tan temprano en la mañana —repite y yo abro la boca, pero no digo nada—. De hecho, debo confesar que al despertar no me gusta encontrarme a mujeres en mi cama.
—Eso es desagradable. —No puedo evitar mirarlo con una mueca de asco. Pero él lo toma todo con diversión, lo que me irrita más.
—Todas conocen las reglas —afirma, con sus manos metidas en los bolsillos de sus jeans y mirando hacia al frente, con seguridad.
—¿Cuáles son las reglas? —pregunto y al instante, me arrepiento de mi curiosidad. No quiero que él se lleve la impresión equivocada.
Él me mira, ahora con seriedad. La intensidad en su mirada me alerta de que sus siguientes palabras, van dirigidas mucho más allá de explicarme lo que deseo saber. Él pretende que yo entienda todo, desde el inicio.
—Yo no busco nada formal. Me gusta mi alocada vida y la disfruto al máximo. Si te vas conmigo a la cama sabes que, en la mañana, no te trataré como una princesa; serás una más en la lista —habla como si lo que está diciendo, no fuera lo más ofensivo del mundo. Pero, aun así, hay un tono bajo y sexy en su voz que me hace creer que, con solo una noche, me bastaría—. Nunca repito. Con ninguna.
Sus ojos se encuentran con los míos. Brillan.
—No seré el "para siempre" de nadie. Así que es mejor, se mentalicen desde el principio.
Él termina de hablar y aunque fija su mirada al frente, algo me dice que él quiere conocer mi reacción; mi opinión. Pero no pretendo darle el gusto. Me gustaría preguntarle la razón de que me haya invitado a desayunar, sin embargo, me quedo en silencio el resto del camino.
Llegamos a nuestro destino, la cafetería. Pedimos un café extra grande y un sándwich para cada uno. Cuando voy a buscar en mi bolso la cartera, él pone su mano sobre la mía y me detiene. En ese momento, en solo cuestión de un segundo, siento de todo. Una corriente recorre mi piel ahí donde él tiene su mano apoyada; nos miramos a los ojos con intensidad y debo decir, que tal vez sea idea mía, pero en los suyos pude ver sorpresa. Trago saliva y al hacerlo, es como si el silencio a nuestro alrededor fuera tan asfixiante, que lo escucho y siento hasta el eco.
—Yo pago —dice, con un tono de voz más grueso. Quita su mano de la mía y al fin, puedo respirar correctamente.
—Gracias... —murmuro, extrañada con todo lo que sentí en un dichoso segundo.
Intento no pensar en lo sucedido mientras caminamos hacia una de las mesas en el exterior. También, pretendo obviar las miradas fijas y evidentes en mi nuca; por el bien de mi desayuno.
Mientras desayunamos, la tensión que sentí por un corto lapso de tiempo, desaparece. Hablamos sobre la carrera y las metas profesionales que tenemos. Él insiste en que debo conocerlo o al menos, saber quién es su familia. Para molestarlo, le digo que sé quiénes son los Anderson, pero que solo recuerdo a su hermano. Por algún motivo desconocido, logro comprender que eso no le gusta mucho, pero lo deja pasar y continúa tratando de convencerme de que sí lo he visto.
—No entiendo cómo no recuerdas —insiste, con un puchero que me hace reír—. Yo sé quién eres tú.
—Soy mala con los rostros, lo confieso —respondo y le doy un sorbo a mi café—. Y todavía no entiendo cómo eso es posible.
Christian ríe y se acomoda en la silla. Levanta sus brazos y los flexiona, entrelaza sus dedos y los coloca detrás de su cabeza. Mientras lo hace, no puedo evitar mirarlo. Esos músculos definidos de sus brazos, llaman por completo mi atención.
—No creo que alguien en Santa Marta, no sepa quién eres tú.
Sus palabras me sacan del trance en el que estaba y lo miro confundida.
—¿Qué quieres decir? —Frunzo el ceño.
—Ni siquiera eres consciente de eso —continúa él, obviando mi pregunta.
—No soy consciente de...¿qué? —repito.
Él se incorpora, inclina por completo su cuerpo y apoya los codos sobre la mesa que está entre nosotros. Me mira con un sentimiento que hasta el momento no estaba ahí y yo me erizo, solo de sentir la intensidad.
—Eres hermosa, Andrea. Eso lo vemos todos —susurra, me quedo embobada al escuchar sus palabras. No es lo que significan, sino, la forma tan sensual en la que salen de sus labios.
—Umm...bueno...eh... ¿gracias?
La carcajada que suelta Christian ante mi timidez repentina, me hace sonrojar.
—Mejor lo dejamos aquí...hablemos de otra cosa.
No entiendo el porqué del cambio de conversación, pero estoy de acuerdo. Ya mis manos están sudando y siento mi pecho apretarse con cada mirada dirigida a mí. Es mejor, por el bien de mi cordura, intentar evitar esos temas que solo me ponen incómoda.
Nos quedamos conversando toda la mañana. Resulta que Christian Anderson es más que un niño rico y bonito, como pensaba. Su familia es una de las más poderosas de Santa Marta, generaciones y generaciones de familiares influyentes en todos los ámbitos de la sociedad, por lo que no me extraña nada que él y su hermano hayan escogido la carrera de Derecho. Podría decirse que tiene la mitad del camino recorrido cuando por fin él se gradúe, no como yo, que debo iniciar en este mundo desde cero y por mis propios méritos. Eso no quiere decir que él sea bueno o no en lo que decidió como carrera profesional, por el contrario, tengo entendido que es muy capaz; solo que su posición económica lo llevará aún más lejos.
Estar en su compañía me gusta, aunque quisiera negarlo. Nunca pensé que podría identificarme tanto con alguien de quién creía lo peor.
Pero bueno, solo el tiempo dirá a donde nos lleva esta extraña relación amistosa que acaba de empezar.
Últimos capítulos
#128 Capítulo 128 FINAL “Te amo para siempre”
Última actualización: 11/26/2025#127 Capítulo 127 Capítulo 127. De vuelta a la Navidad (parte 2)
Última actualización: 11/26/2025#126 Capítulo 126 Capítulo 126. De vuelta a la Navidad (parte 1)
Última actualización: 11/26/2025#125 Capítulo 125 Capítulo 125. Todo en su lugar (parte 3)
Última actualización: 11/26/2025#124 Capítulo 124 Capítulo 124. Todo en su lugar (parte 2)
Última actualización: 11/26/2025#123 Capítulo 123 Capítulo 123. Todo en su lugar (parte 1)
Última actualización: 11/26/2025#122 Capítulo 122 Capítulo 122. Hacer el amor (parte 3)
Última actualización: 11/26/2025#121 Capítulo 121 Capítulo 121. Hacer el amor (parte 2)
Última actualización: 11/26/2025#120 Capítulo 120 Capítulo 120. Hacer el amor (parte 1)
Última actualización: 11/26/2025#119 Capítulo 119 Capítulo 119. No podrás viajar.
Última actualización: 11/26/2025
Te podría gustar 😍
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
El Ascenso de la Loba Desterrada
Ese rugido me robó mi decimoctavo cumpleaños y destrozó mi mundo. Mi primera transformación debería haber sido gloriosa—la sangre convirtió la bendición en vergüenza. Al amanecer me habían marcado como "maldita": expulsada por mi manada, abandonada por mi familia, despojada de mi naturaleza. Mi padre no me defendió—me envió a una isla desierta donde los marginados sin lobos eran forjados en armas, obligados a matarse entre ellos hasta que solo uno pudiera irse.
En esa isla aprendí los bordes más oscuros de la humanidad y cómo enterrar el terror en los huesos. Innumerables veces quise rendirme—sumergirme en las olas y no salir jamás—pero los rostros acusadores que atormentaban mis sueños me empujaban hacia algo más frío que la supervivencia: venganza. Escapé, y durante tres años me escondí entre humanos, recopilando secretos, aprendiendo a moverme como una sombra, afilando la paciencia hasta convertirla en precisión—convirtiéndome en una espada.
Luego, bajo una luna llena, toqué a un extraño herido—y mi lobo regresó con una violencia que me hizo completa. ¿Quién era él? ¿Por qué podía despertar lo que yo creía muerto?
Una cosa sé: ahora es el momento.
He esperado tres años para esto. Haré que todos los que me destruyeron paguen—y recuperaré todo lo que me fue arrebatado.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
Enamorada del hermano marino de mi novio
¿Por qué estar cerca de él hace que mi piel se sienta demasiado apretada, como si llevara un suéter dos tallas más pequeño?
Es solo la novedad, me digo firmemente.
Solo la falta de familiaridad de alguien nuevo en un espacio que siempre ha sido seguro.
Me acostumbraré.
Tengo que hacerlo.
Es el hermano de mi novio.
Esta es la familia de Tyler.
No voy a dejar que una mirada fría deshaga eso.
**
Como bailarina de ballet, mi vida parece perfecta—beca, papel protagónico, dulce novio Tyler. Hasta que Tyler muestra su verdadera cara y su hermano mayor, Asher, regresa a casa.
Asher es un veterano de la Marina con cicatrices de batalla y cero paciencia. Me llama "princesa" como si fuera un insulto. No lo soporto.
Cuando una lesión en mi tobillo me obliga a recuperarme en la casa del lago de la familia, me quedo atrapada con ambos hermanos. Lo que comienza como odio mutuo lentamente se convierte en algo prohibido.
Estoy enamorándome del hermano de mi novio.
**
Odio a las chicas como ella.
Consentidas.
Delicadas.
Y aún así—
Aún así.
La imagen de ella de pie en la puerta, apretando más su cárdigan alrededor de sus estrechos hombros, tratando de sonreír a pesar de la incomodidad, no me deja.
Tampoco lo hace el recuerdo de Tyler. Dejándola aquí sin pensarlo dos veces.
No debería importarme.
No me importa.
No es mi problema si Tyler es un idiota.
No es asunto mío si alguna princesita malcriada tiene que caminar a casa en la oscuridad.
No estoy aquí para rescatar a nadie.
Especialmente a ella.
Especialmente a alguien como ella.
Ella no es mi problema.
Y me aseguraré de que nunca lo sea.
Pero cuando mis ojos se posaron en sus labios, quise que fuera mía.
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
De mejor amigo a prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.












