
Solo un para siempre
Ana Noemi Cruz Moya · Completado · 257.0k Palabras
Introducción
Digo, porque debe existir una razón para que a estas alturas me siga afectando aquello que viví hace tantos años. Algo que explique, por qué los hechos que me llevaron hasta donde hoy estoy, me persigan sin cansancio.
Desde que todo comenzó, o acabó, depende de cómo se mire, no he podido avanzar. No realmente. Siempre hay algo que me hace regresar atrás.
Una frase. Un lugar. Una fecha.
Todo me lleva hacia él.
A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.
Capítulo 1
Andrea Rowe
Mi despertador suena, insistente.
Saco una mano y sin mirar, lo apago con un manotazo.
—Ahhh...no es justo —gimo con malestar, pero en lugar de levantarme solo me volteo para el otro lado de la cama y sigo durmiendo.
Anoche me dormí demasiado tarde, la materia de Derecho Internacional Privado me trae un poco de los pelos y tengo examen en dos días. No sé si es que el profesor no le pone empeño en enseñar algo interesante o soy yo la frustrada que no entiende nada. Como quiera que sea, es el motivo por el que ahora necesito levantarme y no quiero hacerlo.
Los párpados me pesan y me digo que solo necesito cinco minutos más. Se siente tan bien estar todavía en la cama, calentita bajo la manta y con la habitación a oscuras.
«Solo serán cinco minutos».
Despierto desorientada y del susto, al imaginar la hora que es, doy un brinco y me caigo de la cama.
—Ahhh... —gruño, indignada, mientras siento mis piernas enredadas con la "calentita" manta. Ruedo los ojos y me tomo un segundo para respirar profundo y relajarme.
Cuando creo que estoy bien despierta, desenrollo la manta y me levanto del suelo. Miro el despertador, los números de color rojo fosforescente indican que me quedan solo diez minutos para atravesar el campus y llegar a la facultad, subir dos pisos y llegar a tiempo a mi primera clase del día.
—Este será un mal día —bufo e intento hacer todo lo más rápido posible.
Parezco una loca con los pelos parados y unas ojeras horribles, pero solo me da tiempo para hacerme una coleta desordenada y nada de maquillaje. Tomo mi bolsa, que por pura casualidad ya tenía dentro lo necesario y salgo corriendo como alma que lleva el diablo de la residencia. Atravieso el campus y al pasar por la cafetería, mi estómago ruge resentido; pero ni modo, al salir de la clase podré comer algo. Llego a la facultad y al mirar mi reloj, tomo una respiración profunda, para seguir mi camino. Subo las escaleras y con cada nuevo escalón, siento mis pulmones arder.
—Ay... Andrea...es que...no eres confiable —hablo para mí misma, aprovechando que no hay nadie y jadeo con cada palabra dicha.
Llego al tercer piso y me tomo un segundo para recuperar el aliento. El timbre de entrada a clases suena en ese instante y las pocas personas que quedan en el pasillo entran a sus respectivos salones. Pero definitivamente la suerte hoy no está de mi lado. Toda mi clase ya está dentro y la puerta del salón, está cerrada.
Me quedo parada como tonta frente a la puerta. Pienso si debo llamar o no, para poder entrar; a fin de cuentas, el timbre acaba de sonar. Levanto mi mano para golpear con mi puño, pero algo me detiene.
—Yo, tú, no haría eso.
Me giro rápidamente al escuchar una voz masculina y tosca y me quedo en shock al ver al dueño. Un chico alto, moreno y atlético; ojos hermosos de color marrón oscuro y unos labios tan regordetes que al momento acaparan mi mirada; está recostado contra la pared, con una pierna doblada y apoyada en la misma. Me quedo un segundo de más embobada, pero cuando noto que su sexy boca se frunce y luego dibuja una sonrisa ladina, reacciono y me enfoco en sus ojos. Carraspeo y sacudo mi cabeza mentalmente para aclararme.
—Disculpa... —digo, martirizada—. ¿Qué decías?
Cierra sus ojos y su sonrisa se acentúa. Los vuelve a abrir y fija esa expresiva mirada en la mía. Se separa de la pared y se acerca un poco.
—Te decía —comienza, con expresión divertida—, que no te aconsejo que llames a la puerta.
—¿Por qué? —pregunto, frunciendo el ceño y alzo los hombros cuando agrego—: El timbre acaba de sonar.
El chico ríe, bajo y profundo, me mira y sus ojos brillan.
—El señor Lewis no pudo venir hoy, la decana de la facultad está cubriendo su clase el día de hoy.
Su explicación me hace entender las razones de sus palabras. Abro los ojos y asiento, agradecida. Suspiro, mortificada, porque después de todo corrí por toda la universidad y fue por gusto.
—Gracias por avisarme, podía haber pasado una buena vergüenza.
—Hubiera sido divertido —dice con una sonrisa y yo me indigno. Abro la boca para responderle algo, pero él continúa, sin importarle en lo más mínimo lo que tengo que decir—, pero lo hice por una coterránea.
Al principio, no entiendo el significado de sus palabras y lo miro confusa; pero luego lo observo bien y me hago una idea de lo que sucede.
—Eres Andrea Rowe —asegura y yo abro los ojos, sorprendida. Su sonrisa se intensifica un poco más al ver mi estado de confusión—. Yo soy Christian Anderson.
Me quedo mirándolo, tratando de determinar la razón de que él, el chico más sexy y rico de mi pueblo, sepa mi nombre. Pero al parecer, él imagina otra cosa.
—¿No sabes quién soy? —pregunta, con el ceño fruncido.
—¿Debería? —devuelvo, fingiendo que jamás en mi vida he escuchado su nombre o visto su rostro.
Él se pone serio. Se acerca a mí y yo me alejo. Un paso él. Un paso yo. Hasta que mi espalda toca la pared detrás de mí. Por suerte, se queda a una distancia prudencial, porque no sé qué sería de mí si él insiste en acercarse más.
—¿De verdad no sabes quién soy? —insiste, busca en mi rostro una señal que le diga lo que espera; pero yo soy buena manteniendo mis emociones escondidas—. ¿O solo quieres llamar mi atención?
Su segunda pregunta me ofende, aunque si lo pienso es precisamente eso lo que pasa; pero él no tiene porqué saberlo.
—Imagino que tu ego debe doler, pero en verdad, no tengo idea quién eres —declaro y lo miro a los ojos, con firmeza.
Christian me mira por unos largos segundos, continúa pensando que le estoy mintiendo, pero al darse cuenta que sigo firme en mi convicción, da un paso lejos de mí. Por un momento pienso que se irá, que se acaban los cortos minutos de atención del chico más deseado de Santa Marta. Pero otra vez, me equivoco.
—Voy a aventurarme y suponer que no has comido nada hoy —dice y no comprendo la razón de que hable de comida. En ese instante, mis tripas deciden que es buen momento para confirmar sus sospechas, lo que le provoca una sonrisa hermosa—. Bueno, te invito a desayunar.
—¿Me estás hablando en serio? —farfullo, desconfiada.
Él rueda los ojos y resopla. Vuelve a fijar sus ojos marrones en los míos y habla con seguridad.
—No tengo razones para no hablar en serio —afirma y alza sus hombros.
Demoro todo un minuto en decidirme. Miro la puerta del salón cerrado y de nuevo a él. Podría esperar que termine el primer tiempo y entrar a clase en la segunda mitad; pero es muy tentador desayunar en compañía de Christian. Aún más, si la invitación viene de él.
—Vamos, no lo dudes más.
Me guiña un ojo y yo sonrío.
—Está bien. De todas maneras, ya me perdí lo mejor de la clase.
Suspiro, derrotada y lo sigo por el pasillo. Christian se hace el ofendido y con una mano en su pecho, camina de frente a mí, marcha atrás.
—Solo soy una última opción. —Finge que le duele y yo solo río por su actuación.
—No te conozco, ¿recuerdas? —murmuro—. Todavía no tengo idea quién eres.
—Quisiera saber cómo es que eso, es posible.
—Ya supéralo, ¿sí? —respondo y suelto una carcajada.
El camino a la cafetería lo hacemos a veces en silencio, a veces conversando de temas banales. Su sentido del humor me gusta y en varias ocasiones, más de las que quisiera aceptar, me hace reír con ganas. A nuestro paso todos nos miran, lo que me resulta extraño. Es más que común ver a Christian rodeado de mujeres, por lo que no entiendo la atención de todos.
—Nunca tan temprano —dice de repente, cuando una chica me mira de malas formas y yo le devuelvo la expresión irritada.
Giro mi cabeza a un lado para verlo a los ojos, mientras seguimos nuestro camino. Le hago una mueca que significa —no entiendo nada—, y él ríe.
«¿Es que tanto le divierto?», pienso y comienzo a irritarme.
—No acostumbro a estar acompañado tan temprano en la mañana —repite y yo abro la boca, pero no digo nada—. De hecho, debo confesar que al despertar no me gusta encontrarme a mujeres en mi cama.
—Eso es desagradable. —No puedo evitar mirarlo con una mueca de asco. Pero él lo toma todo con diversión, lo que me irrita más.
—Todas conocen las reglas —afirma, con sus manos metidas en los bolsillos de sus jeans y mirando hacia al frente, con seguridad.
—¿Cuáles son las reglas? —pregunto y al instante, me arrepiento de mi curiosidad. No quiero que él se lleve la impresión equivocada.
Él me mira, ahora con seriedad. La intensidad en su mirada me alerta de que sus siguientes palabras, van dirigidas mucho más allá de explicarme lo que deseo saber. Él pretende que yo entienda todo, desde el inicio.
—Yo no busco nada formal. Me gusta mi alocada vida y la disfruto al máximo. Si te vas conmigo a la cama sabes que, en la mañana, no te trataré como una princesa; serás una más en la lista —habla como si lo que está diciendo, no fuera lo más ofensivo del mundo. Pero, aun así, hay un tono bajo y sexy en su voz que me hace creer que, con solo una noche, me bastaría—. Nunca repito. Con ninguna.
Sus ojos se encuentran con los míos. Brillan.
—No seré el "para siempre" de nadie. Así que es mejor, se mentalicen desde el principio.
Él termina de hablar y aunque fija su mirada al frente, algo me dice que él quiere conocer mi reacción; mi opinión. Pero no pretendo darle el gusto. Me gustaría preguntarle la razón de que me haya invitado a desayunar, sin embargo, me quedo en silencio el resto del camino.
Llegamos a nuestro destino, la cafetería. Pedimos un café extra grande y un sándwich para cada uno. Cuando voy a buscar en mi bolso la cartera, él pone su mano sobre la mía y me detiene. En ese momento, en solo cuestión de un segundo, siento de todo. Una corriente recorre mi piel ahí donde él tiene su mano apoyada; nos miramos a los ojos con intensidad y debo decir, que tal vez sea idea mía, pero en los suyos pude ver sorpresa. Trago saliva y al hacerlo, es como si el silencio a nuestro alrededor fuera tan asfixiante, que lo escucho y siento hasta el eco.
—Yo pago —dice, con un tono de voz más grueso. Quita su mano de la mía y al fin, puedo respirar correctamente.
—Gracias... —murmuro, extrañada con todo lo que sentí en un dichoso segundo.
Intento no pensar en lo sucedido mientras caminamos hacia una de las mesas en el exterior. También, pretendo obviar las miradas fijas y evidentes en mi nuca; por el bien de mi desayuno.
Mientras desayunamos, la tensión que sentí por un corto lapso de tiempo, desaparece. Hablamos sobre la carrera y las metas profesionales que tenemos. Él insiste en que debo conocerlo o al menos, saber quién es su familia. Para molestarlo, le digo que sé quiénes son los Anderson, pero que solo recuerdo a su hermano. Por algún motivo desconocido, logro comprender que eso no le gusta mucho, pero lo deja pasar y continúa tratando de convencerme de que sí lo he visto.
—No entiendo cómo no recuerdas —insiste, con un puchero que me hace reír—. Yo sé quién eres tú.
—Soy mala con los rostros, lo confieso —respondo y le doy un sorbo a mi café—. Y todavía no entiendo cómo eso es posible.
Christian ríe y se acomoda en la silla. Levanta sus brazos y los flexiona, entrelaza sus dedos y los coloca detrás de su cabeza. Mientras lo hace, no puedo evitar mirarlo. Esos músculos definidos de sus brazos, llaman por completo mi atención.
—No creo que alguien en Santa Marta, no sepa quién eres tú.
Sus palabras me sacan del trance en el que estaba y lo miro confundida.
—¿Qué quieres decir? —Frunzo el ceño.
—Ni siquiera eres consciente de eso —continúa él, obviando mi pregunta.
—No soy consciente de...¿qué? —repito.
Él se incorpora, inclina por completo su cuerpo y apoya los codos sobre la mesa que está entre nosotros. Me mira con un sentimiento que hasta el momento no estaba ahí y yo me erizo, solo de sentir la intensidad.
—Eres hermosa, Andrea. Eso lo vemos todos —susurra, me quedo embobada al escuchar sus palabras. No es lo que significan, sino, la forma tan sensual en la que salen de sus labios.
—Umm...bueno...eh... ¿gracias?
La carcajada que suelta Christian ante mi timidez repentina, me hace sonrojar.
—Mejor lo dejamos aquí...hablemos de otra cosa.
No entiendo el porqué del cambio de conversación, pero estoy de acuerdo. Ya mis manos están sudando y siento mi pecho apretarse con cada mirada dirigida a mí. Es mejor, por el bien de mi cordura, intentar evitar esos temas que solo me ponen incómoda.
Nos quedamos conversando toda la mañana. Resulta que Christian Anderson es más que un niño rico y bonito, como pensaba. Su familia es una de las más poderosas de Santa Marta, generaciones y generaciones de familiares influyentes en todos los ámbitos de la sociedad, por lo que no me extraña nada que él y su hermano hayan escogido la carrera de Derecho. Podría decirse que tiene la mitad del camino recorrido cuando por fin él se gradúe, no como yo, que debo iniciar en este mundo desde cero y por mis propios méritos. Eso no quiere decir que él sea bueno o no en lo que decidió como carrera profesional, por el contrario, tengo entendido que es muy capaz; solo que su posición económica lo llevará aún más lejos.
Estar en su compañía me gusta, aunque quisiera negarlo. Nunca pensé que podría identificarme tanto con alguien de quién creía lo peor.
Pero bueno, solo el tiempo dirá a donde nos lleva esta extraña relación amistosa que acaba de empezar.
Últimos capítulos
#128 Capítulo 128 FINAL “Te amo para siempre”
Última actualización: 11/26/2025#127 Capítulo 127 Capítulo 127. De vuelta a la Navidad (parte 2)
Última actualización: 11/26/2025#126 Capítulo 126 Capítulo 126. De vuelta a la Navidad (parte 1)
Última actualización: 11/26/2025#125 Capítulo 125 Capítulo 125. Todo en su lugar (parte 3)
Última actualización: 11/26/2025#124 Capítulo 124 Capítulo 124. Todo en su lugar (parte 2)
Última actualización: 11/26/2025#123 Capítulo 123 Capítulo 123. Todo en su lugar (parte 1)
Última actualización: 11/26/2025#122 Capítulo 122 Capítulo 122. Hacer el amor (parte 3)
Última actualización: 11/26/2025#121 Capítulo 121 Capítulo 121. Hacer el amor (parte 2)
Última actualización: 11/26/2025#120 Capítulo 120 Capítulo 120. Hacer el amor (parte 1)
Última actualización: 11/26/2025#119 Capítulo 119 Capítulo 119. No podrás viajar.
Última actualización: 11/26/2025
Te podría gustar 😍
De Mejor Amigo a Prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Invisible para su Matón
Fuera de Límites, Mejor Amigo del Hermano
—Vas a tomar cada pulgada de mí. —Susurró mientras empujaba hacia arriba.
—Joder, te sientes tan jodidamente bien. ¿Es esto lo que querías, mi polla dentro de ti? —Preguntó, sabiendo que lo había estado tentando desde el principio.
—S..sí —jadeé.
Brianna Fletcher había estado huyendo de hombres peligrosos toda su vida, pero cuando tuvo la oportunidad de quedarse con su hermano mayor después de graduarse, allí conoció al más peligroso de todos. El mejor amigo de su hermano, un Don de la mafia. Él irradiaba peligro, pero ella no podía mantenerse alejada.
Él sabe que la hermanita de su mejor amigo está fuera de límites y, sin embargo, no podía dejar de pensar en ella.
¿Podrán romper todas las reglas y encontrar consuelo en los brazos del otro?
Mi Luna Marcada
—Sí.
Exhala, levanta su mano y la baja para abofetear mi trasero desnudo de nuevo... más fuerte que antes. Gimo por el impacto. Duele, pero es tan excitante y sexy.
—¿Lo harás de nuevo?
—No.
—¿No, qué?
—No, Señor.
—Buena chica —acerca sus labios para besar mi trasero mientras lo acaricia suavemente—.
—Ahora, voy a follarte —me sienta en su regazo en una posición de monta. Nos miramos a los ojos. Sus largos dedos encuentran el camino hacia mi entrada e insertan sus dedos.
—Estás empapada por mí, nena —dice complacido. Mueve sus dedos dentro y fuera, haciéndome gemir de placer.
—Hmm —pero de repente, se van. Lloro mientras deja mi cuerpo ansiando por él. Cambia nuestra posición en un segundo, así que estoy debajo de él. Mi respiración es superficial y mis sentidos incoherentes mientras anticipo su dureza en mí. La sensación es fantástica.
—Por favor —suplico. Lo quiero. Lo necesito tanto.
—Entonces, ¿cómo te gustaría venirte, nena? —susurra.
¡Oh, diosa!
La vida de Apphia es dura, desde ser maltratada por los miembros de su manada hasta que su compañero la rechaza brutalmente. Está sola. Golpeada en una noche difícil, conoce a su segunda oportunidad de compañero, el poderoso y peligroso Alfa Lycan, y vaya que le espera la aventura de su vida. Sin embargo, todo se complica cuando descubre que no es una loba común. Atormentada por la amenaza a su vida, Apphia no tiene otra opción que enfrentar sus miedos. ¿Podrá Apphia derrotar la iniquidad que amenaza su vida y finalmente ser feliz con su compañero? Sigue para más.
Advertencia: Contenido maduro.
Le Di una Bofetada a Mi Prometido—Luego Me Casé con su Némesis Multimillonario
Técnicamente, Rhys Granger era mi prometido ahora—millonario, increíblemente atractivo y un sueño húmedo de Wall Street. Mis padres me empujaron hacia el compromiso después de que Catherine desapareciera, y honestamente? No me importó. Había estado enamorada de Rhys durante años. Esta era mi oportunidad, ¿verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
Error.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una estúpida, rota y fea taza que mi hermana le dio hace años. Fue entonces cuando me di cuenta—él no me amaba. Ni siquiera me veía. Solo era un reemplazo cálido para la mujer que realmente quería. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una taza de café glorificada.
Así que lo abofeteé de vuelta, lo dejé y me preparé para el desastre—mis padres perdiendo la cabeza, Rhys teniendo una rabieta de millonario, su aterradora familia planeando mi prematura desaparición.
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Entra él.
Alto, peligroso, injustamente atractivo. El tipo de hombre que te hace querer pecar solo por existir. Lo había conocido solo una vez antes, y esa noche, él simplemente estaba en el mismo bar que mi yo borracha y compadeciéndose de sí misma. Así que hice lo único lógico: lo arrastré a una habitación de hotel y le arranqué la ropa.
Fue imprudente. Fue estúpido. Fue completamente desaconsejado.
Pero también fue: El. Mejor. Sexo. De. Mi. Vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado.
Porque mi aventura de una noche no es solo un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería estar jugando.
Y ahora, él no me va a dejar ir.
Placeres culposos
¿Todo ha sido un error? ¿O quizás solo parte del destino? La ida por un vaso de agua, resultó en el inicio de un deseo culposo con consecuencias irreversibles.
Soy Erika Martín de 21 años, soy una latina, proveniente de Venezuela, me mudé de mi país buscando el sueño Americano ante una oportunidad de empleo como servicio doméstico en la mansión uzcategui, sin saber que mi destino cambiaría por completo, al conocer a Alejandro Uzcategui, el heredero y magnate de negocios más prestigioso dela ciudad, con una ciudad tan grande y él puso sus ojos en mi, su humilde y tímida empleada, que no sabe decirle que no, todo con él era perfecto, pero él tiene dos grandes defectos, es casado y jodidamente posesivo, me llama bomboncito y me reclama como suya. Estoy locamente enamorada de él y temo por la repercusiones de lo que vendrá, ya que se que no me dejará escapar, menos cuando sepa mi gran secreto.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
El regreso de la princesa de la mafia
El Alfa Motociclista que se Convirtió en Mi Segunda Oportunidad de Pareja
—Eres como una hermana para mí.
Esas fueron las palabras que colmaron el vaso.
No después de lo que acababa de pasar. No después de la noche ardiente, sin aliento, que sacudió nuestras almas mientras nos enredábamos en los brazos del otro.
Sabía desde el principio que Tristan Hayes era una línea que no debía cruzar.
No era cualquier persona, era el mejor amigo de mi hermano. El hombre que pasé años deseando en secreto.
Pero esa noche... estábamos rotos. Acabábamos de enterrar a nuestros padres. Y el dolor era demasiado pesado, demasiado real... así que le rogué que me tocara.
Que me hiciera olvidar. Que llenara el silencio que la muerte dejó atrás.
Y lo hizo. Me sostuvo como si fuera algo frágil.
Me besó como si fuera lo único que necesitaba para respirar.
Luego me dejó sangrando con seis palabras que ardieron más profundo que cualquier rechazo.
Así que, huí. Lejos de todo lo que me causaba dolor.
Ahora, cinco años después, estoy de vuelta.
Recién rechacé al compañero que me abusó. Todavía llevando las cicatrices de un cachorro que nunca pude sostener.
Y el hombre que me espera en el aeropuerto no es mi hermano.
Es Tristan.
Y no es el chico que dejé atrás.
Es un motociclista.
Un Alfa.
Y cuando me miró, supe que no había ningún otro lugar al que pudiera huir.
Accardi
—Te costará algo —susurró antes de tirar de su lóbulo con los dientes.
Sus rodillas temblaron y, si no fuera por su agarre en su cadera, habría caído. Él empujó su rodilla entre sus muslos como un soporte secundario en caso de que decidiera necesitar sus manos en otro lugar.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
Sus labios rozaron su cuello y ella gimió mientras el placer que sus labios provocaban se hundía entre sus piernas.
—Tu nombre —exhaló él—. Tu verdadero nombre.
—¿Por qué es importante? —preguntó ella, revelando por primera vez que su corazonada era correcta.
Él se rió contra su clavícula.
—Para saber qué nombre gritar cuando vuelva a entrar en ti.
Genevieve pierde una apuesta que no puede pagar. Como compromiso, acepta convencer a cualquier hombre que su oponente elija para que se vaya a casa con ella esa noche. Lo que no se da cuenta cuando el amigo de su hermana señala al hombre taciturno sentado solo en el bar, es que ese hombre no se conformará con solo una noche con ella. No, Matteo Accardi, Don de una de las pandillas más grandes de la ciudad de Nueva York, no hace encuentros de una sola noche. No con ella, de todos modos.
Después de Una Noche con el Alfa
Pensé que estaba esperando el amor. En cambio, fui tomada por una bestia.
Mi mundo debía florecer en el Festival de Luna Llena de Moonshade Bay—champán burbujeando en mis venas, una habitación de hotel reservada para Jason y para mí, finalmente cruzar esa línea después de dos años. Me había puesto lencería de encaje, dejé la puerta abierta y me acosté en la cama, con el corazón latiendo de emoción nerviosa.
Pero el hombre que se subió a mi cama no era Jason.
En la habitación completamente oscura, ahogada en un aroma embriagador y especiado que me mareaba, sentí manos—urgentes, ardientes—quemando mi piel. Su grueso y palpitante miembro presionó contra mi húmeda entrepierna, y antes de que pudiera jadear, él empujó fuerte, desgarrando mi inocencia con fuerza despiadada. El dolor ardía, mis paredes se contraían mientras arañaba sus hombros de hierro, ahogando sollozos. Sonidos húmedos y resbaladizos resonaban con cada golpe brutal, su cuerpo implacable hasta que tembló, derramándose caliente y profundo dentro de mí.
—Eso fue increíble, Jason—logré decir.
—¿Quién diablos es Jason?
Mi sangre se volvió hielo. La luz iluminó su rostro—Brad Rayne, Alfa del Clan Moonshade, un hombre lobo, no mi novio. El horror me ahogó al darme cuenta de lo que había hecho.
¡Corrí por mi vida!
Pero semanas después, me desperté embarazada de su heredero.
Dicen que mis ojos heterocromáticos me marcan como una verdadera pareja rara. Pero no soy lobo. Soy solo Elle, una nadie del distrito humano, ahora atrapada en el mundo de Brad.
La mirada fría de Brad me clava: —Llevas mi sangre. Eres mía.
No hay otra opción para mí que elegir esta jaula. Mi cuerpo también me traiciona, deseando a la bestia que me arruinó.
ADVERTENCIA: Solo para lectores maduros
De Substituta a Reina
Con el corazón roto, Sable descubrió a Darrell teniendo sexo con su ex en su cama, mientras transfería en secreto cientos de miles para mantener a esa mujer.
Lo peor fue escuchar a Darrell reírse con sus amigos: —Es útil—obediente, no causa problemas, se encarga de las tareas del hogar, y puedo follarla cuando necesito alivio. Básicamente es una sirvienta con beneficios. Hizo gestos groseros de empuje, provocando las carcajadas de sus amigos.
Desesperada, Sable se fue, reclamó su verdadera identidad y se casó con su vecino de la infancia—el Rey Lycan Caelan, nueve años mayor que ella y su compañero predestinado. Ahora Darrell intenta desesperadamente recuperarla. ¿Cómo se desarrollará su venganza?
De sustituta a reina—¡su venganza acaba de comenzar!












