Capítulo 2 Capítulo 2

Ava se dejó caer en la cama. Para entonces ya eran las cuatro de la mañana. Se soltó el cabello, se desmaquilló y ocultó su llanto con un baño largo, tan largo que su piel se arrugó.

Recordó entonces que llevaba tres años frustrada. Sin tener un maldito orgasmo porque su marido siempre tenía algo que hacer.

Las veces que sugirió tener sexo, él siempre salía con algo hiriente.

«—Tal vez… podamos ir a la cama —sugirió Ava, en uno de sus desesperados intentos por obtener su atención, intentando sentarse en el regazo de su marido, justo en el día de su cumpleaños, dos meses atrás.

—Tengo mucho trabajo. No te sientes sobre mí como si estuvieras en tu casa. Aquí hay cosas importantes que puedes romper o tirar —le recriminó, empujándola para levantarla de sus piernas, hasta casi tirarla—. Busca algo que hacer. No vengas a molestarme».

Ava se sintió molesta, pero aquella noche, había visto sobre los estantes, todas las fotos de él y Anne cuando fueron novios.

Tres años atrás, Anthony amaba a Anne, pero cuando su padre estaba en su lecho de muerte, le pidió que se casara con Ava, no con Anne. Dejó su fortuna a Anthony a cambio de su boda con ella y la procreación de un hijo en los próximos cinco años.

Faltaban dos años para que el plazo se cumpliera. De lo contrario, la fortuna quedaría a nombre del tío de Anthony, aunque ella no lo conocía.

El padre de Anthony dejó claro que no aceptaría a nadie más como esposa de su unigénito y él cumplió la voluntad a pesar de que no quería hacerlo y de que eso valió para que Ava se ganara el desprecio de su marido.

Anne se casó antes que ellos, con un hombre rico. Dijo que lo hacía resignada, pero Ava sabía que no, que se casó por ambición, por la fortuna de su esposo y que lo tenía planeado desde hacía mucho. Anne buscó al hombre que le diera más dinero y ese no era Anthony.

Su marido era tan mayor que Anne enviudó un año atrás y desde entonces se había mudado lejos de la ciudad, en el campo en la montaña de Texas, donde su esposo tenía la mayoría de sus negocios.

Para Ava, la ausencia de su hermana fue un respiro, pero no del todo. El primer año de su matrimonio, ella y Anthony tuvieron sexo continuamente, siempre con el objetivo de procrear el ansiado heredero; sin embargo, su embarazo no culminó como esperaban.

Ese hijo no nació luego de que lo perdiera y pronto comenzaron las culpas. El segundo año, la llamó frígida, todo el tiempo. La culpó por no lograr un nuevo embarazo.

Y las pocas veces que tuvieron intimidad, él la llamaba «Anne» durante al acto. Pensaba en su hermana mientras le hacía el amor a ella y quizás, la pensaba tanto que solía terminar rápido, siempre follándola con ardor, casi con rabia, logrando orgasmos ruidosos, pero solo para él.

Ella nunca tuvo un orgasmo.

En el último año, apenas la había tocado un par de veces. Viendo lo que pasó esa noche, entendió por qué: su marido se estaba follando a Anne y ella se sintió una intrusa en la relación, incluso se sintió la tercera en discordia.

A su memoria llegó el recuerdo de la noche de su compromiso. Las duras palabras de Anthony.

«—Me casaré contigo porque así lo quiso mi padre —aclaró con una dureza que le hizo sentir miserable—. Espero que estés contenta. Con esa cara de mustia hiciste que te eligiera. Lo pusiste en contra de Anne. La odias tanto que has querido quedarte con todo lo que ella tiene, maldita. Tendrás al hombre que ama tu hermana, pero te prometo, que vivirás un infierno a mi lado».

Las palabras de su marido aún resonaban en su cabeza. Le seguían doliendo mucho.

Aunado a eso, su hermana fue tan cínica que después del brindis se acercó a ella y le sonrió con actitud ganadora.

—Querida hermana, eres tan ingenua —dijo Anne y sonrió, burlándose de ella—. Sabes que se casa contigo porque no le queda de otra, pero me ama a mí, me amará siempre y basta con que lo llame para que eche la ciudad abajo y venga corriendo a mis brazos.

Ava sintió tanto dolor al escucharla, pero se guardó cualquier comentario. Le dolió.

Su hermana era el amor de Anthony y la estaca clavada en el corazón de Ava; sin embargo, aunque sabía que su ahora esposo estaba enamorado de Anne, ella lo amaba tanto que no podía dejarlo ir.

La noche de su compromiso. Anthony se fue con Anne y ella le envió fotos de ambos retozando en la suite de ese mismo hotel, ahí donde la familia de Ava había elegido para festejar el compromiso.

La joven sintió su corazón romperse. Ya no recordaba la cantidad de veces que el crujido de la ruptura le había aquejado, pero esa noche, en medio de todo el dolor que sentía, quiso vengarse.

Quiso hacerlo porque mientras ella mentía a todos los invitados diciéndoles que su prometido estaba un poco indispuesto y tuvo que recostarse, Anthony estaba follándose a Anne justo diez pisos arriba del salón donde minutos antes estuvieron comprometiéndose y brindando.

La rabia que la invadió fue tal que terminó yendo hacia la recepción para preguntar cuál era la habitación en la que Anthony estaba.

Amenazó con hacer un escándalo monumental, tan fuerte que la pobre recepcionista tuvo que ceder y buscar en los registros.

—Es la suite 1086 —había dicho, con un semblante avergonzado.

Pudo escuchar los murmullos del personal. Sabía que muchos de ellos estaban al tanto de que se llevaba a cabo un compromiso y también debieron ver al novio subir a un cuarto con otra mujer. No era tan difícil saber lo que pasaría.

Ignoró la humillación y subió al ascensor.

Al hacerlo, encontró a un hombre dentro. Llevaba un esmoquin perfecto y no debía tener más de treinta y cinco.

La miró de arriba abajo.

—¿A qué piso? —preguntó con una profunda voz, casi orgásmica.

—Al décimo —respondió y se fue al fondo del ascensor, donde la mirada ardiente y acerada del hombre, la persiguió.

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