Capítulo 3 Capítulo 3
Ava sonrió recordando lo que había pasado la noche de su compromiso. Lo amarga que fue al principio y lo bien que se sintió al terminar la velada.
El desconocido del ascensor la miró durante todo el camino.
—¿Le recuerdo a alguien? —preguntó la joven al sentir el escrutinio y él esbozó una sonrisa en respuesta.
—¿Te hospedas aquí? —cuestionó y ella negó de forma apresurada.
—Ahora responde.
—No, solo me pareces atractiva —confesó el sujeto, con todo el cinismo, pero que logró el objetivo, romper el hielo con la mujer.
Ava se giró hacia el frente, ignorando lo que le dijo el hombre, quien para hacerla sentir más incómoda, no le quitó la vista de encima.
—Estoy en la habitación 1186 —murmuró el extraño, cuando el ascensor paró en el piso diez—. Puedes subir si te apetece charlar un rato.
Ava salió del elevador y las puertas se cerraron mientras veía al hombre sonreír.
Escuchó el pitido de inicio y el ascensor partió, mientras ella permaneció de pie durante unos segundos, sin saber cómo tomarse aquello.
Carraspeó y se giró para ir a la habitación de su prometido.
Al ver el número de habitación, quiso echar la puerta abajo y armar un escándalo; sin embargo, no se atrevió.
Fue tan cobarde que solo permaneció de pie afuera y sintió morirse cuando escuchó las risas de Anne. Podía oír el resonar de los besos y la risa de Anthony.
Colocó su mano en el pestillo, y giró la perilla. Esta dio vuelta, abriéndose.
Supuso entonces que su hermana sabía que llegaría y dejó la puerta sin seguro.
Abrió y lo primero que observó fue a Anne abierta de piernas con Anthony enterrando la cara en su sexo.
Anne le sonrió victoriosa. Gimió y le dio un guiño mientras le decía a Anthony lo bien que se sentía.
Colocó una mano en la cabeza del hombre y chilló exagerada para provocarla.
Él, ajeno a todo, subió una de sus manos y apretó el seno desnudo de Anne. Le dijo mi amor en medio de besos y chapoteos.
Ava se limpió las lágrimas y aunque quiso lanzarse sobre ellos, arrancarle los ojos a su hermana y matar a su prometido, calló.
Calló y cerró la puerta, sintiéndose no solo una intrusa, sino también una estúpida.
Volvió al ascensor, envuelta en llanto y bajó hasta el piso uno, ahí donde se llevaba a cabo la velada de compromiso.
Se adentró al salón y vio a todas las personas murmurar, reír, conversar como si no pasara nada.
Se sintió aún más miserable y terminó por lanzar un grito tan estruendoso que atrajo la atención de todos.
La música se detuvo de golpe y todas las miradas recayeron en ella, quien se acercó al escenario, tomó una copa y luego de sonreír como desquiciada, lanzó contra la pared, estrellándola.
—¡Disfruten la fiesta! —gritó antes de soltarse a llorar.
Su madre se acercó y se disculpó diciendo que estaba tan feliz que se le habían pasado las copas.
Reanimó la velada y la arrastró hasta un cubículo donde la increpó.
—¿Qué se supone que haces? —preguntó la mujer mientras su esposo intentaba mantener el control de los invitados.
—Anthony está en una habitación de hotel, follándose a una zorra —dijo con altivez—. No pasa nada.
—¿Y qué? —cuestionó su madre.
Ava frunció el ceño. Incapaz de creer que su madre le estuviese diciendo aquello.
—¿De qué hablas? —preguntó, confundida.
—Todos los hombres son infieles, querida, ¿por qué te sorprendes? —inquirió su madre, con un deje de sumisión que la enfermó.
—Bueno, mi novio me es infiel con mi hermana —confesó Ava, esperando comprensión, pero todo lo que obtuvo de su madre fue un suspiro.
—No es como que haya diferencia —aseguró y se encogió de hombros—. Tu novio era el novio de ella. Técnicamente tú te metiste en su relación.
—Bien sabes que no es así —añadió furiosa, sin poder creer que su madre estuviese de parte de su hermana—. Anne eligió casarse con otro mucho antes de que el padre de Anthony eligiera casar a su hijo conmigo.
—Qué importa, vas a casarte con Anthony y si no fuera por la herencia nos opondríamos —replicó la madre con un cinismo que la enervó—. Haz tu parte y dale un hijo. Es todo lo que tienes que hacer.
—¿Cómo puedes decirme eso? —inquirió furiosa—. ¡Mamá!
—¡Ya basta! —La bofetada que le dio su madre la silenció—. No eres una niña, Ava. Aprende a que en la vida se gana o se pierde, pero siempre tienes que obtener al menos algo de provecho. Asegurarás tu futuro con ese hijo y traerás abundancia a la familia, es todo lo que debe importarte. Ahora vuelve a tu fiesta, sonriente.
—No puedo creerlo —murmuró.
—Tampoco yo, así que calla y vuelve, finge que no pasa nada —dijo su molesta madre—. Ve, ve. Sonríe y recuerda. Las mujeres que sobresalen cierran la boca. Ve allá, humilde y penitente.
—Humilde y penitente —repitió Ava mientras caminaba a la salida, pero en lugar de volver al salón de su fiesta de compromiso, caminó a través del vestíbulo del hotel para ir al piso once, específicamente a la habitación 1186.
