Capítulo 5 Capítulo 5
🍃AVA🍂
Sus traviesos dedos se deslizaron firmes entre mis pliegues, recorriéndome, empapándose de mis fluidos para luego esparcirlos por toda la hendidura.
Movió sus dedos en círculos, apoyó sus nudillos con suavidad y me sacó gemidos lastimeros que apenas pude contener.
Pensé que tal vez, me escucharían en la habitación de abajo. Quizás en el fondo era lo que deseaba, que Anthony supiera que no era el único, que yo podía ser para otro.
Salí de mis pensamientos cuando sentí su lengua lamer con desesperó, cuando la sentí juguetear sobre mi clítoris, toda vez que sus dedos se adentraban cada vez más profundo dentro de mí.
—Me gusta tenerte así —murmuró con descaro mientras empujaba sus dedos en mi interior y una ligera incomodidad me recorría ante la punzada de dolor—. Eres una mujer muy caliente y dispuesta. —Me besó, dejando que sus labios me dejaran probar mi propio sabor—. Me tienes tan duro.
Me penetró con fuerza, sus dedos entraron con destreza en mi coño.
Estaba resbaladiza, caliente y encharcada, no solo por sus palabras, sino porque el hombre sabía lo que hacía. Ese sujeto sabía cómo complacer a una mujer y no lo escondía; al contrario, lo presumía como si fuese una medalla.
Mi vientre estaba tenso, las paredes de mi sexo se contraían alrededor de sus dedos y mi clítoris pulsaba de placer.
Él sabía que yo estaba a punto y me llevó hacia la cama. Se subió, se sentó con la respalda recargada en el cabezal y abrió las piernas, dejando claro lo que deseaba.
El pánico me invadió ante la inexperiencia.
—Nunca lo he hecho —confesé, hablando por primera vez y con un tono mesurado, inclusive avergonzado.
Escuché su risa incrédula.
—¿No quieres mamarla? —cuestionó soez y por un instante me removí. Una sensación extraña me recorrió. No supe si de incomodidad o de placer al escucharlo hablarme así, sin filtros.
No iba a negar que escucharlo hablarme de esa manera, me hacía sentir como una mujer y no como un bulto, tal como me hacía sentir todo mundo.
—No es eso —respondí sincera, mientras me observaba atenta—. De verdad nunca lo he hecho. No he tenido sexo jamás.
Frunció el ceño y en sus ojos brilló algo que no pude definir.
—¿Dices que eres virgen? —preguntó incrédulo y no tuve de otra que asentir—. ¿Por qué una virgen vendría con el lobo?
—Tal vez porque desea dejar de ser virgen —respondí, dejándome llevar por la excitación—, y qué mejor que un lobo experimentado.
Me acerqué a él y lo tomé del rostro, intentando distraerlo. Lo besé y paseé mi lengua por todo su labio, inclusive por su mentón cubierto por la perfecta y bien recortada barba.
»Tal vez nunca se la he chupado a nadie, pero supongo que puedes enseñarme —musité sobre su oído, sintiendo cómo sus manos se aferraban a mi cintura—. Tal vez quieras ser el primero que me coge la boca. El primero que me folla el coño, el primero en todo.
Sentí sus manos apretarse a mi cintura un poco más y sonreí sabiendo que estaba logrando mi cometido.
—Hablando así, no pareces tan virgen —dijo con ese aire seductor que empezaba a provocar espasmos en mi coño.
—Tal vez —repetí divertida, montándome sobre él a horcajadas—. Ya sabes lo que dicen, Santa en la mesa, zorra en la cama. Como sea, quizás, puedas usarme de todas las formas que te dé la gana.
Sonrió divertido y asintió.
—Ten por seguro que lo haré —dijo con seguridad. Me cogió del cabello y tiró de mi cabeza hacia atrás, sosteniendo mi pelo en un agarre fuerte, sometiéndome—. No dejaré que te vayas de está habitación así porque sí. Ten por seguro que vas a salir de aquí bien follada. Si eres virgen, saldrás de aquí hecha una puta.
Apreté las piernas al escucharlo. Sus dichos resonaban como una promesa y provocaban espasmos en mi coño.
Lo abracé por el cuello y me incliné para besarlo en los labios.
—Entonces no te tardes —murmuré entre beso y beso, paseando mi lengua por sus labios—. Te quiero dentro de mí. Quiero verte desnudo, sentir tu piel y quiero esto dentro de mí. —Mis manos se apoyaron en su endurecido falo por encima de la tela.
Lo desmonté, solo para verlo quitarse la ropa de forma apresurada.
Me sentí aún más excitada cuando vi los tatuajes sobre su bronceada piel. Lo hacían ver más rudo.
Tenía un dragón tatuado por toda la espina, infinidad de tatuajes pequeños por el pecho, los costados y en los antebrazos.
No lo había notado hasta entonces debido a que la camisa cubría la mayor parte de sus brazos, incluso arremangadas, pero al verlo, no pude evitar sentir una extraña presión. Sin duda ese tipo era un hombre muy atractivo.
Finalmente se quitó el pantalón, la ropa interior y dejó al descubierto su cuerpo completo.
Observé entonces su endurecido falo. Tenía un piercing en la punta, un pequeño aro que deslumbraba y que además, provocaba una inquietud que apenas podía disimular.
Me tomó de la mano, arrastrándome hasta la cama. Se subió y me hizo montarlo de nuevo.
Obedecí, sintiendo su ardiente piel rozar la mía.
Paseé mis manos por sus hombros, jugué con el vello de su pecho y me incliné para besarlo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó mientras paseaba su lengua por mis labios.
—¿Acaso importa? —refuté, curiosa, provocándole una sonrisa.
—Me gusta saber a quién me voy a follar —dijo con una sinceridad aplastante—. Uno nunca sabe, tal vez no nos volvamos a ver, o tal vez sí. Al menos espero saber tu nombre.
Sonreí y suspiré.
—Ava, me llamo Ava —respondí con sinceridad mientras él me observaba con atención—. ¿Y tú? ¿Tienes un nombre?
—Bruce —replicó de forma tajante—. Mi nombre es Bruce.
Le observé, el nombre le sentaba bien. Era sobrio y corto.
Sonreí, y al mismo tiempo, paseé mis manos sobre sus anchos hombros y recorrí su piel hasta llegar a sus manos. Las levanté y las coloqué sobre el cabecero, sosteniéndolas con las mías.
Me contoneé sobre su regazo, frotando mi coño sobre su verga, empapándola con mi humedad, masturbándolo rápido.
Pude verlo tensar la mandíbula e intentar quitar sus manos de mi agarre. Podía hacerlo fácilmente, pero era evidente que el juego le gustaba.
Disfrutaba la caza, era evidente y en ese momento, yo era su presa.
Me sentí una zorra estando sobre él, pero no se sintió mal; al contrario, para mí fue un despertar. Nunca me había imaginado como una mujer lasciva, capaz de frotar su coño contra una verga endurecida.
Aquello era la gloria para mí. Se sentía tan bien que no podía parar y menos cuando escuchaba sus gruñidos y maldiciones pidiéndome que siguiera.
Mientras lo masturbaba, contoneándome sobre él, lo besé. Recorrí con la punta de mi lengua todo su mentón hasta llegar al lóbulo de su oreja.
En aquel instante, todo lo que quería era mostrarme a mí misma que podía castigar a Anthony, pagándole con la misma moneda, aunque en el fondo de mí, también sabía que poco le importaría si se enterara.
