Capítulo 3 DESAFÍO

Rhett nunca corría.

Era una regla no escrita entre los lobos: el Alfa podía correr, el Beta podía correr, pero Rhett… Rhett siempre caminaba. Siempre controlaba cada paso, cada respiración, cada gesto.

Aquella noche lo hizo.

—¡Sube!

Nadia apenas alcanzó a cerrar la puerta del departamento antes de que él arrancara la camioneta con un rugido violento del motor. Las ruedas chirriaron contra el asfalto húmedo y el vehículo salió disparado hacia la carretera.

Durante varios segundos ninguno habló.

El silencio era pesado, cargado de algo que Nadia no lograba nombrar, pero que le oprimía el pecho.

Solo cuando dejaron atrás las últimas calles iluminadas, Rhett golpeó el volante con fuerza.

—No debía pasar tan pronto.

Nadia giró hacia él, el corazón acelerado.

—¿Quién lo desafió?

—Brenner.

El nombre tardó un segundo en asentarse en su memoria.

Beta del territorio occidental.

Treinta y dos años.

Ambicioso.

Violento.

Había perdido dos veces contra Kael… y ambas derrotas habían sido humillantes.

—¿Por qué ahora? —preguntó Nadia, aunque en el fondo ya intuía la respuesta.

Rhett soltó una risa amarga, sin humor.

—Porque los lobos huelen la sangre antes que nadie.

Nadia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

No hablaba de sangre literal.

Hablaba de debilidad.

El claro ceremonial estaba lleno.

Demasiado lleno.

Más de cien miembros de la manada rodeaban el círculo de piedra, formando un anillo compacto de cuerpos tensos y miradas expectantes. El aire estaba cargado de electricidad, de anticipación… y de algo más oscuro.

Nadia sintió decenas de ojos clavarse sobre ella en cuanto descendió de la camioneta.

Cinco años antes, aquellas mismas personas habían presenciado su humillación.

Habían visto cómo el Alfa la rechazaba.

Habían escuchado el silencio que siguió.

Ahora la observaban como si fuera un presagio.

Como si su sola presencia anunciara una tragedia inevitable.

En el centro del círculo estaba Kael.

Su camisa blanca tenía el cuello abierto, las mangas arremangadas hasta los codos. No llevaba armas.

No las necesitaba.

O, al menos, antes no las necesitaba.

Frente a él esperaba Brenner.

Sonreía.

Eso inquietó a Nadia más que cualquier otra cosa.

Los hombres seguros de vencer siempre sonreían antes de empezar.

—Llegas tarde.

Kael no apartó la vista de su rival cuando habló.

Nadia avanzó hasta quedar a pocos pasos del círculo, ignorando los murmullos que crecían a su alrededor.

—¿De verdad piensas pelear?

—No tengo elección.

—Sí la tienes.

Ahora sí la miró.

Y, durante un instante, Nadia descubrió algo que jamás había visto en sus ojos.

Cansancio.

No físico.

Algo más profundo.

Algo que parecía haber echado raíces en su alma.

—Si rechazo el desafío… —Kael desvió la vista hacia la multitud— la manada entenderá que ya no puedo protegerla.

Nadia recorrió el círculo con la mirada.

Los ancianos permanecían inmóviles.

Los guerreros observaban en silencio.

Nadie iba a detener aquello.

Nadie quería hacerlo.

Brenner dio un paso adelante, rompiendo la tensión.

—¿Terminaste de despedirte?

Kael no respondió.

—Es una pena —continuó el beta, ladeando la cabeza—. Siempre imaginé que necesitaría años para derribarte.

Sus ojos se deslizaron hacia Nadia.

Sonrió.

—Nunca pensé que bastaría una mujer.

Un murmullo recorrió la multitud como una ola.

Nadia sintió cómo la rabia le subía por el pecho, caliente, abrasadora.

Brenner volvió a hablar, disfrutando cada segundo.

—¿Sabes qué dicen todos?

Señaló a Kael con el mentón.

—Que cada vez que ella dice “no”, tú te vuelves un poco menos Alfa.

El silencio fue absoluto.

Así que ya lo sabían.

El rumor había escapado.

La debilidad de Kael ya no era un secreto.

El combate comenzó sin aviso.

Brenner atacó primero.

Era rápido.

Mucho más de lo que Nadia esperaba.

Kael esquivó el primer golpe.

El segundo.

El tercero.

Sus movimientos seguían siendo precisos, calculados… pero Nadia notó algo que le heló la sangre.

Cinco años atrás…

Kael habría desaparecido de la vista.

Habría sido imposible seguirlo.

Ahora debía pensar cada movimiento.

Anticipar.

Reaccionar.

Seguía siendo mejor.

Pero ya no parecía invencible.

Brenner también lo había notado.

Sonrió otra vez.

Golpeó con más fuerza, con más agresividad.

Kael respondió con un puñetazo directo al estómago.

El impacto fue brutal.

El beta retrocedió varios metros, doblándose por el golpe.

La multitud rugió.

Durante un instante, Nadia creyó que todo terminaría allí.

Que Kael aún tenía el control.

Entonces ocurrió.

Kael intentó transformarse.

Su cuerpo respondió… apenas a medias.

Los huesos comenzaron a cambiar.

Se detuvieron.

El sonido seco del proceso incompleto resonó en el claro.

El dolor cruzó su rostro como un relámpago.

Brenner no desperdició la oportunidad.

Se lanzó hacia adelante y lo golpeó de lleno.

Kael cayó de rodillas.

Un grito escapó entre la multitud.

Nadia dio un paso adelante por puro impulso.

Rhett la sujetó del brazo con fuerza.

—No.

—¡Lo va a matar!

—Si entras…

Todo el círculo giró hacia ella.

Rhett bajó la voz, urgente.

—…el desafío se convertirá en una guerra de vínculo.

Nadia dejó de respirar.

Sabía lo que eso significaba.

Y sabía que sería peor.

Kael escupió sangre.

Brenner caminó lentamente hacia él, saboreando la victoria.

—Terminó.

Levantó el brazo.

El golpe final.

La multitud guardó silencio.

Nadia sintió el mismo vacío que cinco años atrás.

Otra vez estaba viendo cómo destruían algo delante de todos.

Otra vez nadie hacía nada.

Otra vez ella estaba paralizada.

Sus labios se abrieron antes de que pudiera detenerse.

—¡No!

La palabra atravesó el claro como un disparo.

Todos la escucharon.

Kael también.

El vínculo respondió.

Pero no como Nadia esperaba.

No fue Kael quien se debilitó.

No fue él quien perdió algo.

Fue ella.

Un dolor agudo le atravesó el pecho.

Como si algo invisible hubiera tirado de su corazón con violencia.

Se dobló sobre sí misma.

El aire desapareció de sus pulmones.

El mundo se volvió borroso.

Rhett la sostuvo antes de que cayera al suelo.

—¿Qué demonios…?

Kael levantó la cabeza.

La miró horrorizado.

No por Brenner.

Por ella.

—No… —susurró, con la voz rota—. No era así…

La expresión de Rhett cambió de golpe.

Era miedo.

Miedo auténtico.

—El vínculo evolucionó…

Nadia apenas podía respirar.

Sentía el corazón latiendo demasiado rápido.

Demasiado fuerte.

Demasiado cerca del de Kael.

Como si ambos latidos se hubieran sincronizado de una forma peligrosa.

Y entonces lo comprendió.

Hasta ese momento…

Solo él había pagado el precio.

Cada rechazo.

Cada “no”.

Cada distancia.

Todo había recaído sobre Kael.

Eso acababa de cambiar.

La siguiente negativa ya no destruiría únicamente al Alfa.

También empezaría a destruirla a ella.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo